samedi 18 septembre 2010

Ocaso de Remedios. Fundación y evolución urbana de Santa Clara

Ocaso de Remedios. Fundación y evolución urbana de Santa Clara
El ocaso de San Juan de los Remedios del Cayo viene dado en primer lugar por la recrudescencia del corso y la piratería, cuyos invasores asolaban las costas de la isla. El hecho que fisura la existencia del Cayo fue el ataque perpetrado a la villa por el pirata francés Jacques-Jean David Nau[1] en 1658. A partir de entonces, Remedios cae en la incertidumbre de su desaparición al cabo de 143 años de fundada[2]. La propuesta de trasladar el pueblo a tierras interiores trajo consigo el enfrentamiento entre dos eclesiásticos, cada uno queriendo imponer su proposición de asentamiento, en función de sus intereses personales. A su vez, los seguidores del cura y el presbítero, se vieron enfrentados a la fracción que se oponía a cualquier traslado, sosteniendo la idea de mantenerse en el sitio primitivo. Treinta y un años de rencillas, obstáculos y desavenencias fueron tejiendo discordias y odios entre los vecinos, con la consecuente ruina del pueblo. Al cabo, y por mandato de la Capitanía General, fue autorizado el traslado de Remedios a trece leguas yendo hacia el suroeste. Nuevamente surgieron desavenencias de opinión respecto al sitio donde se asentarían. Mientras un grupo de familias se establecía en la hacienda Antonio Díaz, con el propósito de fundar el nuevo pueblo, uno de los eclesiásticos disentía, y tomaba el camino de vuelta al Asiento Viejo del Cayo. Nace entonces, el 15 de julio de 1689, la villa Gloriosa Santa Clara. Remedios cayó en la decadencia, obligado a desaparecer y resuelto a subsistir. Santa Clara no reparó en desmanes y abusos, y ante la obstinación de un grupo de vecinos remedianos de no querer trasladarse al nuevo asentamiento, las nuevas autoridades marcharon al frente de cuarenta hombres armados y convirtieron el Cayo en ruina y desolación. De Remedios sólo quedó en pie una vivienda propiedad de un regidor de la nueva villa de Santa Clara Corría el año de1691[3].
Las ciudades coloniales fundadas en América siguieron los cánones urbanísticos vigentes en la península, y trasladados a los virreinatos por los funcionarios españoles. Las primeras villas de la Isla, datan de la época en que en América se seguía el modelo Ovandino, planteado por Fray Nicolás de Ovando. Para Santa Clara se tomó en cuenta el “Plan de Ordenamiento Urbano para las Indias” establecido por Felipe II, cuyo modelo consideraba esencial el trazado de la plaza a eje y cordel, de la cual saldrían cuatro calles principales, y como las otras, definidas por cuadras, solares, y las calles diferenciadas de los caminos. En el caso de Santa Clara, al asentamiento le fueron acordadas cuatro leguas planas, partiendo de la Plaza de Armas. En el radio de casi seis kilómetros cuadrados estaban contemplados los terrenos a construir así como los ejidos.
Es preciso separar dos momentos fundamentales en la historia de Santa Clara: el momento de la fundación y el momento en que la villa se activa como tal. La villa surge a partir del cuadrilátero trazado como “plaza de armas”, y que devendrá el “centro administrativo” de las autoridades políticas y religiosas. Ahora bien, ese “centro” no es el sitio fundacional, lo que otorga a la ciudad tener dos centros: el “centro fundacional”, situado en la loma de Francisco Alejo, más tarde rebautizada loma del Carmen y el “centro histórico”, punto a partir del cual se desarrolla el villorrio y que no es otro que el actual Parque Vidal. El villorrio fue trazado sin haberse ejecutado un plano de fundación elaborado de antemano por un ingeniero, como lo fuera Matanzas[4]. No obstante, su trazado cuadricular a cordel, llevado a cabo por el capitán Manuel Rodríguez y el regidor Esteban Díaz de Acevedo, le permitió crecer y extenderse ordenadamente[5]. Conviene precisar que desde el mismo momento en que se funda Santa Clara, el nuevo pueblo cuenta con una nómina administrativa, pues entre los fundadores se cuentan varios miembros del cuerpo capitular de Remedios. Esta disponibilidad y experiencia va a ser clave en el desarrollo de la villa nacida como Gloriosa Santa Clara, y cuyos habitantes van a encomendar a la virgen del mismo nombre, y que harán patente en agosto de 1695[6].
La villa va a conocer, desde el propio año 1689, una evolución urbana paulatina, a medida que crece la población y crecen las necesidades de los primeros vecinos y de aquellos que van llegando desde otros puntos de la región, de la Isla y de allende los mares. Esta evolución, -y gracias a haberse trazado a eje y cordel, es fácilmente identificable, lo que nos permite estratificar la misma desde su nacimiento, hasta su conversión en ciudad, pasando por todas las etapas: caserío, villa, pueblo. La formación de cuartones[7], que fueron conformando el perímetro urbano, en función de la riqueza hidrográfica y orográfica del asentamiento, y apoyados por los hechos que marcarán pautas, nos van a servir de guía para llegar a la Santa Clara actual.
