mercredi 30 septembre 2009

Cataluña en Santa Clara

Apenas yo caminaba cuando demolieron el Hotel Cataluña, y siento no haber gateado hasta él para verlo antes de su desplome. Como tantos otros inmuebles vecinos, fue manigual, solar mercedado y primero que nada, casa de familia, que no vaciló en abrir comercio por el buen sitio en que se habían instalado, justo a dos pasos de la plaza Mayor. La parroquial Mayor le hizo sombra al edificio, pero no era la construcción vecina del frente. Vale recordar que la iglesia se construyó entre dos solares, uno de ellos mercedado a Gaspar Bermúdez. El inmueble frente al Cataluña, era un comercio de una planta con grandes puertas, tres de las cuales daban al oeste. Con el proyecto de demolición llevado a cabo en 1923, el edificio colonial, de líneas modestas, se desnudó a los ojos de todos los que acudían a la plaza. Cuarenta y dos años después, correría la misma suerte que la parroquial, a diferencia que el Padre Conyedo no vio su obra venirse abajo a mandarriazos, cosa que pudo ver el propietario del hotel, que no soportó aquel descalabro, y como su edificio, se desplomó para siempre ante el desamparo. El edificio que nos detiene, decíamos que fue de líneas modestas y que así se mantuvo mucho tiempo después de la renovación del parque llevada a cabo por Méndez Peñate, y conocida como « parque republicano ». La fachada del hotel estaba a nivel con los dos inmuebles con los que lindaba. Santa Clara no escapó a integrarse a las nuevas formas arquitecturales. Y en la rehabilitación ejecutada en los años 40’, la fachada del hotel quedó atrapada en la corriente del art déco, adecuando su fachada tradicional al nuevo estilo surgido con la Exposición Internacional de artes decorativas de Paris en 1925. Evidentemente, el estilo constructivo y quizás limitaciones en el costo de la obra, no dieron cabida a la pertinencia de corredores con arcadas, si tenemos en cuenta que ya estaba construido el neoclásico edificio del Instituto, y el edificio de la esquina había crecido con un portal limitado. Una puerta central daba acceso al hotel, al que pertenecían las dos ventanas de la derecha, y a la izquierda, dos grandes puertas permitían el acceso a « La Nueva Cubana » (Parque Vidal N° 15 y el antiguo número de teléfono para los nostálgicos era el 2355), una refinada cafetería y confitería, renombrada por la preparación de fiestas de cumpleaños, bautizos, despedidas de solteros y matrimonios.
 
Tras la epopeya revolucionaria, poco duró en pie el hotel-cafetería, cuyo nombre evocaba el recuerdo de una tierra dejada atrás buscando nuevos horizontes : Cataluña. En el espacio que dejó el edificio fue construído un inmueble a base de columnas de hormigón armado, que fueron fundidas in situ, y vigas prefabricadas voladizas emergiendo de la terraza situada en la planta alta, y coronadas por jardineras de cemento. A la terraza se accede por una escalera también prefabricada, con los pasos en granito, pegada al muro lateral del Instituto.. El salón de la planta baja es abierto, y en ambos niveles, el local de preparación está al fondo del local. Los empleados recuperan los pedidos en el mostrador que hace función de separación. Dos entradas tiene el inmueble que fue bautizado « Los Paragüitas Soda INIT (1)» (me pregunto si inicialmente hubo sombrillas en la terraza, de ahí que se llame « los paragûitas » !), una a la planta baja y otra que da acceso a la escalera. Siendo de poca talla la construcción, el sitio no está desprovisto de canteros y jardineras, tanto en la terraza como en los bajos, protegidos por una baranda de madera sobre esqueléticas columnitas de hierro. El toque verde ayuda a colorear la fealdad del edificio, que como mosca en la leche, nada tiene que ver en el perímetro urbano del parque. Y hablando de armonía, observen las tres farolas integradas al conjunto prefabricado. Se me parecen a las farolas que tuvo la plaza cuando el reordenamiento de finales del XIX. Póngase a pensar, dónde estarían mejor ? Y a propósito de la jardinería, no logro comprender cómo ésta se degenera de un año a otro, en un país cuyo sol y humedad son ingredientes capaces de ver crecer lujuriosos jardines en las ciudades (observe los canteros de las fotos contemporáneas).
  
