lunes, 7 de diciembre de 2020

Mariano Clemente Prado (1854 – 1899)


La idea de escribir un texto tratando la figura de un personaje relevante como lo fuera el maestro Mariano Clemente Prado, es para dar término a una trilogía de textos que pienso deben estar casi unidos, históricamente hablando[1]. Un callejón y dos figuras históricas. En el callejón de Santa Bárbara,  entonces pedregoso en 1854, nació un 26 de julio, Mariano Clemente, Prado por su padre y López por el lado maternal. A la par de una buena educación familiar, durante su instrucción primaria y secundaria, aprendió los valores patrios y del magisterio que recibió por parte de Joaquín Anido Ledón, educador y humanista villaclareño. La primera guerra por la independencia (1868-1878) envolvió a la provincia de Las Villas e influyó en el bregar cotidiano y en el pensamiento de los villareños. Al ser cerrado el colegio San Idelfonso, Mariano Clemente pasa al San Agustín, donde manifiesta su vocación por el magisterio. Varias escuelas de Santa Clara lo vieron desempeñarse como maestro,  y a los 22 años, cuando todavía no había terminado la Guerra de los Diez Años, en sociedad con Eugenio Ledón, fundó un colegio que nombraron Santo Domingo. Hace exámenes de oposición, y obtiene la dirección del Colegio Municipal Conyedo. Trabaja arduamente, y convierte su casa en colegio, el Santa Ana, al que dejaría en manos de un primo suyo,  para entoncer dirigir una prestigiosa escuela de Santa Clara, la Escuela Pía, en la cual ejerció hasta el final de sus días, en mayo de 1899, golpeado por el paludismo. Mariano Clemente Prado, al decir de sus contemporáneos, fue un hombre ejemplar, visionario y precursor de ideas magistrales. En el último cuarto del siglo XIX, Santa Clara era rica en publicaciones periódicas, y en casi todas colaboró el maestro. De manera benévola, Mariano Clemente Prado ejerció en la escuela para adultos, perteneciente a la Sociedad El Gran Cervantes. Su cultura y pasión por la educación lo impulsaron a escribir obras didácticas novedosas para la enseñanza. En 1889, por sus doscientos años de fundada, Santa Clara organizó una « Feria-Exposición ». En dicha feria se premiaron diversas obras de diferentes secciones, y en la de Bellas Artes y Letras, Mariano Clemente Prado obtuvo la medalla de Plata por su obra « Gramática castellana y Retórica ». Aunque los santaclareños sigan llamando Callejón de Santa Bárbara a la calle donde naciera Mariano Clemente Prado, sin menospreciar al patriota Alberdi, que perdió ese mérito y que pudiera ser todavía honrado en otra vía de la ciudad, fue una excelente idea de rebautizar la calle en recuerdo al pedagogo villaclareño, en noviembre de 1917, por acuerdo del ayuntamiento, y de colocar una tarja en su memoria, el 31 de diciembre de ese mismo año, en la fachada de la casa donde naciera, hoy día anexada a la escuela primaria « 13 de Marzo » que tiene su entrada por Juan Bruno Zayas. ©cAc-2020


[1] Los datos biográficos de Mariano Clemente Prado están extraídos de diversas fuentes, entre ellas, obras de Manuel García Garófalo y Pedro Camps y Camps.


 

domingo, 6 de diciembre de 2020

Nicolás Alberdi Golzari (1865-1924)

El hecho de que se festeje hoy San Nicolás, no es lo que me motiva a escribir sobre Nicolás Alberdi[1]. El grado de coronel secundado por el apellido Alberdi, fue el primer nombre oficial que le diera el ayuntamiento de Santa Clara a la calle que primitivamente se llamó Santa Bárbara, y que para los poblanos no era otra cosa que un callejón. Muchos se preguntarán quién fue este coronel que mereció en un momento dado sentirse honrado al ser bautizada una calle con su nombre. No recuerdo que ocupara lugar en las clases de historia de Cuba que recibimos como escolares, ni en los cursos universitarios, para aquellos que optamos formarnos como historiadores. Me complazco en sacarlo a la luz (y lo motivó Santa Bárbara!) porque tuvo participación en la historia de la nación, en la otrora provincia de Las Villas, y también en la historia local de Santa Clara.

