jeudi 24 décembre 2009

Los mercados de Sta Clara (de campesinos y paralelo)

El Mercado Libre Campesino fue creado en 1980. Los campesinos, de manera individual, podían vender, -una vez cumplido el contrato con las entidades del Estado- la producción excedente. En Santa Clara los campesinos montaron sus tarimas y puestos en el área de parqueo del Estadio Sandino. Los santaclareños reencontraron productos desaparecidos o muy escasos. Cierto, la canasta familiar mejoraba, pero la posibilidad de adquirir los productos era un “casse-tête” para los cabezas de familia. El mercado libre estimuló a los campesinos, y la producción creció notablemente. También el mercado estimuló un afán de lucro, no por parte de los campesinos, sino por aquellos que se impusieron como intermediarios entre el productor y el comprador. De ahí que los mercados fueran denominados “de los bandidos de Río Frío”, en alusión a una novela que pasaba la televisión. El campesino ponía sus precios, y el intermediario -elemento necesario en la economía, pues alguien tiene que vender, y no puede ser el propio productor-, quintuplicaba y sin sudar, ganaba más que el que producía la tierra. Seis años duró el Mercado Libre Campesino, hasta que cayó en la lista de errores a rectificar. Se perjudicaron los campesinos, los intermediarios, y la población en general. Si hubiera habido un verdadero control, con precios justos “plafonados”, el mercado no hubiera sido blanco del gobierno.
También en los 80’, casi cuando llegaba a su fin el mercado libre campesino, abrió el Mercado Paralelo de Santa Clara, en los antiguos terrenos y dependencias de un aserrío situado al final de la calle Buenviaje, casi pegado a la línea del ferrocarril central. Era un germen de gran supermercado, con anaqueles y estanterías, cuyos productos, más caros que los de distribución por libreta, colmaban o casi colmaban las necesidades que el racionamiento no lograba. Incluso, nada de balanzas ni onzas robadas, arroz, -muchos descubrieron el arroz integral-, azúcar prieto, frijoles, sal, todo envasado, conservas marinadas rumanas, vinos búlgaros y el excelente vino tokaji (Tokay) húngaro, sopas y café soluble polaco, compotas de manzanas rusas, cerezas en su almíbar, jugos de albaricoque, y algo que apreciaban los consumidores: papel sanitario. Al decir de los precios, precios estatales, no era para ir todos los días, pero lo que se encontraba en el mercado ayudaba a paliar muchas necesidades. Entre bandidos y bandidos, sin dejar fuera a los bodegueros, también buenos especímenes de bandidos, el forrajeo, aunque no desapareció, se hizo sombra, dispuesto a renacer cuando al caso viniera. ©cAc


  

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