La primera zona corresponde a las cuadras y solares mercedados en la primera década de existencia del nuevo pueblo, es decir, entre 1689 y 1699[8]. En estos diez primeros años, los poblanos van a priorizar su instalación habitacional, que tendrá como eje principal la calle de los Crímenes[9], donde levantarán vivienda las familias principales y poco a poco en los alrededores de la Plaza de Armas. El asentamiento cuenta 261 habitantes, casi al cumplirse el segundo año de fundado. Las principales construcciones en esta etapa fueron la iglesia parroquial, la ermita de la Candelaria, el cuartel de bomberos, la casa Capitular, una carpintería en blanco y los dos primeros comercios. Aunque fuera del perímetro que tratamos, conviene señalar que se construyó en el camino de las Bocas, el primer ingenio de la jurisdicción. Tanto las casas de familias como los edificios de carácter público construidos en los albores de esta etapa, se levantaron con materiales locales, sobre todo, de la zona boscosa que cubría el área inmediata al arroyo del Monte[10] y que se extendía hacia el Este. El carácter urbano de la villa lo va a imprimir el ordenamiento del tejido vial con la plaza como centro, y en uno de sus costados, la iglesia parroquial. La tabla de palma, el guano, la madera, y los horcones fabricados con los troncos de árboles talados, fueron los materiales por excelencia, utilizados en todas las edificaciones durante la primera década de existencia del caserío.
Ahora bien, antes de pasar a la segunda etapa, conviene precisar que ningún nuevo estrato histórico de la evolución urbana de la villa, hizo que el precedente se detuviera. Todo lo contrario, para bien o para mal, el auge socio-urbano no se detuvo, y durante buena parte de la historia de la ciudad, cada estrato tuvo vida propia mientras el progreso se extendía por cada punto cardinal.
Finalizada la primera fase evolutiva de Santa Clara, que hemos convenido cerrarla al finalizar el siglo XVII, nos adentramos en la segunda etapa[11] de desarrollo del que es todavía un villorrio poblado en su mayoría por las familias fundadoras, y otras que se le unieron más tarde, también originarias de Remedios, así como aquellas pertenecientes a indistintas olas migratorias. La villa se asienta entre dos ríos que fertilizan sus tierras, y cuenta con un ingenio, el primero en toda la jurisdicción, lo que atrae la atención de otros hacendados. La deforestación aumenta por la necesidad de maderas para las nuevas construcciones, y los terrenos son inmediatamente cultivados. Además, se intensifica la explotación de cobre y oro en haciendas no lejos de la villa. Las primitivas calles continúan en pos de la urbanización y se dan los primeros cambios de nombres. Este periodo está marcado por la extensión de las cuadras y la aparición de nuevos barrios. Los solares alrededor de la plaza, -que ha dejado de ser Plaza de Armas para llamarse Plaza Mayor, han sido todos mercedados[12]. Los que se instalan hacia 1713, construyen sus casas en la subida hacia la loma de Francisco Alejo, más tarde loma del Carmen, y nombran Barrio-nuevo al grupo de casas. El caserío contiguo a la ermita frente a la plaza, comienza a llamarse “barrio de Candelaria”. Buenviaje completa sus solares hasta el camino del Embarcadero[13] y es la calle donde se levanta la primera casa con paredes de embarrado y techo de tejas de la villa. Los nuevos comercios y oficios se instalan en los primeros cien metros de Paso Real, que devendrá Paso Real de los Oficios[14]. Se construye el primer tejar, que permitirá reconstruir la ermita de la Candelaria con ladrillos y tejas, y finalizan las obras de la ermita del Buenviaje, tercer edificio religioso de la villa, levantado de madera y guano. Finalizando el primer cuarto del siglo XVIII, continúa creciendo Paso Real de los Oficios, y la manigua da paso a nuevos solares por el sur. El sector que se urbaniza lo nombran barrio de Tanoya. La Parroquial Mayor de Santa Clara comienza a reconstruirse en 1725. Se levanta en la plaza Mayor la primera casa de mampostería y también la primera de dos plantas. Amargura deviene Calvario[15] y rápidamente se extiende hacia el oeste. La población comienza a asentarse al sur del arroyo Marmolejo, hoy desaparecido debajo del pavimento, y las parcelaciones llegan junto al camino de las Bocas, al oriente de la villa. Al extenderse Paso Real de los Oficios hasta el arroyo de la Sabana[16], se forma un caserío hacia el sur, que nombran barrio del Paso Real. Desde 1699 la población cuenta con