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(1)INIT : siglas del Instituto Nacional de la Industria Turística, creado para la conservación de los recursos turísticos por la Ley N° 636 de 20 de noviembre de 1959.

lundi 28 septembre 2009

Parque esquina a Colón


De la librería « Pepe Medina », -donde la poeta y escritora santaclareña Bertha Caluff (el apellido es un sello distintivo de sus origenes libaneses) ameniza el espacio mensual « Volviendo a brotes » , cruzamos a la acera del frente, y entramos en el cuartón sur de los inmuebles que rodean al parque Vidal. Solar mercedado en los albores de la fundación, pasó rápidamente de inmueble familiar a local comercial, con cinco grandes puertas que abrían al imponente muro lateral de la parroquial Mayor, y entre cuatro y cinco puertas dando a la calle Colón. Al desaparecer la mole de ladrillos rojos pensada y levantada por el Padre Conyedo, la esquina comenzó a sentir la importancia de su sitio, y el caserón colonial, hermoseó su fachada e integró un soportal en el espacio de sus tres puertas centrales, sostenido por cuatro columnas estriadas imitando el orden jónico, las dos centrales descubiertas y las dos de los extremos adosadas a sendas columnatas cuadradas, principales sostenes del techo. La puerta más occidental (única que mantuvo hasta hace poco algo del viejo caserón colonial) daba acceso a un local bastante oscuro en el que vendían prensa, es decir, al entrar chocabas con un mostrador, y en las paredes se aglomeraban colgados sobre cordeles, afiches, periódicos y revistas. Hoy no sé a que sirve ese local.
La peletería (El Edén ?), un comercio típico de los años cuarenta, ocupaba el centro del inmueble, con sus escaparates exteriores en cuyos espejos interiores las muchachas se miraban el peinado y se aplicaban un poco más de lápiz labial antes de cruzar al parque… Y en la misma esquina, el mostrador, -porque a eso no puede llamársele otra cosa que mostrador- de granito con huequitos que acumulaban la humedad del trapo que se le pasaba, y que le otorgaba un olor penetrante que atraía a las moscas. De ahí, y por la comunidad de insectos alados que revoloteaban las veinticuatro horas, la esquina fue bautizada « el mosquero », que muchos preferían « al palacio de las moscas ».
En esa esquina podían comprarse cigarros fuertes y ligeros, tabacos al detalle y hasta fósforos, aquellas cajitas cuya lija nunca servía, pero el fuerte de la venta, era la tacita de café a diez centavos, que a medida que fueron perdiendo asas y bordes fueron reemplazadas por vasos de cristal transparente, que en lugar de café, iban hasta la mitad de una zambumbia cerealera. Café mezclado ? El sitio, renombrado por las moscas lo era también por la rapidez y calidad del fregado de los vasos. No habiendo siempre agua corriente, habían dos pailas, una oon agua y detergente, la otra para el enjuague, siempre turbia por las trazas de detergente. Los vasos soportaban una cadena sin descanso, eran zambullidos en la primera paila, luego en la segunda y así mojaditos -era casi preferible que verlos secar con el paño (trapo ?)- con el cual a veces lo hacían, y de nuevo servidos con la zambumbia, o la infusión que estuviera de moda, y a los labios de la clientela ! Ese ajetreo en serie le otorgó un nuevo apelativo a la esquina. La « babita » atraía a todos los pasantes, temporales e intemporales del parque vidal. Los noctámbulos, los de después de la medianoche, los que perdían la última guagua para la universidad, reclutas perdidos a la caza de un cigarro, los perennes trastornados de la ciudad, los dolientes que venían desde la funeraria, los viejos madrugadores, los que esperaban el transporte obrero o el camión que los llevaría a recoger papas al Yabú ! Desde mucho tiempo antes, las puertas dando a Colón, fueron dando acceso a pequeños comercios de tejidos, calzado, quincallería, y hacia el final de siglo, en una de ellas fue instalado un « sector » de la policía… El mostrador, duro como el granito, sigue viendo el constante pasar hacia y desde el parque, menos impresionante en olores, ahora opacado por los los vendedores de flores que ocupan la calle frente al inmueble de marras ; el edén del calzado dio paso a un café literario al que tuve intenciones de entrar cuando la feria del libro, cosa que por alguna razón no hice. En todo caso, cabe preguntarse, cómo fue posible que en la rehabilitación de la fachada que dio paso al café literario, no tuvieran en cuenta una restauración más consecuente de la esquina. Miren las fotos y quizás me darán razón, qué hacen esas puertas de aluminio y vidrios que nada tienen que ver con el entorno ? Una verdadera agresión del paisaje urbano que salta a la vista, irremediablemente.
  
