lundi 17 août 2009

El antiguo Hospital de Maternidad e Infancia de SC


En la década del 1920, Santa Clara estaba destinada a cambiar su aspecto urbano y su infraestructura de servicios. Por un lado, el gobierno provincial y el ayuntamiento municipal iban de la mano en el plano de la proyección, de la gestión y del financiamiento de las obras proyectadas en pos del progreso, y únase a eso, el apoyo particular que pudiera esperarse del presidente de la República, paisano villaclareño. Y fue durante el primer mandato de Gerardo Machado que la ciudad se dotó de una institución médica que mejoraría la infraestructura de salud, no solo de la ciudad sino también de la provincia.
El terreno escogido para la construcción, si bien no estaba en la trama urbana de la época, estaba a las puertas de la ciudad, del otro lado del río Cubanicay, en el punto donde nace la carretera que une a Santa Clara con Camajuaní, Remedios, Caibarién, y todos los poblados y caseríos intermedios. El solar propiamente no era virgen, aunque todavía bastante arborizado. Recuérdese que estos parajes, boscosos en el siglo XVII, ofrecieron a los fundadores de la villa y a los que le subsiguieron, mucha y buena madera con la cual hubo de construirse las primeras casas, la primera ermita y la primitiva iglesia Mayor. Y tampoco era virgen en el aspecto constructivo, pues en la década del diez, exactamente en 1913, cuando comenzaba el mandato de Mario García Menocal, se dio inicio a las obras de lo que sería el Instituto de Segunda Enseñanza. La construcción de ese inmueble para la enseñanza se detuvo, y la edificación se perfiló como pabellón hospitalario, y las obras también se paralizaron cierto día. Terminó el gobierno de García-Menocal y terminó también el periodo presidencial de Alfredo Zayas. Los años en que la obra estuvo abandonada, hicieron de su estructura, ruina y asentamiento informal de personas. Bajo el empuje de Méndez Peñate, gobernador provincial, y el apoyo de Machado, que trataba de llevar a bien su programa de bienestar social, educación, sanidad y viales, el proyecto de hospital cobró fuerza y cuerpo, y vio la luz como Hospital de Maternidad e Infancia “Lutgarda Morales”(1), el 30 de diciembre de 1928.

El edificio hospitalario, brindó servicios de maternidad durante cuarenta y dos años, tiempo que da una idea de la cantidad de villaclareños que atravesaron su pórtico para integrarse a la vida isleña. Yo no abrí los ojos en ese recinto hospitalario y cuando supe de su existencia ya había dejado de serlo para convertirse en Hospital Psiquiátrico, con alcance provincial. Corría 1970. Poco más de treinta años duró aquel hospital que por falta de mantenimiento fue deteriorándose y su estructura se arruinó al punto de ser inutilizable en determinadas estancias del recinto. Durante unos años, que no logro precisar, el edificio se cubrió del insufrible fantasma del abandono, que atrae a otros fantasmas y a empedernidos saqueadores de todo aquello que podía ser reutilizado en el mejoramiento de sus viviendas. No sé cómo se salvaron sus puertas, ventanas, mármoles y su inigualable vitral.
Pregunté a alguien el por qué del desapego de las autoridades provinciales de salud, -a quien pertenecía por derecho de propiedad, de un edificio que aunque roído por la falta de mantenimiento y el abandono, revestía una importancia patrimonial y tras ser rehabilitado podía agregarse a la infraestructura hospitalaria de la ciudad. Las respuestas fueron cortas y escuetas. Salud Pública no tiene fondos para meterse en una inversión de ese tipo, es costosa. Además, no le interesa.
Desde 1975, año que comenzó mi ir y venir por aquella “carretera de Camajuaní”, reparé en aquel edificio de estilo neoclásico, con su línea austera de soportales sostenidos por columnas dobles, al exterior de las salas, sus jardines con palmeras, álamos y flamboyanes; el de la derecha con la estatua a la memoria de la madre, la entrada principal con sus bancos a uno y otro lado de la corta alameda, y la entrada para ambulancias y autos llevando a los enfermos hasta la misma puerta del edificio. 