médicos cirujanos, pero no será hasta 1736 que la villa se dotará del primer hospital. El sector sur de Santa Clara sigue creciendo, y llegará hasta San Miguel, un sector habitado mayoritariamente por familias de escasos recursos, y por pardos y morenos[17], en casas diseminadas por la manigua. Barrio-nuevo levanta, primero provisional en 1745, la ermita del Carmen, y diez años más tarde su edificio definitivo: la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. La ermita del Buenviaje es reconstruida entre 1762 y 1765. Oficialmente la villa está dividida en cuatro cuartones: Buenviaje y Carnicería, al este de la plaza; y al oeste, Barrio-nuevo rebautizado el Carmen, y Paso Real, que abarcará el sector de Tanoya. A mitad del XVIII, Santa Clara cuenta 4500 habitantes, una urbanización precoz, que se nutría fundamentalmente de una población rural en busca de nuevas perspectivas, atraídas por un cuadro de vida diferente y hay que acotar que durante la toma de La Habana por los ingleses, muchas familias habaneras emigraron a Villaclara, que los habaneros llamaban Pueblo-Nuevo. El barrio de Tanoya no progresaba, pero al extenderse las calles saliendo de la plaza, el barrio queda comunicado con el centro. En ello incidía el arroyo Marmolejo que saliendo de la laguna “del francés”, creaba un espacio difícil de construir[18]. En 1778 los 5303 poblanos habitaban en 596 casas, construidas indistintamente de mampostería y tejas, embarrado y tejas, tabla de palma y guano, y paja y guano. Analizando la evolución de la villa, desde la fundación y durante la etapa que tratamos, observaremos que la misma ha crecido casi en las mismas proporciones hacia el norte (Barrio-nuevo) que hacia el sur (Tanoya), en un primer momento, y más tarde, la extensión se llevará hacia el oeste. Notaremos que todo el crecimiento urbano se lleva a cabo al interior de los dos arroyos, y no será hasta 1779, en que se parcelarán los solares ubicados entre el río de la Sabana y el arroyo Botijuela[19]. Esta parcelación es el nacimiento del barrio del Condado. La agricultura avanza y se desarrolla el cultivo del trigo, lo que permite la instalación de molinos de agua y la producción de harina de trigo. En el centenario de Santa Clara, un censo arroja la cifra de 7000 habitantes. La ausencia de una ermita en Tanoya es la causa de su inmovilismo urbano, y los pardos, mayoritarios como población, se habían propuesto edificar un lugar de culto treinta y tres años antes. En 1792 abre la ermita de la Pastora, que le dará nombre al barrio donde se levanta. Los alrededores de la ermita, que eran pura manigua y guayabales, comienzan a mercedarse y la calle Espírito Santo[20] ve alargar sus cuadras más hacia el sur. El surgimiento de Pastora, no hizo desaparecer al primitivo Tanoya, que quedó rodeado por las nuevas implantaciones a su alrededor.
Esta etapa que llega a término, fue para Santa Clara, un siglo de urbanización que no estuvo ausente de riesgos y calamidades, enfermedades y epidemias, hambrunas, transformaciones socio-urbanas y la perseverancia de figuras locales que no cejaron en su combate por imprimirle un sello de progreso a la villa donde vivían. El crecimiento urbano durante estos cien años, va aparejado al mejoramiento del hábitat. El área correspondiente al primer estrato urbano (1689 – 1699), comenzará a evolucionar a medida que avanza el siglo XVIII hacia nuevas formas arquitectónicas, con el uso de nuevos materiales, convirtiéndolo en un centro “renovado”. Las nuevas áreas de crecimiento, continuarán usando materiales tradicionales e incorporarán aquellos que el progreso ofrece. El paisaje urbano de la villa se distingue por las cinco edificaciones religiosas llevadas a cabo por los padres Conyedo y Hurtado de Mendoza, la primera casa de dos plantas detrás de la iglesia Mayor, la incorporación de portales dando a la plaza y el traslado de la Casa Capitular y cárcel frente a la plaza Mayor. Conviene remarcar igualmente que la villa, a pesar de estar trazada al interior de dos ríos y atravesada por diferentes arroyuelos, cañadas y cursos de agua, no ha construido puentes sobre los ríos, y que en el espacio de cien años, sólo dos pasos de madera, mal llamados puentes, fueron levantados sobre dos cañadas, y en sitios de poco tránsito. Desde 1755, hallándose Santa Clara en el corredor de las comunicaciones terrestres entre La Habana y Santiago de Cuba, la villa dispuso de un “teniente de correo mayor” que se convertirá en Administrador de correos antes que finalice el siglo XVIII.