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samedi 26 septembre 2009

Esquinas de SC (Colón & Gloria)

Fue una de los primeros solares mercedados en la villa, casi al mismo tiempo en que fue ajustado el lote donde se levantaría la parroquial. Los propietarios construyeron un casa enorme de tabla de palma y techo de guano, y al desarrollarse el tejar mandado a construir por el Padre Conyedo, la casa fue rehabilitada. Sin embargo, era húmeda y sombría, opacada por el edificio de la parroquial. Hacia finales del XIX, una nueva remodelación le otorgó un segundo nivel con ventanas y balcones. En la década del veinte, luego de haber sido demolida la parroquial, los propietarios emprendieron trabajos y rehabilitaron todo el inmueble. Viviendas en los altos con dos entradas, una por Colón (por esta se accede actualmente a la vivienda que arrienda habitación en moneda dura) y la otra por Gloria, y la planta baja mantuvo su carácter comercial (librería, papelería y periódicos) con puertas muy amplias, protegidas por toldos a rayas, pues a la desaparición de la Mayor, el sol del mediodía daba sobre toda la fachada que da a Colón.
Se llamó « El Artesano » y ahora es « El Nuevo Artesano », un restaurant de « comidas criollas » de categoría indefinible, y que yo estaba convencido que era una fonda o comedor de trabajadores de las empresas y oficinas del centro. Tengo una vaga idea de cuando fue una cafetería tipo « sírvase usted », al final de los 70’, y me pregunto si entonces se llamaba « Qué bien ». Menos vago es el recuerdo de los panes con cocreta que vendían, un panecillo seco con una croqueta de « carne de embutido », que se pegaba al cielo de la boca, y trabajo costaba que descendiera, pues no siempre había la guachipupa de fresa, también conocida como « líquido de freno » cuando en vez de roja era de color ámbar con cierto parecido a la materva, pero cuidado, ni remotamente ! Ni el « Qué Bien » ni « El Nuevo Artesano » ni la librería « Pepe Medina » gozan hoy de la frescura de los toldos. La fachada, pintada por los ocupantes a su libre elección, no da espacio a los anuncios de Cinzano (l’abus d’alcool est dangereux pour la santé !), y de la legendaria Bohemia. Salvo las puertas de la librería, las otras fueron reemplazadas por ventanas tropicalizadas, y pocos quedan de los vidrios de opalina verdes veteados que integraban las lucetas. No me queda otra cosa qué hacer que ponerles algunas imágenes del inmueble que da inicio a la santaclareña calle de Colón.
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Esquinas de SC (Parque & Gloria)


Fue la esquina más secreta de Santa Clara casi desde la fundación de la villa. Digo secreta, pero podría decir menos vista por aquellos que acudían a la plaza, porque el cuerpo posterior de la parroquial Mayor terminaba justo en la fachada principal del edificio. Desde entonces, por espacio de ciento ochenta y cinco años, la esquina estuvo al abrigo de cuanta manifestación se desarrollara en el perímetro de la plaza. La esquina ocupa el solar en el que fue levantada la primera casa de dos plantas, terminada cuatro años antes que la propia iglesia, por el sargento Agustín de Fleites. La casa era propiedad del capitán Antonio de Veitía, cuyos padres, Juan y Dionisia fueron fundadores de la villa. Este inmueble no siempre lindó con el palacio provincial. Antes de ser construido el edificio administrativo, entre ambos existió una casona primitiva, que hubo de levantar paredes de mampostería y tejado, pero sin ningún encanto. Esa casona era mitad vivienda mitad comercio, y siempre tuvo toldos de lona color arena, que iban del techo al suelo sin ninguna inclinación. La dicha propiedad fue comprada por la municipalidad con el objetivo de aumentar el volumen de fachada y terreno que necesitaba el futuro edificio del gobierno provincial. Volvamos al edificio. La planta alta, tiene ocho puertas con sus respectivos balcones, de los cuales, cinco dan al parque y tres a la calle Gloria. Confieso que nunca he sabido qué alberga, si oficinas, -lo más probable-, o vivienda y oficinas. La planta baja, si la memoria no me engaña, cuando yo era muchacho era un comercio, y recuerdo su lumínico de neón que mostraba una piedra amarilla, evidentemente, como el nombre de la tienda, « El Topacio ». El Topacio dejó de brillar un día, y la tienda grande se dividió en tres locales : por la puerta de la izquierda se entra a una minúscula quinquallita (1) de la cadena TRD, llena de pacotilla y productos de bazar, de séptima calidad ! Las dos puertas que le siguen, una se mantiene cerrada y la otra es la entrada a una fonda (2) o comedor de trabajadores (si alguien sabe lo contrario, me dice por favor !) ; y en la esquina misma está instalada una tienda (3) « imagen y sonido » que vende productos de informática y accesorios de buró, y también « chucherías », por supuesto, todo como en la TRD, en pesos convertibles…

lundi 21 septembre 2009

El patio central de la biblioteca (BPJM)