Recuerdo haber hecho fotos con mi arcaica Smena rusa, en aquellos tiempos en que día a día yendo a mí trabajo le daba la espalda al “psiquiátrico” como se le conocía al viejo hospital, y lo miraba de frente al final de cada tarde de regreso a mi casa. Las fotos del 2002, cuando el edificio ya se arruinaba y mostraba su amarillo descacarañado, parecen tomadas en un pueblo checheno terminada la guerra, y luego las del 2005, cuando sus paredes exteriores se cubrieron de un golpe de cal rosada. Una persona allegada me comentó a principios de este año, que las obras del Consejo Provincial de las Artes Escénicas iban viento en popa. Y eso dónde es?, le pregunté, y allá me fui con la excusa del vitral, a tomar un poco de fotos, si no había objeciones, porque ya llevaba conmigo dos amargas experiencias, cuando quise hacer fotos de la antigua Planta Eléctrica, y el celoso temporal reemplazante del director de la empresa me dijo “no, aquí no puedes hacer fotos, además yo no sé para qué quieres hacer esas fotos”. Pobre hombre, en aquel puesto y tan ignorante!  La segunda vez fue en la puerta del pre, el otrora Instituto de Segunda Enseñanza, cuando la profesora encargada de la guardia en la puerta casi me cae arriba “porque aquí está prohibido hacer fotos, nadie, y yo cumplo órdenes del director y…”, bueno, no vale la pena escribir el discurso de la “guardiana” de un templo de la enseñanza que es parte de la historia de nuestra ciudad. Pobre mujer, en aquel puesto y tan ignorante!
Pero vayamos al número 80 de la carretera de Camajuaní. Llegué, parqueé mi bicicleta en la rampa frente a la puerta principal, le dije al CVP que por favor me le echara un vistazo, y le pregunté si el director estaba. Estaba en efecto, y muy amable, y le comenté lo que me llevaba a la obra, y mi interés por el vitral, y la posibilidad de hacer fotos. Como no hubo objeción, tomé mi tiempo y anduve por todas las salas y estancias, y hasta por los techos! Si alguna vez tiene la posibilidad de leer mi crónica, que lea en ella mi agradecimiento. 


Les presento el hermoso vitral fechado 1928, una alegoría a la maternidad, y a la medicina. Escrito en latín en el arco superior del vitral: “Salvs – Populi – Svprema – Lex”. La copa representa una divinidad grecorromana, la diosa Higia, encargada de prepararle los remedios a Asclepio, su padre. Higia llevaba enroscada en su cuerpo una serpiente cuyo veneno, que se vertía en una vasija griega, era usado para dichos remedios. La cruz, que por su pequeña curvatura pudiera ser la denominada “Cruz patada afinada o Cruz del Templo”, me atrevo a escribir que representa al edificio como una localización cristiana. El vitral está ubicado en la pared al final del primer descanso de la escalera en mármol que lleva a las piezas del piso superior.


Vi el otrora hospital en pleno baño de salud. Polvorientos sus pisos, arena acumulada y bolsas de cemento apiladas, columnas desnudas, paredes resanadas, otras fiel testimonio de lo que fue el edificio, los sótanos que ocuparon originalmente las lavanderías y locales de servicio, y que se convirtieron en celdas, al decir de los barrotes incorporados en la época en que recibió enfermos mentales, subí porque el corazón me dio un vuelco…, la vista del Capiro desde el piso superior, breve, me regocijé de poder deambular por aquel edificio, y del cual les muestro una serie de fotos. 


A estas alturas, y habiendo ya pasado el cumpleaños de la ciudad, fecha para la cual muchas obras deberían ser terminadas, el edificio alberga el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, y sus antiguas salas ahora convertidas en salones de ensayos de las agrupaciones profesionales de la danza en la provincia. Ojalá pueda volver a disfrutar del edificio, rehabilitado, memoria del patrimonio urbano de Santa Clara.©cAc

jeudi 13 août 2009

Logia "Progreso - Alfredo Barrero Velasco"




El último año del siglo XIX, fue fundada en Santa Clara, la logia masónica Progreso. Fue la primera logia en fundarse y como otras hermandades cubanas, es cantera de hombres perseverantes, cuya idea de la fraternidad y de la democracia social se ha impuesto como más alta virtud.

Les presento vistas actuales de la institución masónica villaclareña, que se levanta en la esquina noroeste de las calles Juan Bruno Zayas y San Cristóbal. La verja de entrada está por Zayas. Sobre la fachada de la logia, dos placas, una que señala el ala femenina “Hijas de la Acacia” y la otra, colocada el 13 de noviembre de 1949, recuerda a la Asociación Jóvenes Esperanza Fraternidad de la Logia Marta, fundada en 1936.


