mercredi 17 mars 2010

Los lavaderos públicos de Santa Clara

Retomo el tema de los lavaderos públicos de Santa Clara, porque nunca me parecieron suficientes las dos partes en que fueron tratados los mismos a finales del 2008. En el 2009 cuando volví a Santa Clara, me prometí visitar los cuatro para conocerlos más, y dedicarles un espacio a cada uno por separado. Con ello quiero sensibilizar a mucha gente que desconoce la existencia de ellos, o que saben que existen pero nunca los han visto, o ni tan siquiera han caminado cerca. Soy responsable de lo que digo, porque lo constaté preguntando a quienes pasaban a dos pasos de ellos. Me pregunto cómo la gente puede borrar un pasado histórico tan ligado a la vida urbana. La memoria flaquea cuando el patrimonio local no se atiende como debiera, cuando no se divulga lo suficiente, cuando no se enseña mientras somos escolares. Los cuatro lavaderos, construidos en la segunda mitad del XIX fueron obra de Marta Abreu de Estévez en su incesante interés por ayudar a los más desfavorecidos. Con los lavaderos, daba un lugar a la condición humana de las mujeres, las mujeres pobres de la ciudad que “lavaban para afuera”, es decir, para las familias ricas. Santa Clara era una ciudad pobrísima y los lavaderos mandados a construir por Marta fueron la expresión de la necesidad que tenían sus habitantes de ciertas “comodidades”. En este caso, de las mujeres, que iban a lavar al río, y faenaban expuestas al sol, a la lluvia, con las condiciones que ellas mismas se procuraban. En su bregar europeo, Marta observó la utilidad de los lavaderos, y de vuelta a la Isla, trajo con ella la noble idea. Los cuatro lavaderos públicos fueron inaugurados el 15 de mayo de 1887. Santa Clara no era una villa vieja adolorida por la decrepitud, aún no tenía dos centurias, su título de ciudad lo había obtenido sólo veinte años antes y se situaba entre las ciudades que progresaban en la Isla, pero en la villa abundaba la tabla, el guano y mucha pobreza, fuera del centro urbano, donde vivían mayoritariamente las lavanderas. Los pueblitos franceses de cualquier punto del hexágono muestran orgullosos hoy sus lavaderos como reliquias que puede uno tropezarse caminando por sus calles. Los cuatro nuestros, levantados en las orillas del Bélico y del Cubanicay, no tienen toda la atención que el gesto de Marta merece conservar. La idea de reutilizarlos, es válida, pero sin que se descuide su mantenimiento, la mantención de sus líneas decorativas, de su arquitectura. Recuerdo que en una época no lejana, el tema de los lavaderos en franca deterioración, no le interesaba a nadie. Y todavía no se les ha prestado el debido cuidado pese al interés persistente de personas ávidas por rehabilitar el patrimonio público. En cada lavadero fue colocada una tarja que dice “Lavaderos públicos gratuitos para la clase pobre de Villaclara”.
Quiero referirme ahora a una carta de Marta Abreu escrita al Alcalde de Santa Clara. En la carta, con fecha 15 de enero de 1887, a propósito de la construcción de los lavaderos, Marta Abreu le hacía saber que "
he resuelto hacerlos a mis expensas y donarlos graciosamente al Municipio, a condición de que sean gratuitos a perpetuidad, y de que en ningún tiempo puedan ser enajenados ni gravados"
. [...].
Ahora bien, por qué no hemos sabido cuidar lo que fue construido para mejorar el pesado trabajo de las lavanderas de río?, cierto, las lavanderas de río, ahora son sólo un recuerdo, que incluso las nuevas generaciones no se preocupan por conocer, pero, por qué no restaurar debidamente esos cuatro sitios que hacen parte del patrimonio histórico y urbano de Santa Clara? Una rehabilitación permitiría, no solo rescatarlos del abandono y del olvido, sino también una revitalización del área urbana que los rodea. No conozco en la isla, de la existencia de lavaderos como los que fueran construidos casi al final del siglo XIX en Santa Clara. Al cabo de 123 años, estará echada la suerte de los lavaderos? ©cAc

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