mardi 13 octobre 2009

El Florida (imbroglio que dura 50 años)

A Santa Clara se iba por necesidad, por razones familiares, o de paso si se atravesaba la isla. La hotelería no florecía con el turismo pero marchaba con los pensionarios que vivían alquilados en sus habitaciones, salvo dos o tres establecimientos cuya clientela no era pensionaria. En las habitaciones del Florida, vivían solteros, matrimonios de recién casados, comerciales y viajantes de empresas. Empleados que podían pagarse una habitación, pero no una vivienda más confortable. Breve, el que tuviera solvencia para pagar, y que cuando no la tuviera, y no podía pagar, se las arreglaba con el propietario, y si el impago se prolongaba lo expulsaban e iba a los tribunales. Los propietarios accionaban el procedimiento de desahucio. El desahucio desapareció oficialmente con la reforma urbana llevada a cabo por el gobierno revolucionario en octubre de 1960. Los hoteles fueron intervenidos por el Estado, y las familias y personas que ocupaban las habitaciones, se convirtieron en usufructuarios de la reforma urbana, organismo que se encargó de la gestión administrativa. Los arrendatarios que vivían en el Florida, lo siguieron siendo de la Reforma Urbana, y el inmueble clasificado hotel se convirtió en edificio de escuálidas y minúsculas habitaciones que comenzaron a integrar cocinas (las fondas desaparecieron) y mezzanines (barbacoas en buen cubano !) cuando nacieron los muchachos, y no viene al caso explicar ahora los pormenores de como ganar en espacio ni nada de eso. En pleno corazón de la ciudad (no es el único !) nació una cuartería (recuerde que en Santa Clara no existen los solares al estilo habanero) que poco a poco fue ganando fuerza y legalidad, al punto que es un embrollo espectacular la reubicación de esas familias, que en muchos casos no son las mismas que se beneficiaron de la ley en el 60’, y que se oponen a dejar el inmueble. Mientras, la ciudad, pobre en hotelería, se ve imposibilitada de ofrecerse un inmueble de caracter que por su situación, pudiera convertirse en un filón para atraer el turismo a la villa de Marta. ©cAc

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