El tercer momento de la evolución urbana de la villa comienza con el siglo XIX y se extenderá por espacio de sesenta años, es decir, hasta 1860[21]. La villa acaba de dotarse de una nueva Casa Capitular desde la cual podrá manejar los destinos de un pueblo de media legua a la redonda, con 750 casas censadas y una población jurisdiccional de 30 000 habitantes. La jurisdicción de Santa Clara ha dejado de ser Tenencia para convertirse en Gobernación. Remedios, que continúa siendo matriz de nuevas poblaciones, es declarada jurisdicción y cabeza de partido en 1843, a pesar de ver reducido su territorio con la creación de nuevos términos. Tanto Remedios como Santa Clara, han cerrado a esta altura las heridas que llevaron a la cuasi desaparición de una, y el fomento de la otra. Santa Clara ha sido el blanco de epidemias y nuevas enfermedades que han hecho mella en la población. Los enterramientos se suceden y el camposanto colindante con la iglesia parroquial desborda. Al clausurarse, es trasladado al terreno abandonado de la ermita de la Pastora, y aunque esta ocupación es temporal, lo será hasta 1820, año que abrirá el Cementerio general de la villa. De hecho, antes de abrir el Cementerio general, y teniendo en cuenta las limitaciones de terreno de la ermita de la Pastora, existió otro camposanto a la salida de la villa en dirección a La Habana. La sanidad, aunque los recursos se revelan insuficientes, comienza a ser una preocupación para las autoridades y la población, que aumenta considerablemente. Los cambios políticos en la metrópolis se hacen sentir en la colonia, y Santa Clara no queda rezagada y se convierte en “cabeza de partido”. Es de destacar, que la desaparición de las haciendas, y el fomento de las fincas, traerán consigo un éxodo rural sostenido durante esta etapa. Las familias hasta ahora apegadas a la tierra, se instalan en la villa para ofrecer una mejor instrucción a sus hijos. Los progresos de la educación y la enseñanza son notables en esta etapa. De hecho, al aumentar la población, las calles y cuadras van alargándose y los barrios, al ensancharse, van a colindar con los ríos. La división de la villa en cuartones se va a mantener, oscilando los mismos entre cuatro y siete, durante el periodo que nos detiene, pero aumentando el número de comisarios de barrio.
Cuenta tenida de la degradación de viviendas, causada por incendios que se suceden en la villa, las autoridades publican una ordenanza urbana que prohíbe el uso del guano para cobijar los techos de las viviendas del perímetro central. Las viviendas, todas de madera, comienzan a ser levantadas en mampostería y a techarse con tejas. Es, con esa medida, la primera gran rehabilitación del centro, aunque no quiere decir que todas las familias lograron reconstruir sus casas. Más tarde, la medida fue extendida a todo el distrito de Santa Clara. El “centro” continúa en constante transformación, con la aparición de nuevos edificios públicos, colegios y academias; y las calles incorporan su nombre en tablillas de madera, una novedad en la epigrafía local, transformándolas más tarde en placas de hierro fundido, como igualmente la numeración de las casas. La villa bulle en proyectos, pero no todos ven la luz, o se ejecutan a medias, como fue el remozamiento de la plaza Mayor. Entre las obras que incidieron en el saneamiento urbano, estuvo la destrucción del Corral del Concejo, y la construcción de un “rastro” para ganado, en la zona rural colindante. Santa Clara se dota de un nuevo hospital[22], y de su primer puente oficial, proyectado para la calle del Calvario sobre el río de la Sabana y finalmente construido sobre el mismo río, pero en la calle Santa Elena[23]. A la salida de la misma calle, que daba acceso al hospital y al cementerio, fue construido el segundo puente de Santa Clara[24]. El proyectado puente sobre el río Bélico al término de la calle del Calvario vio la luz casi finalizando esta etapa[25]. Las autoridades reforman la plaza del mercado, convierten la ermita de la Candelaria en Cuartel, así como también la abandonada escuela Pía. Igualmente levantan un campo militar en la sabana al sur de la villa y terminan la obra del Polvorín, situado al oeste; logran terminar el remozamiento de la plaza Mayor comenzada años antes, amplían la cárcel y reajustan la trama vial y el nivel de las calzadas. Dos momentos cruciales vivirán los poblanos en un corto periodo de tiempo, primero el establecimiento del alumbrado público utilizando para ello unas ciento cincuenta farolas, luego, la edificación de la estación de trenes, conocida como “el paradero”, que permitirá unir a la villa al sistema ferroviario que progresaba en la Isla. Santa Clara conocerá en esta etapa un progreso cultural sostenido por la instalación de la primera imprenta y con ella la aparición de los primeros periódicos[26] así como la creación de academias, colegios y de la Sociedad Filarmónica, encargada de promover las manifestaciones artísticas. En el plano arquitectural, una edificación levantada en la década del 50’, a solo cien metros de la plaza, marcará una pauta en los anales urbanos, por haber sido el primero de tres niveles, de la villa y de la región central[27]. Terminada esta tercera etapa de la evolución urbana, la villa cuenta poco más de 43 000 habitantes, ocupando 1120 casas repartidas en sus cuarenta y una calles trazadas buscando los cuatro puntos cardinales. El desarrollo urbano iba aparejado con las comunicaciones.
