mardi 30 mars 2010

Santa Clara 2010 Premio de Conservación y Restauración de Monumentos

Después de unos días de pausa, -por haraganería quizás, yo diría, por el placer de la pausa, y también para no atiborrarlos con mis escritos pilongos, me complace compartir el evento que recientemente tuvo lugar en la ciudad del Bélico, hace justamente diecinueve días, y que por abandono no traté antes, pero como “nunca es tarde si la dicha es buena”, tampoco es tarde para saludar el evento “Premio Conservación & Restauración de Monumentos Villaclara 2010”. Debo decir que este evento está coauspiciado por la UNAICC y el CPPC de la provincia villaclareña. La entrega de los premios tuvo lugar en la Sala Marta Abreu del recién restaurado teatro La Caridad, al principio de la tarde del 11 de marzo, con el acompañamiento del trío de cuerdas Álter Ego. Precisamente en el teatro, porque como diría Hilda Cárdenas en la apertura de la ceremonia, “nos damos cita en este singular edificio, Monumento insigne de la ciudad y su cultura. De altísimos valores, legado de nuestra patriota y benefactora Marta Abreu de Estévez, Monumento Nacional del entorno del parque Leoncio Vidal Caro, […].” El acto estuvo presidido por las autoridades provinciales y municipales, y entre ellas, dos personas a quienes saludo desde esta crónica, a la directora del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, Irina Gutiérrez; y a Jorge Jacinto Alba, presidente de la UNAICC en la provincia de Villaclara, como también saludo a dos figuras relevantes en la cultura, invitadas ellas, y me refiero a Marta Anido Gómez Lubián; y a la pintora Aida Ida Morales, quien fuera uno de los artistas que participaron en la restauración del teatro en 1988. El jurado encargado de determinar entre 8 nominaciones los premios de este VII evento estuvo presidido por la arquitecta Blanca Hernández Gibernau y como secretaria general, la arquitecta Yiset Betancourt Casanova, los miembros restantes, todos arquitectos, fueron, la doctora Gloria Esther Artze Delgado, Lilian Vilariño y el doctor Andrés Olivera, conocidos todos por su alto nivel profesional.
Los resultados del certamen fueron:
Mención en categoría Conservación: Vivienda de la calle Máximo Gómez N° 20, Ranchuelo. [“Por constituir una construcción doméstica neoclásica de principios del siglo XX de exquisita factura. Su uso como vivienda ha sido invariable en el tiempo. Es loable el esfuerzo realizado por su propietario para mantener al máximo la originalidad y autenticidad de la misma pese a lo limitado de los recursos disponibles y el poco apoyo recibido por parte del municipio. La acción constante de mantenimiento, el esmero por su conservación y el uso original mantenido, son los elementos que han favorecido que llegue intacta hasta nuestros días. No ha requerido de acciones de reparación o rehabilitación, las que resultan, sin lugar a dudas, más costosas. Cabe resaltar el interés de su dueño por conservar los bienes muebles de valor heredados como parte de su patrimonio familiar. Se recomienda a la Delegación que nomina que contribuya a gestionar con las instituciones del municipio para que presten la debida atención y faciliten los mínimos recursos necesarios para mejorar su imagen y contribuir aún más a su conservación”, palabras de Blanca Hernández]

