mardi 16 mars 2010

Lavadero de Pastora (río Cubanicay)

El lavadero de Pastora, construido para las mujeres del sureste de Santa Clara, está enclavado en la orilla izquierda del Cubanicay, donde termina la calle Nazareno. El lavadero es poco visible. Los carros, al llegar a Unión, doblan a la izquierda, pues Nazareno justamente se convierte en un “impasse” donde se levanta el lavadero. Para acceder al otro lado del río, existe un puente peatonal estrecho, pero que sólo usan los rivereños y quienes saben que pueden acortar por él para llegar al Sandino. Yo diría, es casi invisible para quienes no llevan la curiosidad a flor de piel. Desde mi casa, y en bicicleta, es casi directo. Febrero era fresco pero teñido de azul y de esperanzas. Llamé desde la calle, y el recibimiento fue a ladridos. Pero luego llegó el custodio y el perro reconoció en mí un curioso perdido al final de la tarde. Como mis intenciones eran simple curiosidad, el custodio me acompañó en el recorrido. Por momentos cerraba los ojos para ver los otros lavaderos, el del Puente, y el del Condado, pues me faltaba aún el del Carmen. Intentaba imaginarlo, como los otros, con sus transformaciones, con sus “abandonos”, pero no logré establecer un paralelo. Cuando cesó su función original, no sé qué fue de él. El de Pastora ha sido tan mutilado que ha perdido el encanto de portales y columnas. El portal lateral izquierdo fue tapiado con bloques por unos lados, por el frente, paredes levantadas con puertas y ventanas, del lado derecho, el portal forrado con tablas. No sé desde cuando, sólo sé que el inmueble pertenece a la dirección de comunales, que se encarga de la limpieza de la ciudad. La antigua casa lavadero es oficina, almacén y hangar de los equipos de jardinería y limpieza. Bancos amontonados, una lámpara del alumbrado público. Salí al portal del fondo, que no ha sido tapiado, pero que en su caída fue agrandado, y en esa parte, protegido con una cerca de malla. Los pisos de mosaicos, destrozados, las columnas carentes de sus elementos decorativos a manera de capiteles. La carpintería que sostiene el tejado es la que menos ha sufrido. Por qué llegar a ese extremo de sobre uso y abandono? Por qué no haberle dado al sitio una utilización colectiva, que en lugar de haberlo descuartizado, hubiera podido aprovechar el espacio verde y natural del río?, un espacio de recreo, un sitio para leer, para desarrollar atelieres nobles que no maltrataran la estructura interior del recinto. Si cruza el puente peatonal, se dará cuenta que el lavadero fue levantado en altura, donde termina la calle y comienza el declive al río, lo que lo convierte en un mirador natural hacia el Este. Con este sector del río recuperado y una buena utilización de la vieja estructura colonial, Santa Clara ganaría en color y por supuesto, marcaría pauta en el rescate de su patrimonio. ©cAc.


  

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