La cuarta etapa[28] en la evolución urbana de Santa Clara durará cuarenta años, y será, antes del comienzo del siglo XX, aquella en que la villa se dotó de un espléndido teatro, largamente reclamado por los villaclareños, y en la cual el paisaje urbano se irá transformando con nuevas fachadas y ornamentos, así como reordenamientos dignos de una villa aspirando colocarse el cetro de ciudad, título que le fue conferido en 1867. La villa ha ido extendiendo sus calles hasta unirse a los caminos surgidos del otro lado de los ríos. En los primeros sesenta años del siglo XIX, los diferentes gobiernos de la provincia, con el concurso del Cabildo, habían llevado a cabo algunas de las obras proyectadas, y otras quedaron sólo en proyectos, que vinieron a ejecutarse en los últimos cuarenta años del siglo, que es la etapa que nos retiene. La primera obra a ejecutarse fue la construcción de un puente bautizado Isabel II sobre el río Cubanicay, uniendo la calle Santa Elena con el camino de Remedios[29]. El puente no soportó la crecida del Cubanicay en 1890, y un lustro después volvió a reconstruirse, adoptando como nombre Puente de la Cruz y que se convertirá en el puente más emblemático de Santa Clara. Uno de los sitios que más evolucionó en esta etapa, fue el cuadrilátero primitivo y central de la villa, la plaza Mayor, que las autoridades del cabildo van a rebautizar como Plaza del Recreo, en un primer momento, y que después de la independencia adoptará el nombre del patriota por el que se le conoce actualmente[30]. Entre ambos momentos la plaza como tal será reordenada totalmente, incorporándosele jardines y ornamentos. La imagen alrededor de la plaza también cambiará de aspecto, cuando es demolida la ermita de la Candelaria, que albergaba el cuartel de Infantería[31] deja de funcionar y en su lugar nacerá en 1885 el teatro La Caridad, que Marta Abreu[32] regala a la ciudad. Fuera del perímetro de la plaza, dotada ahora de soportales, se suceden las nuevas construcciones, la incorporación de ornamentos y molduras, balcones, balaustradas y enrejados de hierro, que darán un toque elegante a la recién bautizada ciudad. Si en la primera y segunda etapas de la evolución de Santa Clara, fueron sus protagonistas los presbíteros Conyedo y Hurtado de Mendoza, en la cuarta etapa, Marta Abreu, ocupa todo el protagonismo en el empuje que se le dio a la ciudad, y que fue palpable en el corazón de la villa así como en sus prolongaciones. Dos monumentos marcarán el patrimonio local, primero la colocación de la cruz en el puente que lleva su nombre y luego la erección del monumento a los padres benefactores de la villa. Obra singular en el paisaje de la ciudad, entonces periurbano, fue la construcción al lado de los ríos, de cuatro lavaderos públicos con el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo de las lavanderas, como singular fue la construcción del Dispensario “El Amparo” y de una planta eléctrica, que permitió un alumbrado moderno al interior de los dos ríos. Escuelas como la pública N° 20 Carlos J. Finlay y otros edificios matizaron el urbanismo in crescendo de la cabeza del partido judicial de Santa Clara, al término de un siglo, que fuera rico en progresos, y vivero de patriotas, en una tierra que vio arder sus campos, morir sus hijos blandiendo alabarda y machete, en el curso de dos guerras por una anhelada independencia.
Un año antes de comenzar el siglo XX, comienza la quinta etapa evolutiva de la ya ciudad de Santa Clara[33]. La etapa está marcada en su inicio por el término de su condición colonial y el traspaso del gobierno de Cuba a los norteamericanos, con el estatuto de ocupación militar. Santa Clara y su jurisdicción, habían sufrido las consecuencias de la reconcentración de Weyler[34]. Por un lado, la riqueza azucarera y tabacalera se vio arruinada, y la ciudad conoció un aumento de su población, producto del éxodo de las familias que huyeron de los campos o que se vieron forzadas a reconcentrarse en los pueblos y ciudades.
El gobierno de ocupación norteamericano al mando del general Brooke duró cuatro años[35], al cabo de los cuales Cuba se desgajó de su condición de país ocupado y marcó el nacimiento de su condición de República. Santa Clara iza la bandera cubana en su ayuntamiento el 20 de mayo de 1902, convirtiéndose en la primera gran manifestación pública de la ciudad, y para sus habitantes comienza un siglo, una nueva condición y la ilusión de poner en marcha el futuro de la capital provincial. Durante los cincuenta y dos años que durará esta etapa evolutiva, y durante la cual se han sucedido dos administraciones norteamericanas[36], 16 presidentes y una presidencia múltiple conocida como Pentarquía, la ciudad de Santa Clara va a remodelar su paisaje urbano, tanto en el ensanche de sus barrios, como por la ejecución de obras arquitecturales duraderas. Conviene decir que es durante esta etapa que la ciudad va a transformar su silueta urbana en general y de su centro histórico en particular. Al activar la reorganización de su centro vital, que es el parque Leoncio Vidal, y de los ejes viales que llegan y salen del mismo, la ciudad va en busca de una modernidad urbana con la consiguiente pérdida de valores patrimoniales. Las fachadas coloniales van a transformarse en fachadas neocoloniales, otras serán enteramente transformadas dándole el toque ecléctico que caracteriza a los inmuebles villaclareños, y así mismo, el patrimonio histórico urbano quedará huérfano al ser demolida la Parroquial Mayor, y que fuera el primer gran inmueble, construido en los albores de su fundación. Cabe recordar que durante el periodo presidencial de Gerardo Machado[37], Santa Clara se va a dotar de importantes construcciones públicas como también quedará pavimentada y construida su red de alcantarillados y de potabilización del agua. Las gobernaciones provinciales y las administraciones municipales que tuvieron a cargo las riendas del batallar socio-económico de la ciudad, jugaron un rol preponderante en el desarrollo evolutivo del centro y en el mejoramiento de las infraestructuras, hasta los contornos de sus límites periurbanos, donde comienzan a levantarse los primeros repartos[38] residenciales.