Premio en categoría Conservación: Casa de Las Seigle, actual restaurante “El Colonial”, Remedios. [“A la vivienda construida en 1863, que constituye un valioso exponente de la arquitectura proto-neoclásica de esta época, ubicada dentro de la zona de valor I de un Centro Histórico Urbano declarado Monumento Nacional. Su única intervención de restauración y rehabilitación está fechada entre 1949 y 1950, y mantuvo su uso doméstico hasta la década de 1970, año en que es adquirida y protegida por el estado; es posterior a 1990 que adquiere el uso actual. Durante este último tiempo el inmueble no sufre ningún tipo de transformación y el uso actual se adecua a su estructura original. Las sucesivas administraciones han tenido una consecuente labor de conservación y mantenimiento que han facilitado el buen estado general del inmueble y de sus detalles más auténticos. El Jurado reconoce la buena calidad de su presentación y defensa. Se recomienda a los propietarios del mismo recuperar algunos de los exponentes originales de su mobiliario que se conservan en el Museo Municipal e integrar a ellos el nuevo mobiliario de las salas principales de uso público”, palabras de Blanca Hernández] 
1ra mención categoría Restauración: Tienda “El Billarista” (ver El Billarista, calle Marta Abreu N° 52 , El Billarista, a pie de obra (marzo del 2009) , La nueva cara del Billarista (enero 2010) ). [“La primera representa una intervención necesaria donde se recupera la morfología esquinera de un inmueble de altos valores que posee una amplia investigación histórica, logra recuperar sus valores ambientales para el contexto en que se presenta. Este edificio emblemático amenazado a desaparecer después de más de 30 años de encontrarse en estado de ruina, se recupera utilizando técnicas constructivas y materiales novedosos. El jurado recomienda a los explotadores del inmueble, en estrecha vinculación con los inversionistas, proyectistas y con la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, establecer las regulaciones especiales para la conservación de lo recuperado”, palabras de Blanca Hernández.]

2da mención categoría Restauración: Hogar Materno de Remedios. [La segunda mención, es para una obra que constituye un valioso exponente de la arquitectura doméstica del siglo XIX, ubicada en un Centro Histórico Urbano declarado Monumento Nacional. Fue construida entre 1854 y 1855. Su singularidad está dada por la influencia que tiene de la vivienda matancera de esta época. A finales de 1990 deja de ser vivienda para convertirse en hogar materno. El alto grado de deterioro motiva su rehabilitación total como parte del programa integral de recuperación del Centro Histórico y su intervención se acomete entre el 2008 y el 2009, de total acuerdo con los principios de restauración, y su ejecución resulta de buena calidad”, palabras de Blanca Hernández.]
Premio categoría Restauración: Teatro “La Caridad”, Santa Clara (ver en www.casanovacarlos.blogspot.com los ocho artículos sobre el teatro). [A una obra con declaratoria de Monumento Nacional, otorgada por La Comisión Nacional de Monumentos en el año 1982, es insignia del patrimonio cultural de su ciudad. El éxito de la gestión de intervención transita, primeramente, por el reclamo de su comunidad, dado por el sentido de pertenencia, el reconocimiento de sus valores y su sensibilidad ante el noble gesto de donación de su benefactora y patriota, en el año 1885. Con precedente de intervención entre los años 1982-1988 asumidos por especialistas del CENCREM, con un equipo de trabajo de la provincia y ejecutados igualmente por la Empresa de Construcción y Mantenimiento del Poder Popular, tuvo un carácter de restauración científica. Por problemas de recursos, en las cubiertas, sistema hidrosanitario, tabloncillo de la platea, foso del escenario, camerinos, etc., solo pudieron ejecutarse acciones de conservación, siendo estas áreas las que en los últimos 18 años continuaron con el deterioro acelerado que provocó un fallo estructural y por ende la clausura del teatro, el 8 de mayo del 2006. La actual intervención logró resolver los problemas antes descritos en una adecuada gestión y manejo, con la participación y apoyo esperado del gobierno del municipio y la provincia. El enfoque multidisciplinario ha posibilitado su ejecución bajo conceptos de rigor. Todos los criterios de intervención fueron fundamentados por una rigurosa investigación documental y arqueológica del monumento y el respeto por su autenticidad. Todas las acciones ejecutadas han sido debidamente documentadas en su expediente pasando a formar parte de la estratificación histórica como memoria para extender la vida útil del inmueble”, palabras de Blanca Hernández]

