mercredi 18 novembre 2009

Céspedes y Luis Estévez (BCC)


En el propio año de 1689, un solar fue acordado a Marcos Gaspar Rodríguez de Arciniega. Este solar, de esquina, dio origen a dos calles, la de los Huesitos, buscando los maniguales del norte, y la del Calvario, en dirección al río del Monte. Marcos Gaspar, entre los fundadores de la villa, vino de Remedios acompañado de su madre, de cuatro hermanos, así como de la mujer con quien estaba casado, Anastasia de Jesús de Yera. La casa que construyó, quien devendría el primer alférez mayor que tuvo la villa, fue ocupada, además del matrimonio, por Juana Márquez, que había enviudado de Tomé, el padre de Gaspar, y por el más chico de sus hermanos, Juan, todavía soltero. La casa fue levantada de tabla de palma y guano, sin aberturas dando a los Huesitos y una puerta y tres ventanas dando a la calle del Calvario. Y precisamente es en ésta casa en la que se establece en 1698 el primer mercado del villorrio, y que no era más que un punto de venta, mayoritariamente de carnes. Rodríguez de Arciniega, aconsejado por Juana “la Vieja”, como le decían a su madre, había privilegiado como patio un buen espacio del solar que le fue acordado. El patio daba cupo a los animales, allí se sacrificaban y allí mismo se vendía la carne. Quince años duró aquel embrión de mercado, hasta que en 1713 fuera construido el primer local específico a “carnicería”. Con el progreso y la posibilidad de abastecerse de materiales en la propia villa, Marcos Gaspar, que ya había cerrado los ojos a su madre, viendo que su familia crecía, y haciendo parte de las familias principales, decidió mejorar su vivienda. Mampostería, tejas, y grandes puertas ventanas que daban a las dos calles. Luego vendrían los pisos y las rejas en hierro forjado, terminando el siglo XVIII. La casa, a pesar de su buena ubicación, siempre quedó al margen de sus vecinas de la plaza. No obstante estar a un paso de la misma, las dos esquinas de la plaza le hacían sombra. Así, medio escondida, traspasó el XVIII y recorrió todo el diecinueve. No fue hasta los primeros años de la República que los propietarios de la casa hicieron una rehabilitación total del inmueble y tocaron su fachada de cierto aire neocolonial pero guardando una profunda huella colonial. Toda la fachada blanca era realzada por la balconería trabajada en hierro forjado, -como en las viejas casas coloniales de Trinidad-, me comentó mi amigo Juan, cuando le pregunté acerca del inmueble. Tanto él como yo, tenemos dudas sobre qué fue esa esquina durante la época republicana, y atando cabos después de muchísimas consultas, les presento lo que saqué en conclusiones, veamos si estamos en el buen camino, si no, aceptamos correcciones!
La esquina que nos retiene, fue una casa comercial dedicada a colchonería, con grandes puertas, y tenía en su interior un agradable patio sevillano, tocado de tinajones en sus cuatro lados y al centro un surtidor. Es posible que en el recinto estuviera ubicada, además de la colchonería, una Caja de Ahorros. El tiempo pasó, los propietarios cambiaron. La colchonería, a la hora de las intervenciones, fue expropiada a sus dueños. La Caja de Ahorros nacionalizada y puesta a disposición del nuevo orden bancario cubano. La colchonería se convirtió en el centro depositario de las armas en posesión de la ciudadanía, -léase pueblo-, que no necesitaba armas para defenderse, pues ya la epopeya revolucionaria había terminado (terminado?) pero que se necesitaban para equipar a las nuevas fuerzas del orden y del ejército…, más aún, la Caja de Ahorros se convirtió en “recuperativo-monte-de-piedad”, al convertirse en centro de recuperación de prendas, y objetos en oro y plata, a fin de “garantizar el respaldo y valor de la moneda cubana golpeada por quienes huían de la vorágine con los bolsillos llenos”. Ironías del destino! Recogidas las armas y recogido el botín santaclareño de oro y plata, el edificio fue cerrado hasta nuevo aviso. El edificio pasó enteramente a manos del BNC (léase Banco, no Ballet!) y la esquina volvió a sufrir una transformación. Esta vez, el inmueble perdió su carácter neocolonial y se dotó de grandes ventanas vidriadas, donde estuvieron las anteriores, muros enchapados de granito rosado, y una marquesina voladiza a un tercio de la altura de las ventanas (puertas?) así como de una puerta principal, ni hacia Luis Estévez ni hacia Céspedes, junto en sesgo, mirando hacia la plaza, por el espacio libre entre las dos edificaciones vecinas. Algunos enchapes de granito no soportaron los embates del tiempo y la no conservación y…, se cayeron, y así estuvieron hasta que la sede del BNC en otra reorganización bancaria, pasó a manos del Bandec (Banco de Crédito y Comercio) y éste, impregnó de sus colores y siglas los inmuebles de los que ha ido apropiándose. Losas rojo sangre para enchapar una imaginaria cornisa, otras como una cinta alrededor de la marquesina, en los espacios inferiores de las ventanas vidriadas y a cada lado de la puerta principal, cual dos hipotéticas columnas.

 
En la esquina de marras, que fuera casa de familia y mercado de carnes terminando el siglo XVII, una b mayúscula trona bárbaramente como un barbarismo en este comienzo del siglo XXI. ©cAc

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