La más corta de todas las etapas corresponde al periodo que va desde el golpe militar perpetrado por F. Batista en marzo de 1952 hasta su abandono del país la víspera de 1959[39]. La evolución urbana de Santa Clara se extenderá más allá de los límites periurbanos y siguiendo los ejes viales que salen de la ciudad. Un nuevo aeropuerto al nordeste de la ciudad, una estación de autobuses con toda la infraestructura necesaria, una moderna universidad, edificios educacionales y centros hospitalarios surgen también al este, al noroeste y al sur. La ciudad de Marta, como llaman los pilongos[40] a su ciudad, ve emerger nuevas infraestructuras, pero no constata una evolución industrial que permita un desarrollo durable de su economía, y del sustento poblacional. La industria villaclareña se reduce a actividades de servicios y no productivas, lo que conlleva a que la población laboral activa se mantenga atada a los empleos temporales que ofrece la industria azucarera. Aparecen nuevos repartos en distintos sectores y el centro de la ciudad se dota de edificios de apartamentos en los solares aún no construidos, o sobre plantas de inmuebles coloniales. En el centro surgen igualmente los pasajes[41] controlados por los casatenientes[42] y se construye en el mismo centro vital, a un costado del parque Vidal, un edificio concebido como hotel y que incorporó un cine-teatro en su planta baja. La estructura de acero y cemento se convierte en el edificio más alto del interior de la república y va a marcar el desarrollo urbano y arquitectural de la ciudad en esta etapa. A la par del desarrollo evolutivo, constataremos una involución en el ordenamiento del tejido urbano y en la inatención del tratamiento de las aguas albañales que van a provocar la contaminación y el deterioro de los dos ríos que atraviesan Santa Clara de sur a norte.
Tanto en los primeros cincuenta años de República, como en los siete años de dictadura batistiana, Santa Clara va emerger como un centro cultural dinámico, en el seno del cual surgen y se forjan voces de artistas e intelectuales, unidos a industriales, agricultores, comerciantes, ganaderos y propietarios empeñados en sacudir la ciudad de la lentitud provinciana[43]. Cabe recordar la creación del Grupo de los Mil, que fuera una institución ciudadana que tenía como objetivos “promover el bienestar de la comunidad (…) y alentar todo empeño de utilidad común…”[44]
La etapa que va de 1959 a la actualidad merece múltiples subdivisiones, acordes a los imperativos de las políticas urbanas puestas en marcha por el gobierno revolucionario desde entonces[45]. Entre 1959 y 1962 el desarrollo urbano no estuvo entre los objetivos prioritarios de las autoridades a pesar de haberse concebido un primer plan director para la ciudad. De hecho las autoridades comenzaron, para dar al traste con el pasado reciente, la remodelación del parque Vidal, la demolición de fuentes, estatuas y de la famosa pérgola[46]. No obstante, desde el propio año 1959, se observan cambios en el interior de la trama urbana. La creación del INAV[47] permite la inserción de bloques de viviendas familiares en espacios libres de la trama, y se acomete la construcción de un barrio[48] –todavía hoy no terminado- concebido para reubicar a los pobladores del cinturón periférico nacido en el suroeste de la ciudad. Los barrios aledaños al centro vieron sus calles pavimentadas y conectados al sistema de acueducto y alcantarillado, infraestructura necesaria pero que no tuvo en cuenta las fuentes de abasto y de desagüe. Desde 1962 se paralizaron algunas construcciones e infraestructuras urbanas para dar paso a la industrialización proyectada en terrenos de la periferia[49] ocupados por fincas de cultivos y frutales. Las obras comenzaban, se paralizaban y recomenzaban, o se ejecutaban como una meta, siempre al ritmo de los cambios que se operaban en las políticas sociales y económicas del país. En ese sentido se construyeron industrias, escuelas tecnológicas y viviendas que se incorporaron al paisaje periurbano de la ciudad. Las autoridades inmersas en metas de “desarrollo social” deciden la demolición de inmuebles del centro, para levantar edificios incompatibles con la armonía del patrimonio construido, lo que confirma la poca importancia que daban a los valores arquitecturales y patrimoniales de la ciudad. La realización de nuevas obras no significa ciertamente evolución urbana, si consideramos que las mismas se insertaban en un medio desprovisto de servicios e infraestructuras necesarias. La creación de nuevos repartos y bloques de viviendas no fueron suficientes para paliar el déficit de viviendas. Surgieron nuevas áreas de desarrollo espontáneo, y con ello aumentaron las áreas insalubres y la contaminación de los ríos y el manto freático por la insuficiencia de alcantarillados. En la década de 1980 las construcciones, -notablemente las educacionales, se paralizaron y la inversión fue desviada al mantenimiento constructivo de las misma, abandonado durante años. Otro esquema urbano, finalizando los 80’ concibió la realización de un nuevo centro político administrativo, teniendo como eje principal una plaza de actos, en funcionamiento desde los inicios de la década de 1990.
