samedi 30 janvier 2010

Apuntes que tienen que ver con la ciudad del Bélico

Desde que apareciera en marzo del 2008 este blog, estuvo destinado a apuntes, crónicas del mundo que vivimos, relatos de viajes y toda suerte de comentarios. Creo que ha intentado ser fiel a esa divisa, y como un minero, no ha cesado en la prospección, tratando de encontrar la vena que lo mantenga. Casi desde el comienzo, hubo un pensamiento para recordar a la ciudad de Marta, villaclareña noble y mujer perseverante dotada de un aguzado sentido de la filantropía y el patriotismo, que es recordar la Santa Clara de nuestros padres y abuelos, y de nosotros mismos, villaclareños, menos nobles y menos perseverantes, y que por ello no perdemos la condición de pilongos. Y poco a poco, la ciudad se ha ido construyendo al interior de esta página, para deleite de quien la describe y para que no se diluya la memoria en el tiempo, en el polvo de un muro caído, o en el recuerdo de los que se van, al alba antes de que el sol juegue a evaporar el rocío, o al final de una tarde soleada. Tímidos, sorpresivos, halagüeños o acertadísimos, los comentarios no han faltado, y hasta han envalentonado el seguir descubriendo nuevas facetas, medio ocultas, desconocidas o conocidas a viva voz. Santa Clara lo agradece, y hasta nos guiña un ojo mientras la vestimos y desvestimos, sentados sobre un tubo roto desaguando intimidades en una orilla del Bélico. Y por qué escribo esto?, -me pregunto, y como los fieles locos de la ciudad, me monto en el carril de a lo que iba, eso es, algo a propósito de Santa Clara…
De un tiempo acá, hemos ido tratando la evolución de diferentes sitios de la ciudad, caros a su patrimonio urbano. Sin embargo, los apuntes, a veces crónicas, si bien han respetado determinados marcos teóricos, no siempre han seguido una cronología histórica de la evolución urbana. En lo adelante, trataré de precisar y conciliar, el cursar evolutivo con el discursar teórico, con el objetivo de presentar trabajos más sólidos, y que evidentemente, quedarán abiertos a la interpretación de quienes los lean, e igualmente abiertos a todos los comentarios que permitan elucidar fechas, sitios, personajes y figuras históricas locales, y que nos posibiliten un mejor conocimiento de la ciudad. La utilización de mapas generales así como mapas detallados de la provincia, de la ciudad y de su trama urbana, son una condición necesaria en el estudio evolutivo de Santa Clara. Muchos de ellos son el fruto de análisis y valoraciones, que sólo atañen a mi visión personal al momento de interpretar un plano, un mapa o una imagen. Es decir, como yo la veo, y como imagino que fue. Por los errores, siempre habrá un creyón para subsanarlos…., y les prometo que hay ciudad del Bélico para rato! ©cAc

jeudi 21 janvier 2010

La nueva cara del Billarista (enero del 2010)

El Billarista se muestra flamante y nuevo en su esquina de siempre: Marta Abreu y Villuendas, aquella que lo viera empinarse como el inmueble más alto y sólido construido en la mitad del siglo XIX en la región central de la Isla. Ahora le han vuelto los colores y su aire de caserón grande con hermosa balconería en hierro forjado. Ciento cincuenta y siete años de construido, fungiendo como vivienda, comercios, oficina de telégrafo, billar, y como paredes mudas ante el abandono y el ir y venir de las ratas que llegaron a apropiarse del lugar. Adiós escombros, ratas y murciélagos. El Billarista ha renacido y de sus ruinas nada queda, salvo el recuerdo triste de haberlo visto envejecer a fuerza de maltratos. Recupera la ciudad una perla de su patrimonio urbano, recuperamos todos, el aliento sabiéndolo nuestro. Una tienda por departamentos, -su nueva función, distribuidos en sus tres niveles. La planta que fuera originalmente vivienda, ha sido dedicada a calzados, peletería y accesorios. El nivel intermedio ofrece también calzado, prendas deportivas y sus accesorios. La planta baja, concebida desde sus orígenes como planta comercial, acoge bisutería, joyería y perfumería. Su función totalmente comercial multiplicará el uso del inmueble, pero también se han concretizado las futuras intervenciones periódicas a fin de que no pierda el esplendor rescatado. Me han llegado, por cortesía de amigos, un adelanto en fotos. No son extraordinarias, pero me llevo una idea. El Billarista impone su silueta, y la tercera planta es visible desde la esquina del Teatro La Caridad, con su techo rojizo, imitando la criollez de las tejas y el amarillo de época bañando sus paredes (izq.). Visto desde donde comienza el callejón de Santa Bárbara, el fondo del edificio, que fuera colindante con un inmueble también colonial, de dos niveles, -dejado al abandono y ahora desaparecido durante la remodelación del Billarista, deja demasiado a la vista los sistemas de climatización y ventilación, y en nada pueden disimular, su parecido con las tuberías exteriores del Pompidou (der.). Como comentaba recientemente, no me dejaré llevar por visiones subjetivas, es posible que el espacio abierto entre las viviendas y el Billarista, encuentre un proyecto renovador, y quién sabe si ya está rodando el mismo. ©cAc.
sc©cyb

samedi 16 janvier 2010

El Billarista, a pie de obra (marzo 2009)