Cabe señalar que el jurado propuso a la Comisión provincial de Monumentos, la nominación de las obras premiadas al evento nacional de Conservación y Restauración 2010. Creo que, para quienes amamos y nos preocupamos por el patrimonio, no solamente de la ciudad del Bélico, también de todo el territorio provincial, nos satisface saber que hay muchas personas, a rango personal y por laboriosidad profesional, involucradas en el rescate y la conservación del patrimonio urbano que nos legaran nuestros antepasados recientes y menos recientes. E insisto en que, desde esta página croni-comentarista que de cuando en cuando desempolva recuerdos de la ciudad de Marta, se saluda a todas esas personas, y a las instituciones, sin que por ello cerremos los ojos ante otros abandonos y barbaridades que pasan en la ciudad de las hoy turbias aguas del Bélico y del Cubanicay. ©cAc

mercredi 17 mars 2010

Los lavaderos públicos de Santa Clara

Retomo el tema de los lavaderos públicos de Santa Clara, porque nunca me parecieron suficientes las dos partes en que fueron tratados los mismos a finales del 2008. En el 2009 cuando volví a Santa Clara, me prometí visitar los cuatro para conocerlos más, y dedicarles un espacio a cada uno por separado. Con ello quiero sensibilizar a mucha gente que desconoce la existencia de ellos, o que saben que existen pero nunca los han visto, o ni tan siquiera han caminado cerca. Soy responsable de lo que digo, porque lo constaté preguntando a quienes pasaban a dos pasos de ellos. Me pregunto cómo la gente puede borrar un pasado histórico tan ligado a la vida urbana. La memoria flaquea cuando el patrimonio local no se atiende como debiera, cuando no se divulga lo suficiente, cuando no se enseña mientras somos escolares. Los cuatro lavaderos, construidos en la segunda mitad del XIX fueron obra de Marta Abreu de Estévez en su incesante interés por ayudar a los más desfavorecidos. Con los lavaderos, daba un lugar a la condición humana de las mujeres, las mujeres pobres de la ciudad que “lavaban para afuera”, es decir, para las familias ricas. Santa Clara era una ciudad pobrísima y los lavaderos mandados a construir por Marta fueron la expresión de la necesidad que tenían sus habitantes de ciertas “comodidades”. En este caso, de las mujeres, que iban a lavar al río, y faenaban expuestas al sol, a la lluvia, con las condiciones que ellas mismas se procuraban. En su bregar europeo, Marta observó la utilidad de los lavaderos, y de vuelta a la Isla, trajo con ella la noble idea. Los cuatro lavaderos públicos fueron inaugurados el 15 de mayo de 1887. Santa Clara no era una villa vieja adolorida por la decrepitud, aún no tenía dos centurias, su título de ciudad lo había obtenido sólo veinte años antes y se situaba entre las ciudades que progresaban en la Isla, pero en la villa abundaba la tabla, el guano y mucha pobreza, fuera del centro urbano, donde vivían mayoritariamente las lavanderas. Los pueblitos franceses de cualquier punto del hexágono muestran orgullosos hoy sus lavaderos como reliquias que puede uno tropezarse caminando por sus calles. Los cuatro nuestros, levantados en las orillas del Bélico y del Cubanicay, no tienen toda la atención que el gesto de Marta merece conservar. La idea de reutilizarlos, es válida, pero sin que se descuide su mantenimiento, la mantención de sus líneas decorativas, de su arquitectura. Recuerdo que en una época no lejana, el tema de los lavaderos en franca deterioración, no le interesaba a nadie. Y todavía no se les ha prestado el debido cuidado pese al interés persistente de personas ávidas por rehabilitar el patrimonio público. En cada lavadero fue colocada una tarja que dice “Lavaderos públicos gratuitos para la clase pobre de Villaclara”.
Quiero referirme ahora a una carta de Marta Abreu escrita al Alcalde de Santa Clara. En la carta, con fecha 15 de enero de 1887, a propósito de la construcción de los lavaderos, Marta Abreu le hacía saber que "
he resuelto hacerlos a mis expensas y donarlos graciosamente al Municipio, a condición de que sean gratuitos a perpetuidad, y de que en ningún tiempo puedan ser enajenados ni gravados"
. [...].
Ahora bien, por qué no hemos sabido cuidar lo que fue construido para mejorar el pesado trabajo de las lavanderas de río?, cierto, las lavanderas de río, ahora son sólo un recuerdo, que incluso las nuevas generaciones no se preocupan por conocer, pero, por qué no restaurar debidamente esos cuatro sitios que hacen parte del patrimonio histórico y urbano de Santa Clara? Una rehabilitación permitiría, no solo rescatarlos del abandono y del olvido, sino también una revitalización del área urbana que los rodea. No conozco en la isla, de la existencia de lavaderos como los que fueran construidos casi al final del siglo XIX en Santa Clara. Al cabo de 123 años, estará echada la suerte de los lavaderos? ©cAc

