vendredi 20 novembre 2009

Edificio CUBA (Tristá y Cuba)

Aunque hace esquina con la calle que honora el nombre de la Isla, tiene su entrada por la calle Tristá, y una vez terminado el inmueble, en la década de 1950, tocó de elegancia y modernidad una de las más concurridas esquinas de la ciudad. Concurrida desde los tiempos ahora lejanos de la fundación, cuando a partir de ella y hacia el oeste, comenzaron a abrirse establecimientos de oficios. No en valde, a la primitiva calle Paso Real del Río, se le agregó « de los Oficios ». Allí establecieron sus negocios, el primer barbero que tuvo Santa Clara, el primer sastre y los primeros comerciantes de menestrales, en un tramo de unos cincuenta metros. Casa de vivienda o comercio, o primero casa y luego comercio, son el pasado de la esquina que mira al parque, y que extiende su mirada a los confines de Santa Clara en dirección de Cerro Calvo.
El gran caserón colonial, con algunas modificaciones en su fachada, lo siguió siendo hasta el final del primer cuarto del siglo XX. Fue entonces cuando el inmueble sufrió una profunda remodelación en la que se dotó de una cornisa coronada de un frontispicio triangular de tamaño importante. Y no fue hasta la década del 1950 en que se construyó el inmueble tal como lo vemos actualmente. La planta baja fue enteramente concebida como comercial con una altura de techo poco más alta que el resto de los niveles pero que a simple vista, y dejándonos llevar por la marquesina, da la impresión de un gran volumen y de la existencia de un entresuelo. En sus orígenes, la planta baja estuvo seccionada en tres tiendas, dos con entrada por la calle Cuba, la peletería que ocupaba el local en ángulo, una cafetería de « cancha » entre la peletería y la puerta de acceso al edificio y en el extremo derecho, también por Tristá, un local de oficinas. La primera planta del edificio creo que fue concebida para arriendos de locales para oficinas, y la segunda y tercera planta como apartamentos de un gran standing con grandes balcones dando hacia las dos calles y una serie de apartamentos dando al sur.
Por la solidez y calidad de su construcción, el edificio Cuba se muestra vigoroso erguido en su esquina. El edificio fue ocupado desde su inauguración por familias de clase media, algunas de las cuales todavía residen, otras emigraron al extranjero, y otras utilizaron la « permuta » por situaciones personales o de mejoramiento en espacio. En todo caso, el vecindario siempre ha sido de familias de clase media, no obstante pertenecer a la horneada revolucionaria. No creo que los ocupantes de los apartamentos hayan modificado un producto de una concepción bien pensada.
El piso dedicado a oficinas, desde mucho tiempo viene siendo ocupado por un departamento o varios, no sé, de la institución partidista. Buen gusto que tienen las instituciones gubernamentales para el establecimiento de sus oficinas. La planta baja es la que más remodelaciones ha conocido, notablemente en la última década de 1990. Por la calle Tristá, estuvo establecida en un momento dado la Consultoría Jurídica Internacional, hasta que se mudó a otro sitio de la ciudad. Actualmente, también por Tristá, una empresa cuyas siglas no me dicen nada, pero que puedo interpretar como de la agricultura o la agronomía, tienen asiento a la derecha de la puerta principal. La cafetería, convertida en merendero, y cuyo nombre ahora no recuerdo, dejó de serlo para en su lugar abrir un anexo de la sucursal de « Cadeca », establecida en lo que fuera la peletería. Por la calle Cuba, se mantiene una tienda, cuyo volumen es despreciado, y que se muestra sobre todo como un chinchal emparapetado tratando de recuperar, evidentemente divisas, vendiendo muchos productos con defectos, rotos y a veces inservibles, es perfumería, quincalla y distribuidora de helados en potes, del patio y de importación, y es la meca del maltrato por parte de sus vendedoras que no hacen ni un mínimo de esfuerzo por sonreir a los nacionales, a los otros, sonrisa de oreja a oreja ! En la vitrina a la izquierda de la entrada, la tienda tuvo instalado un cajero automático del BCC, con aire de funcionar cuando bien le parecía. Y bien, la otra parte del edificio, también por calle Cuba, otrora comercio, se la apropió el BFI cuando estableció su sucursal en Santa Clara, conjuntamente con el inmueble colindante a su izquierda.
Como antes le había comentado en la introducción a las tres esquinas, ésta fue el principal acceso al centro desde el oeste, y la salida y conexión hacia la zona urbana de « los hospitales ». Aunque no como antes del cierre del parque, mantiene una circulación regular, y el mismo sentido vial. Zona de tres actividades informales : los choferes de autos particulares, -aquí se ven menos intermediarios-, los « parqueadores » y « cuidadores » de los coches de turismo, y el fuerte de la esquina, que son aquellas personas que se dedican a la compra-venta de pesos convertibles, justamente en los portales de la sucursal oficial « Cadeca », y a dos pasos del BFI y del BCC, donde turistas y cubanos de visita en la Isla se proveen también de pesos CUC. Tampoco faltan esas personas que ya figuran en la lista de « personajes » del cotidiano, que se procuran un aliciente a su subsistencia, proponiendo albergue en hostales, y almuerzos y comidas en los ya casi inexistentes « paladares » de la ciudad, desde que ven a alguien con pinta de forastero. Encontrarán igualmente al octogenario vendiendo cuchillas de afeitar, otro vendiendo la última edición del diario oficial, al bicitaxista desesperado por encontrar un pasajero o dos, y no faltarán a ese ajetrear de cambistas y policías jugando al gato y al ratón, y al hormigueo de gentes desde bien temprano en la mañana, hasta el final de la tarde en que la esquina reencuentra la tranquilidad en sus aceras. ©cAc
  
 
©cAc

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