En el año 2000 quedó terminado el “Plan General de Ordenamiento Territorial y Urbano de Santa Clara”, un esquema de desarrollo capaz de encadenarse al esquema nacional, mientras, las autoridades continuaron trabajando en las nuevas regulaciones urbanas siguiendo el esquema elaborado precedentemente en 1988.
La primera década del siglo XXI, no ha visto soluciones a los problemas urbanos de Santa Clara, que como el resto de las ciudades en particular, y del país en general, afrontan las dificultades que han traído las diferentes crisis: las crisis inherentes a la sociedad cubana, la crisis nacida con la caída del Muro de Berlín, confirmada con la desaparición de la Unión Soviética, principal sostén económico de la Isla hasta 1991 y el encadenamiento de otras crisis de orden regional y global.
La evolución urbana va aparejada al desarrollo económico del país, y este desarrollo adolece de perspectivas. Concerniendo la ciudad de Santa Clara, que celebró en el 2009 sus 320 años de fundada, la evolución se torna involución, y las autoridades políticas y de la administración local, que dependen directamente de todos los niveles a los cuales están subordinadas, no pueden hacer otra cosa que adaptar la ejecución de sus planes a las directivas que les llegan de los niveles nacionales.
Remedios sucumbió primero al ser obligada a su traslado a la hacienda donde asentaron sus propios hijos la villa que devendría ciudad de Santa Clara, sucumbió a cada surgimiento de nuevos términos poblacionales en su jurisdicción y cayó en el letargo de los pueblos con vida y riqueza urbana, pero con un futuro incierto, que comenzó con la quema de su ayuntamiento finalizando el año 1958.
Santa Clara nació a la sombra de un árbol frondoso, que la leyenda recogió como un tamarindo al cual se venera hoy día, pero sin tener la certeza de que lo fuera. Como un caballo encabritado, su pueblo, venido de otros puntos o nacido pilongo, cabalgó sus tierras y las hizo ricas y prósperas, dio vida al terreno intrarrios y los cruzó para aventurarse en la tarea de plantificar y poblar. Durante más de tres siglos ha plantificado y poblado, y también ha incurrido en el desprecio a sus valores patrimoniales, en el olvido de figuras claves en la evolución urbana de Santa Clara, y en la apropiación de nuevas figuras, en efecto, históricas, pero que no deben pesar en la memoria colectiva de un pueblo cuya evolución urbana ha entrado en la cuarta centuria[50].
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Carlos A. Casanova, La propriété du logement urbain à Cuba. Conflits et acteurs de 1959 jusqu’en 2005, Thèse doctorale, Université Paris III – Sorbonne Nouvelle – Iheal, Paris, 2007.




[1] Pirata – filibustero conocido como François L’Ollonois (el Olonés), asentado en la isla Tortuga y desde la cual perpetraba sus incursiones. En el saqueo llevado a cabo por el pirata en 1658 en los cayos al norte de Remedios, son pasados por las armas todos los miembros de una tropa española enviada a hacer frente al ataque.
[2] San Juan de los Remedios del Cayo fue fundada en 1515 por Vasco Porcayo de Figueroa, en el asentamiento de un poblado indígena. Leví Marrero, Geografía de Cuba, La Moderna Poesía, EU, 1981, quinta edición, pp. 535 – 537.
[3] Manuel Dionisio González, Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción, Imprenta del Siglo, Villaclara, 1858, pp. 2 – 44.
[4] Martha S. Escalona, Silvia Hernández, El urbanismo temprano en la Matanzas intrarrios (1693-1840), Ediciones Matanzas, Matanzas, 2008.
[5] Ver anexo N° 1. Plano fundacional de Santa Clara. 1689.
[6] González, Memoria histórica de la villa de Santa Clara, pp. 53 – 54.
[7] Primitivamente, la villa se fue dividiendo en cuartones, que serán los embriones de los barrios actuales.
[8] Ver anexo N° 2. Evolución urbana de Santa Clara entre 1689 y 1699.
[9] Actual calle Rolando Pardo, pero popularmente llamada calle Buenviaje.
[10] Actual río Cubanicay.
[11] Ver anexo N° 3. Evolución urbana de Santa Clara entre 1700 y 1799.
[12] La mercedación de los solares, otorgaba una forma de propiedad territorial y permitía mantener las reglas del trazado urbano. Los solares medían 30 varas de frente por 40 de fondo, es decir, 25 x 33 metros.