mardi 16 mars 2010

Lavadero de Pastora (río Cubanicay)

El lavadero de Pastora, construido para las mujeres del sureste de Santa Clara, está enclavado en la orilla izquierda del Cubanicay, donde termina la calle Nazareno. El lavadero es poco visible. Los carros, al llegar a Unión, doblan a la izquierda, pues Nazareno justamente se convierte en un “impasse” donde se levanta el lavadero. Para acceder al otro lado del río, existe un puente peatonal estrecho, pero que sólo usan los rivereños y quienes saben que pueden acortar por él para llegar al Sandino. Yo diría, es casi invisible para quienes no llevan la curiosidad a flor de piel. Desde mi casa, y en bicicleta, es casi directo. Febrero era fresco pero teñido de azul y de esperanzas. Llamé desde la calle, y el recibimiento fue a ladridos. Pero luego llegó el custodio y el perro reconoció en mí un curioso perdido al final de la tarde. Como mis intenciones eran simple curiosidad, el custodio me acompañó en el recorrido. Por momentos cerraba los ojos para ver los otros lavaderos, el del Puente, y el del Condado, pues me faltaba aún el del Carmen. Intentaba imaginarlo, como los otros, con sus transformaciones, con sus “abandonos”, pero no logré establecer un paralelo. Cuando cesó su función original, no sé qué fue de él. El de Pastora ha sido tan mutilado que ha perdido el encanto de portales y columnas. El portal lateral izquierdo fue tapiado con bloques por unos lados, por el frente, paredes levantadas con puertas y ventanas, del lado derecho, el portal forrado con tablas. No sé desde cuando, sólo sé que el inmueble pertenece a la dirección de comunales, que se encarga de la limpieza de la ciudad. La antigua casa lavadero es oficina, almacén y hangar de los equipos de jardinería y limpieza. Bancos amontonados, una lámpara del alumbrado público. Salí al portal del fondo, que no ha sido tapiado, pero que en su caída fue agrandado, y en esa parte, protegido con una cerca de malla. Los pisos de mosaicos, destrozados, las columnas carentes de sus elementos decorativos a manera de capiteles. La carpintería que sostiene el tejado es la que menos ha sufrido. Por qué llegar a ese extremo de sobre uso y abandono? Por qué no haberle dado al sitio una utilización colectiva, que en lugar de haberlo descuartizado, hubiera podido aprovechar el espacio verde y natural del río?, un espacio de recreo, un sitio para leer, para desarrollar atelieres nobles que no maltrataran la estructura interior del recinto. Si cruza el puente peatonal, se dará cuenta que el lavadero fue levantado en altura, donde termina la calle y comienza el declive al río, lo que lo convierte en un mirador natural hacia el Este. Con este sector del río recuperado y una buena utilización de la vieja estructura colonial, Santa Clara ganaría en color y por supuesto, marcaría pauta en el rescate de su patrimonio. ©cAc.


