samedi 31 octobre 2009

Un edificio, una institución, la Cámara de Comercio e Industria de SC


Por qué llamaron “de la Amargura” a la calle que nació en la esquina norte de la plaza, en dirección al oeste? Nadie lo sabe, nadie precisó aquel detalle. El solar fue ocupado por una familia numerosa, que se fue desgajando con el tiempo y situándose en las nuevas calles que iban tejiendo los habitantes. Los herederos la vendieron y una casa con portalón caído hacia la plaza fue levantada en la primera mitad del XVIII, y cuando todavía no había finalizado el siglo, la casa escondió sus tejas, situándolas en el techo de la planta agregada. El piso de la estancia de los altos era todo de madera, sostenido por viguetas transversales. Arriba establecieron los aposentos y la planta baja, además de comercio abierto hacia la plaza, comprendía un zaguán, un salón, la cocina y un patio con puerta cochera por la calle del Calvario, nombre que había remplazado al de Amargura. Entonces la calle, conocida por estar situada en ella la casa capitular y la cárcel, y no pocas casas de familia, se había ido extendiendo hasta casi llegar a una cañada, unos cien metros antes de llegar al río de la Sabana (río Bélico). Comején, lluvias y la humedad fueron debilitando las columnas de la planta baja, y los propietarios, asustados, decidieron solidificar el inmueble. Seis gruesas columnas fueron levantadas para soportar el techo y portal superior, al que se accedía por cada una de las dos habitaciones situadas de ese lado y por las dos puertas de un saloncito situada entre ambas. El edificio, de dos plantas, mantuvo su aspecto de viejo caserón colonial hasta los primeros veinte años de la recién nacida república cubana. Ante la inseguridad del piso superior donde estaban los aposentos, la familia se había hecho construir una sólida vivienda en la misma calle del Calvario. Las estancias de la planta baja, al fondo, quedaron abandonadas, excepto el comercio que se mantuvo abierto y que se beneficiaba del aljibe situado en el patio.
Al propietario del terreno e inmueble, le propusieron la compra del edificio, a lo que no puso objeción después de haberse reunido con sus hijos. La acción inmobiliaria fue una propuesta del consejo municipal, a nombre de la recién creada Cámara de Comercio e Industria. Corría el año 1921, y comenzaba el mandato presidencial de Alfredo Zayas. Casi al mismo tiempo, el corazón urbano de Santa Clara se dotó de dos nuevos edificios: la tan añorada casa consistorial que los primeros capitulares nunca pudieron regalarse, a falta de “propios”, -como se le conocía entonces al arca de las recaudaciones, por vía de imposiciones, multas y otros gravámenes-, y el edificio de los comerciantes y empresarios de Santa Clara. El inmueble, de estilo ecléctico, al estar situado en un terreno de esquina, se favorecía de mucha más luz natural, al poder incorporar ventanas, y por ende, ventilación, pero también ganaba en espacio en su planta alta al incorporar balcones tanto en el frente como en su lateral derecho. ©cAc

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