Yo, como otros amigos y lectores, estoy ansioso por seguir dándole la vuelta al parque, y por ende a sus inmuebles, pero sería injusto, no compartir la tranquilidad del patio de la biblioteca, lo que nos permitirá quitar el edificio por, yo no diría la puerta, porque es más que eso, por el pórtico en arcada que da a la calle del Buenviaje, ornado de dos columnas exteriores y protegido por la verja en hierro forjado. Desde el patio se accede a muchas piezas del edificio, a él da la antigua Cámara de Sesiones, que respira y gana luz por las cuatro grandes puertas al exterior, y la galería que une la Sala de Lectura con las estancias del fondo. Entre las columnas de la galería, jardineras cuyo estilo marcaron una época, ayudan al aislamiento de los que se sientan a estudiar en las mesas colocadas en el pasillo. El patio, en un espacio de su rectángulo, ofrece un poco de verdor, y las arecas se empinan buscando la luz del sol. Fuera del cantero, todo está cementado. Se respira un aire de descuido, que se visualiza a simple vista. La carcasa de un automóvil chapa azul estatal, sin ruedas, montado sobre bloques de cemento, lleva a pensar que el patio hace función de garaje. La mala hierba gana terreno en las fisuras del pavimento. Los globos de los apliques ya no existen, y pienso que hubo bancos de mármol en el patio, y prueba de ello, las dos bases abandonadas, una situada en la Sala Caturla (La Sala Caturla de la Biblioteca Martí ), la otra haciendo de tapa de tragante, justo al lado de una pesada tapa J.B.Olow & Sons – Chicago, que fue la compañía encargada de los trabajos de canalización del inmueble. La marquetería de puertas y ventanas se degrada, y mientras cualquier maquillaje es bueno. Las manchas negras de humedad en las paredes exteriores cobran fuerza cada primavera. Con un poco de voluntad, el patio podría rescatarse de su abandono. Yo mismo pienso que es fácil hacer estos comentarios desde mi distancia. Es imposible tapar el sol con un dedo. Les muestro algunas imágenes. Verán la torre del edificio desde los bajos en el patio, porque no logré llegar a su nivel más alto.
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samedi 19 septembre 2009

El patrimonio mobiliario de la biblioteca (BPJM)

 
 
En la concepción original del Palacio Provincial no estaba prevista la biblioteca. Eso nos hace pensar a un primer amueblamiento del inmueble, es decir, el mobiliario del edificio como casa de gobierno (oficinas de la administración y Cámara de Sesiones) y como residencia del gobernador. Con la creación de la biblioteca pública en 1925, se mantuvieron los muebles originales y se agregó el conjunto mobiliario propio a un uso específico. Un amigo me ha comentado que todo el mobiliario de la otrora Tenencia de Gobierno fue puesto a resguardo hasta que se terminó el Palacio Provincial, y muchos pueden apreciarse actualmente en las estancias de la biblioteca. En los años 40’ fue modernizada la cocina de la residencia del gobernador, instalándosele lo que hoy conocemos como una cocina integral, un mueble encastrado, paneles inferiores cubiertos de formica negra el área de meseta de trabajo y paneles superiores, doble fregadero en caolín, refrigerador y fogón. Les muestro parte del mobiliario, al que logré acceder, yo sé que hay muchos muebles acumulados y en total abandono. Todavía hay tiempo de hacer algo por el patrimonio local, no nos quedemos cruzados de brazos.
   

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vendredi 18 septembre 2009

Luz y luces de la Biblioteca...(BPJM)


  
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La luz natural entra sin pedir permiso por los grandes ventanales, los que dan al patio, los que dan a la calle…, en lámparas no escatimaron los decoradores del palacio, tanto interiores como exteriores. Unas sobreviven al tiempo, otras desaparecieron por descuido de quienes debían velar por el patrimonio de todos, y algunas otras fueron reemplazadas, sin tener en cuenta estilos ni el confort propio a una biblioteca… Las lámparas que cuelgan en la galería que da al patio son el blanco de los gorriones, allí se refugian cuando cae la tarde. Mantenerlas “nickel” yo sé que es imposible, pero hacerlo con frecuencia sería prudente, pues el ácido de la defecación corroe el metal, sin olvidar de ponerles sus respectivos bombillos. Dónde estarán stockadas las lámparas originales de la sala de lectura, las cuales fueron reemplazadas por los conocidos “tubos de luz fría”? Por supuesto que el mundo ha avanzado en la tecnología de iluminación de bibliotecas, incluso logrando armonía de estilo y confort, pero los usuarios de la nuestra siguen forzando la vista, cuando las actuales no rinden lo suficiente.