  

Lavadero del Carmen (río Cubanicay)

Para las mujeres que lavaban en el Cubanicay, y que vivían al nordeste de Santa Clara, fue construido el lavadero del Carmen. También en la calle Santa Rosalía, pero en el extremo opuesto al del Puente. En la parte alta de la calle, que termina en el barranco que lleva al río. Su fachada mirando al norte, rodeado de portal y aquel de la izquierda con vista al Cubanicay, unos metros más abajo, un descenso suave hasta la orilla rica en tierra fértil sombreada por enormes copas de árboles, y donde la “mata de mangos” era reina. El lavadero del Carmen, unos de los cuatro con los que se dotó Santa Clara para beneplácito de sus lavanderas. La misma tipología constructiva, casi idénticos portales para soportar el bochorno del mediodía, la misma brisa y en el aire, los cantos de las lavanderas en su diario bregar. Es éste, del que menos se habla. Podríamos decir que el más retirado de todos, aunque a escaso medio kilómetro del centro. Convertido en casa de vivienda, y evidentemente ocupado por una familia. He aquí un ejemplo concreto de en lo que puede convertirse el patrimonio local villaclareño, si no echamos mano a la jurisprudencia, a las cláusulas y a las viejas escrituras. Los lavaderos mandados a construir por Marta Abreu y regalados a las mujeres lavanderas de Santa Clara en 1887, quedaban a la custodia de la municipalidad, y de su puño y letra, la benefactora escribió a la más alta autoridad del Ayuntamiento que: "he resuelto hacerlos a mis expensas y donarlos graciosamente al Municipio, a condición de que sean gratuitos a perpetuidad, y de que en ningún tiempo puedan ser enajenados ni gravados"[…]. Desde cuando fue transformado en vivienda? Bajo qué gobierno local fue entregada y ocupada por la familia? No tengo nada en contra de que la familia disfrute de un techo, pero, por qué ese y no otro? Por qué se pasó por alto el valor patrimonial del inmueble y su posible utilidad pública sin obligación de rentas ni gravámenes? Las fotos atestiguan que seguirá siendo transformado, los pisos de mosaicos arrancados (para colocar baldosas modernas de importación, compradas en divisas?), ya se ha pensado en la placa, en ampliar esto, aquello y lo otro. En conclusión, un golpe al patrimonio y al recuerdo imperecedero de la obra filantrópica de nuestra compatriota. Yo creo que por respeto a nuestros valores históricos locales, no podemos permitir que el lavadero del Carmen deje de ser un bien patrimonio de toda Santa Clara, controlado por el gobierno municipal, para beneficio de la comunidad. ©cAc

lundi 15 mars 2010

Lavadero del Puente (río Bélico)



Este lavadero fue construido en la margen derecha del Bélico, donde se cruzan las calles Martí y Toscano. La calle Toscano era entonces un trillo que bordeaba el río, y el apellido del Apóstol aún no había remplazado el de Santa Rosalía, una calle polvorienta que iba de un río al otro. El lavadero del Puente, -apelativo que le viene del barrio, estaba destinado a las mujeres que habitaban en el sector noroeste de la ciudad. En la década del veinte del siglo pasado, el lavadero se vio enclaustrado por la calle Santa Rosalía, rebautizada Martí. Con el reordenamiento, la calzada y la acera fueron pegadas contra el muro de la casa, que todavía servía a las lavanderas. En la época republicana, no siendo necesitado para lo que fue construido, éste albergó un “kindergarten” y con esta función se mantuvo durante largos años, y creo que hasta los albores del 70’. Cuando me acerqué al lavadero en el 2005, prevalecía el azul claro en sus muros, y las vigas y molduras decorativas estaban pintadas de azul cielo. Cuatro años más tarde, volví empujado por la curiosidad. Los tonos azules fueron remplazados por amarillo, y las molduras de blanco. El sol se agitaba en su fuga al oeste, permitiéndome reflejos asustadizos y una mirada diferente al interior, y a la parcela de tierra que rodea al lavadero, pero separada de éste por una cerca. La parcela es independiente del lavadero y a ella se entra por un pontón corto de madera al cual está sujeta una escalera de cuatro pasos, también de madera. La porción de patio lateral del lavadero se extiende hacia el fondo, y notaremos que la división con el patio vecino es deplorable. Rosales, cucaracha morada y malangas decorativas dan un toque de jardín, aireado por el espacio libre hasta la orilla del río. Pero detengámonos para palpar de cerca la construcción concebida como lavadero. Muros embarrados de amarillo. No digo pintados, porque no han sido más que embarrados de lechada teñida de ese color. El resto, un poco de limpieza, organización…, pero eso no es todo, ya sé que no hay recursos, que por un sí, que por un no!, pero conservar, restaurar a larga duración es otra cosa. La pared que da a la calle Martí, siguió sufriendo transformaciones, así como las puertas y ventanas. La carpintería interior no ha cesado de deteriorarse y las barandas forjadas del portal ya han desaparecido. A dónde han ido a parar esos elementos de la casa lavadero?. Me parece sensato que el lavadero pueda usarse en función de la colectividad. Actualmente, el lavadero acoge una institución de teatro local. Sin embargo, no creo que sea la función adecuada, si consideramos que la misma trae consigo transformaciones que van contra su concepción original. Pienso que los lavaderos pueden acoger atelieres y manifestaciones con las cuales no se amputen sus elementos originales ni haya que hacer transformaciones estructurales. En éste que nos retiene, son remarcables los cambios interiores. Les dejo algunas imágenes. ©cAc