Nicolás Alberdi nació en Sagua la Grande el 26 de marzo de 1865, ciudad en la que hizo sus estudios primarios, y una parte del bachillerato, que luego terminó en La Habana. Estudió medicina en Sevilla, España, y en la capital cubana. Se incorpora a la segunda guerra de independencia, que Martí llamara Guerra Necesaria, en 1895. Ese mismo año, y en plena manigua, organizó junto al Dr. Ricardo Pocurull, el Departamento de Sanidad. Los dos médicos formaban parte de la “Brigada Sagua”. Dos años más tarde, en 1897, fue elegido delegado para representar a la provincia de Las Villas en la Asamblea de “La Yaya”, en la provincia de Camagüey, la cual tenía como objetivo renovar el Gobierno en Armas y crear una nueva Cosntitución. En el nuevo Consejo de Gobierno, el doctor Alberdi fue designado Vicesecretario del Exterior.

Al terminar la guerra se incorporó a la vida civil y siguió ejerciendo como médico, en el Hospital de Sagua, devenido Hospital Pocurull. El doctor Alberdi, ejerce también la Jefatura de la Secretaría de Sanidad en Las Villas. Comenzando el siglo (1900) y en los albores de la República, se convierte en el primer Alcalde republicano de Sagua la Grande. La renuncia del General José Miguel Gómez el 30 de septiembre de 1905, lo lleva a ocupar la Gobernación de Las Villas.

Durante la presidencia de José Miguel Gómez, en 1909, Alberdi va a ocupar la Secretaría de Gobernación. Vuelve nuevamente a ser Gobernador de Las Villas en 1915, y posteriormente Representante de Cuba en Bélgica. El doctor Alberdi fue el primer médico de Cuba en realizar una cirugía abdominal. Como hombre político se interesó en impulsar y apoyar el desarrollo educacional, creó becas de estudios en universidades extranjeras para estudiantes de Las Villas, muchos de los cuales se diplomaron de medicina veterinaria en Paris y en Londres. Alentó la creación de Escuelas Normales para maestros e impulsó la ley por una Moneda Nacional.

Nicolás Alberdi falleció a los 59 años, el 1ro de marzo de 1924, en La Habana[2].

Aunque no era pilongo el sagüero médico y patriota, era hijo de la provincia y su relación con Santa Clara, no debe caer en el olvido. La memoria histórica es de todos. ©cAc-2020



[1] El apellido del médico sagüero aparece en diversos documentos, unas veces como Alberdi y otras Alverdi. Personalmente, y reparando que la mayor de las veces aparece escrito como Alberdi, opto por este último.

[2] La documentación utilizada es diversa, principalmente documentos de historia local de la antigua provincia de Las Villas.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Santa Bárbara, calle o callejón?


Diciembre se nos va de entre las manos. Pasó la fecha en que se celebra Santa Bárbara, y tenía yo la intención de indagar si el tramo que nace en la calle Villuendas (antigua San José) y que desciende suavemente al oeste hasta morir en la margen derecha del Bélico, es una calle o un callejón. Yo diría que es casi todo. Los callejones son estrechos, y por lo general no tienen salida. Santa Bárbara mide cuatrocientos metros, doscientos de los cuales corresponden a una sola cuadra. Al final no tiene salida, pero en su sentido Este a Oeste, se sale de ella tomando a la derecha en Juan Bruno Zayas, o bien a la izquierda en la calle Alemán. Desde sus orígenes, los poblanos la bautizaron Callejón de Santa Bárbara. En 1911, el Ayuntamiento acordó bautizar la calle Coronel Alberdi, para honrar al patriota y médico sagüero, con un historial honorable. Una infortunada acción del político en el Senado hizo que un consejal villaclareño propusiera quitar su nombre a la calle, y por un nuevo acuerdo del Ayuntamiento, el 2 de noviembre de 1917, la calle fue rebautizada Mariano Clemente Prado, esta vez para honrar al eminente educador villaclareño que naciera en una casa del callejón, en 1854. Las placas colocadas señalan M.Prado, aún menos comprensivo para quienes nunca han oído hablar de Mariano Clemente Prado. 