[13] Actual calle Maceo.
[14] Actual calle Tristá.
[15] Actual calle de Marta Abreu.
[16] Actual río Bélico.
[17] Se le denominaba “pardos” y “morenos“ a las personas que hoy día se dicen “mulatos” y “negros”.
[18] Esta laguna, más tarde desecada, debe su nombre a un armador francés que haciendo camino entre Santiago de Cuba y La Habana, se asienta a proximidad de la misma.
[19] Más adelante conocido como arroyo de la Tenería.
[20] Actual calle Cuba.
[21] Ver Anexo N° 4. Evolución urbana de Santa Clara entre 1800 y 1860.
[22] Hospital de San Lázaro, en la periferia oeste de la villa.
[23] Actual calle Independencia.
[24] Puente O’Donnell, bautizado así en homenaje al capitán general de la Isla que visitara la villa en 1845. El puente es conocido popularmente como “puente de los buenos”.
[25] Puente del Gallego.
[26] En 1831 Don Manuel Sed monta la primera imprenta y aparece el periódico “El Eco”, al cual seguirán dos nuevas imprentas.
[27] Se trata del edificio “El Billarista” actualmente restaurado y renovado después de estar cerrado por espacio de tres décadas.
[28] Ver Anexo N° 5. Evolución urbana de Santa Clara entre 1861 y 1899.
[29] Puente popularmente conocido como “puente del minero” en la época que tratamos.
[30] Siguiendo la proposición del concejal Enrique del Cañal, el ayuntamiento acordó en el mismo año de 1899 nombrar Leoncio Vidal y Caro, a la plaza donde cayera mortalmente herido el referido patriota villaclareño.
[31] El regimiento es trasladado a un nuevo cuartel llamado Tarragona.
[32] Doña Marta Abreu de Estévez (Santa Clara 1843 – Paris 1909), hija ilustre de la villa, se le conoce como la benefactora de la ciudad, a la que aportó innumerables obras, para todos en general para los pobres en particular.
[33] Ver Anexo N° 6. Evolución urbana de Santa Clara entre 1900 y 1951.
[34] El general español Valeriano Weyler dictó el 21 de octubre de 1896 el bando de reconcentración con el objetivo de impedir cualquier apoyo de la población campesina a las tropas independentistas.
[35] El traspaso de la Isla al gobierno de ocupación comenzó el 1ro de enero de 1899.
[36] La segunda ocupación norteamericana de Cuba se desplegó desde el 29 de septiembre de 1906 hasta el 28 de enero de 1909.
[37] Gerardo Machado fue Presidente de la República durante dos mandatos  entre 1925 y 1933.
[38] Las urbanizaciones o parcelaciones ejecutadas fuera del entramado urbano villaclareño se denominaron “repartos”.
[39] Ver Anexo N° 7. Evolución urbana de Santa Clara entre 1952 y 1958.
[40] El término “pilongo” tiene su origen en el acto de bautizo de los nacidos en la villa y bendecidos en la pila bautismal de la iglesia parroquial. Luego el término se generalizó a todos los nacidos villaclareños y en la actualidad, pilongos son los nacidos en Santa Clara, y pilongos se sienten aquellos que aunque no nacidos, aman la ciudad del Bélico.
[41] El primer inmueble construido como “pasaje” en Santa Clara, (Pasaje Luyanó) data de la segunda década del siglo XX y fue levantado en la periferia urbana, donde comenzaban a asentarse familias de muy bajos recursos. Los “pasajes” a los que hacemos referencia en esta etapa, se construyeron en espacios libres de manzanas, al fondo de una o de dos viviendas pertenecientes a un mismo casateniente.
[42] Se denominaba “casatenientes” a los propietarios de una o más casas, las cuales mantenían en arrendamiento.
[43] Libro de Oro de Santa Clara, Talleres Gráficos del Colegio de las Antillas, Santa Clara, 1956.
[44] El Grupo de los Mil fue fundado en Santa Clara en enero de 1944.
[45] Ver Anexo N° 8.Aglomeración urbana de Santa Clara con señalamiento de los tramos viales, zonas residenciales e industriales creadas a partir de 1959.
[46] El parque Vidal era conocido además de por ser una de las plazas más hermosas de la Isla, por ser el foco de racismo latente entre blancos, negros y mulatos. La hostilidad entre unos y otros al violar sus “límites” territoriales trajo consigo serios enfrentamientos en diferentes épocas republicanas.
[47] Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, creado por la Ley N° 86 del 26 de enero de 1959.
[48] Barrio o Reparto América Latina.
[49] Industria Nacional Sidero-mecánica de Santa Clara, al noroeste de la ciudad, y más tarde, en los años 80’, el Combinado Textil de Villaclara “Desembarco del Granma”.
[50] Ver Anexo N° 9. Mapa general de Santa Clara con señalamiento de los ejes de comunicación vial y ferroviaria, así como aeroportuaria.