  

Lavadero del Condado (río Bélico)

Si el trazado de la calle Martí asestó un duro golpe a la fisionomía del lavadero del “Puente”, la construcción de la carretera central en su serpenteo por la ciudad, no hizo mella al lavadero público levantado en la margen del río Bélico entre las calles San Cristóbal y Candelaria, y conocido como el lavadero del Condado, accesible a las mujeres del suroeste. Incluso, se facilitó el acceso al lavadero desde la carretera insertando una sólida escalinata de diez pasos ancha de dos metros, teniendo en cuenta la hermosa ceiba que allí crecía. Fue construido este lavadero en las inmediaciones de una de las pozas más agradables, de entre otras que tenía el río, cuando todavía no había sido trazada la carretera central, la calle San Cristóbal terminaba donde mismo, y el Marmolejo era un tímido curso de agua esperando ser cubiertas sus orillas empedradas por la progresión de construcciones a cada lado. No puedo decir cuando fue el ocaso de la casa lavadero mandada a construir por Marta Abreu. El lavadero, ante la ausencia de lavanderas no se resistió a que entre sus muros, otras mujeres lo usaran como “Academia de Artes Manuales”. Luego ha tenido otros usos y en la actualidad sigue respirando sin otros cambios que el abandono que se instala entre sus muros. Podría decirse que es el lavadero “mejor protegido” si se tiene en cuenta el enrejado construido alrededor de su portal, pero que altera grotescamente su estilo. Numerosas transformaciones le han hecho perder el toque original de antaño. Felizmente nunca se le ha ocurrido a nadie remplazar la cubierta de tejas criollas por una insípida y vulgar placa. No detallaré las transformaciones, saltan a la vista mirando las imágenes. La casa lavadero vibra de música en su interior. Una reconocida orquesta local se sirve del lavadero para sus ensayos y repeticiones musicales. Bravo, yo mismo constaté que el uso del sitio como lugar de ensayo no requiere transformación alguna, bueno, no creo que tampoco resista más transformaciones que las que hasta ahora ha sufrido. Veamos el entorno del lavadero. El sitio es lamentable. El río enyerbado y sucio, sirve de basurero a inescrupulosos vecinos del área y vertedero de aceites y grasas del Servicentro vecino. Del otro lado, el tinglado de construcciones a medio terminar, y sin ninguna reglamentación urbana, afean el ya poco atractivo paisaje. Si observamos el área en que se encuentra enclavado el lavadero, a dos pasos del centro de la ciudad, nos percataremos del potencial verde recuperable y su rehabilitación en espacio público de paseo y reposo para la población residente en los alrededores. Y créanme, desde la carretera Central sirviendo como balcón al río, se disfrutan unas puestas de sol inimaginables. ©cAc