El jardín, cuidado con esmero, tiene a la izquierda, un pedestal situado en un redondel a manera de cantero y rodeado de cuatro bancos, el cual sostiene un busto situado en 1944 a la memoria del honorable José Martí. En la parcela derecha, un modesto obelisco de granito, erigido en octubre de 1956, oda a la igualdad y la fraternidad, recuerda la declaración referente a la masonería cubana, expresada en el primer congreso nacional de historia y hecha suya por el Ayuntamiento de Santa Clara en sesión del 14 de febrero de 1948.

Dos columnas corintias portando sobre sus capiteles, una el globo terráqueo y la otra la esfera celeste, hacen de pórtico a la calle. La verja forjada tiene detalles alusivos a la masonería.
El portal de techo alto sostenido por seis columnas también del mismo orden que las de la entrada, deja ver en su frontón triangular el símbolo de la masonería, -la escuadra y el compás-, y adosada al arquitrabe, la placa que nombra a la logia.


La logia al fundarse, abrió una escuela llamada también Progreso, en una parcela al fondo de la misma, a la cual se entra por San Cristóbal. La escuela Progreso dejó de pertenecer a la logia cuando la enseñanza fue nacionalizada después de 1959, y más tarde se convirtió en la sede de la antena provincial de la Asociación Canaria de Cuba “Leonor Pérez Cabrera”. Por qué la Asociación Canaria, que tiene otros medios de financiamiento no construyó su sede en otro lugar, o negoció su instalación en el edificio que perteneció a la Colonia Española? Yo espero que la institución masónica, por derecho, recupere el local de su escuela que le pertenece. Falta de recursos, el inmueble de la Logia se deteriora cada día más, y es notable la diferencia con el local de la escuela que les perteneció. No se puede olvidar este edificio, -para cuya construcción Marta Abreu hizo un aporte monetario, y que también es patrimonio cultural e histórico de la ciudad. La Logia Progreso cumplió 110 años el 15 de febrero de este 2009. ©cAc

mercredi 12 août 2009

El Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara



Antes de 1925, Santa Clara contaba con un Instituto de Segunda Enseñanza, creado por Real Orden en 1882. Su primer director fue el tinerfeño Luis Febles y Miranda, uno de los profesores canarios de secundaria mejor preparados académicamente, y con una importante producción intelectual. Febles había ocupado desde 1881 un puesto de catedrático en el Instituto de La Habana, y al ser fundado el de la provincia de Las Villas, fue mutado al mismo.
Santa Clara, una ciudad cuyo título le había sido otorgado quince años antes, no era más que un pueblo provinciano que se despertaba y volvía a dormirse, propio a los sobresaltos de una ciudad donde la vida era quieta y cualquier nuevo elemento la alteraba.
Febles, además de director del Instituto pro vincial, era también profesor de Latín y de Castellano de 2do curso. Pero, su trayectoria en Santa Clara fue marcada por la separación de sus funciones como director y profesor, las cuales no volvería a ejercer en la ciudad a pesar de haber sido autorizado en 1885 a ocupar dichas funciones (1). Todo parece indicar que Febles tenía poderosos enemigos en la ciudad, y tampoco era del agrado del claustro que dirigía. En una palabra, envidias y mezquindades provincianas casi al final de un siglo todavía encadenado donde las identidades aún no consolidadas jugaban un papel importante en la sociedad.
Confieso que no puedo decirles dónde radicó ese primer Instituto creado en 1882, que cerró sus puertas entre 1895 y 1898, durante la contienda independentista que acabaría con la dominación española. Desde 1899 el Instituto de Segunda Enseñanza estuvo situado bajo los techos coloniales de la casa que hace esquina en Juan Bruno Zayas y Padre Chao (una placa colocada en 1942 recuerda los sesenta años del Instituto), y cerró sus puertas en 1925, cuando fue completamente trasladado a su nueva sede, un sitio donde el inmueble neoclásico trona mirando al norte, en la calle más sureña del Parque Vidal.


Qué ha sido de ese inmueble colonial que vio pasar por sus aulas tantos jóvenes villareños? El inmueble sigue allí, recibiendo los escolares de un seminternado de primaria, esperando una buena restauración que meta en valor sus líneas coloniales, sus hermosas rejas y ventanales, y su patio central, verdadero pulmón de la casa. Aquí les dejo algunas fotos del inmueble.

(1)Negrín Fajardo, Olegario, “Profesores Canarios en Institutos Cubanos de Segunda Enseñanza en torno a 1898”. Departamento de Historia de la Educación, UNED, Madrid.