No creo que quede alguien vivo que recuerde que la calle se llamara en algún momento Coronel Alberdi, y aunque oficialmente se llame Mariano Clemente Prado, los santaclareños siguen llamando a la calle como Callejón de Santa Bárbara.

La casa donde naciera Mariano Clemente Prado, numerada 53, mantiene conservado su estilo colonial. Puerta principal, tres grandes ventanas con enrejado de hierro donde se aprecia la lira en el centro de las rejas y una puerta también protegida con un trabajo de barras finas de hierro insertadas en la madera. Una ventana colonial poco común en Santa Clara. El detalle que no pasa por alto un observador, es la mampostería insertada en los bajos en las tres ventanas, para evitar  que los pupilos se distraigan mirando al exterior. Creo que hubieran podido encontrar otras soluciones menos grotescas. La cubierta del inmueble es de tejas que mueren en una cornisa con molduras sencillas. En el espacio de pared situado entre las dos últimas ventanas, fue colocada una tarja el 31 de diciembre de 1917, en recuerdo del maestro Mariano Clemente Prado. En 1946, la casa fue convertida en la Escuela Pública N° 8, Dr Carlos de la Torre y Huerta. 



La esquina de Santa Bárbara y Juan Bruno Zayas, hace parte del pequeñísimo “barrio chino” que otrora tuvo vida en Santa Clara, y que estuvo a punto de renacer si el proyecto de rehabilitación y conservación hubiera sido aprobado y llevado a vías de hecho. Las cuatro esquinas son como siguen. A la izquierda, la casa de la familia De la Torre, cuya construcción data de la colonia. A pesar de sucesivas remodelaciones interiores, los muros exteriores no han sufrido transformaciones, aunque es evidente el deterioro de las ventanas y puertas-ventanas. Cruzando la calle, también a la izquierda, nos encontramos un vetusto inmueble colonial, que bien valdría una profunda rehabilitación antes de que desapareciera completamente. El edificio, convertido en cuartería, estuvo ocupado por diferentes familias cuyos intereses individuales primaron ante el interés de recuperar un pedazo del patrimonio urbano. La desidia y el abandono, la negligencia y la falta de control, fueron ingredientes que participaron en la casi destrucción del edificio, cuando hace unos tres años las llamas lo devoraron. Frente al edificio colonial, un inmueble art déco, que por ser más reciente y por su solidez constructiva, el tiempo y los caníbales del patrimonio no han podido ensañarse totalmente con él. Cierto, la humedad, la falta de mantenimiento, y la utilización de pinturas de mala calidad no han ayudado a sus muros. No obstante, las transformaciones son evidentes. Enrejados de cabillas en las ventanas de la planta alta, así como la transformación de las puertas de la planta baja, agreden su estilo. Un edificio superpoblado. La necesidad de solucionar problemas de espacio es una de las causas que provocan esas tristes transformaciones, cuando las familias que lo habitan, construyen entrepisos y barbacoas que no pasan inadvertidas para los que transitan por el lugar.

La otra esquina, fue un inmueble colonial que el tiempo y el abandono se encargaron de convertirlo en un célebre vertedero de los vecinos y de los pasantes. Triste final para el que fuera un típico edificio que pudiera testimoniar del pasado arquitectónico de la ciudad. El inmueble convertido en solar yermo, también estaba incluido en la transformación socio-urbana de esa esquina. El sitio, al interior ya no es vertedero, pero la basura que tiran los vecinos y los pasantes en la misma esquina a veces supera la insalubridad.

En la calle-callejón, quedan todavía viviendas coloniales y neocoloniales, hermosas ventanas hoy desvencijadas, casas rehabilitadas grotescamente, con enchapes de piedras, enrejados, puertas y ventanas que no pueden clasificar en otro estilo, que aquel de la burla al patrimonio urbano. Los curiosos pueden también observar la riqueza de mosaicos que cubren las pisos de las casas. Ojalá Santa Bárbara interceda en la conservación del patrimonio que queda en pie a lo largo de sus tres cuadras. ©cAc-2020