mardi 29 décembre 2009

Los mercados de Sta Clara (la feria dominical del Sandino)

He tenido la ocasión de deambular por toda el área del Sandino algún que otro domingo, temprano en la mañana. Digo “domingo”, porque en semana, aunque también me vi obligado a ir para comprar viandas y frutas, la oferta no era como durante la “feria”. El horizonte ferial de la consumación era mucho más diversificado. Desde el amanecer comenzaban a llegar tractores, camiones y automóviles de los vendedores, ya fueran campesinos productores independientes, intermediarios de los campesinos, o productores de las granjas cooperativas, complejos agro-industriales, y otros vendedores con sus bicicletas, carretones y carretillas.
En la calle que bordea el estadio infantil y que termina en el estadio de los grandes, se instalaban las empresas con sus productos excedentes, con cuanta vitualla pudieran cargar, tornillos, productos plásticos, muebles, cacerolas, jarros, sartenes, gomitas para cafeteras y sellos de seguridad para las ollas, breve, un pulguero o mercadillo para comprar aquello imposible de encontrar en la red comercial de la ciudad.
En la avenida Sandino, desde el Estadio frente al edificio alto hasta la calle 1ra, se instalaban los improvisados anaqueles, tarimas y cajas a manera de mostrador. Los remolques de tractores y los camiones. Los vendedores de trigo salvado, de puré de tomate, ajos y cebollas, en ristras y al detalle, y la cosecha de estación –excepto la papa cuya distribución y venta está controlada-, yuca, malanga, boniato, berenjenas, coles, calabaza, quimbombó, plátanos machos, plátanos burros y plátanos frutas, aguacates a precios desorbitantes, naranjas, toronjas, -difícilmente limón- frutabombas y piñas, mango de clases y mucha guayaba, jamás un mamey amarillo pero si hermosos mameyes a precios astronómicos!
En la calle 1ra, que es la del Cabaret El Bosque, puestos de fritas, guarapo, refrescos a granel, un puesto vendiendo chicharrones al peso, y varios vendiendo bocaditos de carne de cerdo con lechuguita y tomate, picante al gusto y pepinillos marinados, cajitas de congrí y cucuruchos con chicharritas!
Los domingos, el área del Sandino se convertía en feria provinciana al estilo de esos mercados del Marruecos profundo, a diferencia que en la santaclareña feria, no faltaba la pipa de cerveza, -clara y causante de dolorosas cefaleas, y ron a granel, bautizado, que es sencillamente ron adulterado. Para los afortunados Dimar con especialidades del mar, y cervezas de botella o latica, ron Santiago o Paticruzao, y refrescos enlatado y limonadas gaseadas. En el viejo quiosco del Minaz, pizzas y bocaditos de jamón de Vegas de Palma. Sobre el puente, en los improvisados bancos casi pegados al río. El callejón de Las Bocas y los vendedores informales con sus dulces de guayaba, los lechugueros, y el viejito que vende el perejil y el cilantro. Gentes detrás de la comida, otros detrás del alcohol. Como en esas ferias polvorientas que animan los dormidos pueblos andinos, y también las ciudades del sur continental.

  


Deambular por la “feria” era estar en otra Santa Clara, de mil rostros diferentes, rostros de viejos arrugados, de brazos jóvenes tatuados y de cabezas con rolos y bicitaxistas fatigados, carretoneros pregonando Terminal, me voy, terminal, y música en cada esquina, gritería aquí, gritería allá, baile y mulatas con zandunga, riñas y altercados, botella de ron a la mano, o cerveza a granel en lata reciclada. Verdadera fuente de estudio para etnólogos y antropólogos europeos. Y como ya les he descrito el lado alimentario y culinario, les muestro en un slideshow imágenes de la feria dominical en plena ebullición mañanera. ©cAc

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