  

La penúltima renovación del edificio sito en Marta Abreu y Villuendas, data de finales de la década del 1910, creo que hacia 1918. Todavía el edificio no era el conocido Billarista, aunque sí el primer edificio de tres plantas edificado en la región central en la segunda mitad del XIX. La última, y agregaremos, grandísima renovación, del nombrado Billarista, acaba de terminar[1]. Las vallas metálicas han desaparecido y el tránsito peatonal ha cobrado fuerza en una esquina que parecía destinada al abandono. Santa Clara recupera un florón de su patrimonio urbano. Evidentemente, no puede ser el mismo edificio, siglo y medio después. Lo esencial es haberlo recuperado, y agregarlo a nuestro inventario sentimental de viejas piedras. Muchos han sido los personajes claves en el trabajo de restauración y conservación, y me permito saludar con este trabajo, la labor de la oficina de Patrimonio de la ciudad, y a la presidenta de la Comisión provincial de monumentos, Felicia Fernández Pérez de Alejo. Los jóvenes arquitectos Ilmarys Jiménez Argüelles y Michel Martínez Landa fueron los proyectistas de la obra, que tuvo como inversionista a Juan Carlos Chaviano y como ejecutor de la obra, al ingeniero Carlos Águila Fernández. No he estado para apreciar el trabajo de rescate acometido, pero las fotos que he logrado ver, dan una idea de la seriedad del trabajo llevado a cabo. Las imágenes que les presento, corresponden al Billarista en los momentos de su reconstrucción, en marzo del 2009, cuando las nuevas estructuras coqueteaban con las paredes desnudas y las piezas oliendo a repello fresco. Deambulé por la planta baja, curioseé sus aljibes protegidos, subí a los dos niveles superiores, detallé la calidad de las barandas originales de los balcones, y pude apreciar la carpintería, cuya cubierta fue trabajada en maderas preciosas, por artesanos del FBC de la ciudad. El sol de marzo era generoso, y el cielo se lo compartían nubes y azules de una intensidad fulgurante. Desde lo alto, una ciudad de tejados y patios, campanarios y las lomas que la rodean, casi cogidas con la mano. En un “próximamente” colgaremos fotos del recuperado edificio en cuestión. Entre tanto, nos iremos a otras esquinas y sitios de la ciudad del Bélico. ©cAc

[1] El antiguo Billarista, sito en Marta Abreu y Enrique Villuendas, fue abierto al público en la mañana del 11 de enero de este año 2010, como tienda El Billarista. La tienda por departamentos, hace parte de Galerías Parque pertenecientes a la cadena comercial TRD Caribe.

El Billarista (calle Marta Abreu N° 52)

La calle Marta Abreu de Santa Clara, además de haber sido una de las primeras de la villa, y que se llamó en sus inicios calle de la Amargura, vio levantar, siendo entonces la calle del Calvario, en la mitad del siglo XIX, el que se convertiría en el primer inmueble, alto de tres plantas, de la región central de la Isla. El edificio, de un área de 380 m², fue construido de mampostería, con vigas y horcones de una solidez excepcional. Para el techo, se privilegiaron tejas criollas fabricadas en un tejar local. Tres niveles concebidos como vivienda y comercio, éste ubicado en la planta baja. El valor ajustado en el catastro de la villa, luego de su inscripción en el Registro de la Propiedad, fue estimado en poco más de 14000 pesos-oro. En la década del 80’ en el propio siglo XIX, el inmueble fue puesto en venta, y su comprador fue Vicente González Abreu, quien lo adquirió por 19000 pesos-oro, monto que le proporcionó una plusvalía de 5000 pesos-oro a su vendedor. En efecto, Santa Clara era una villa recién titulada ciudad, y el valor parcelario alrededor de la Plaza Mayor, comenzaba a aumentar. El edificio, con su frente hacia Calvario, se alargaba por San José, recibiendo la bendición del sol por su naciente. La familia ocupaba la primera y segunda plantas, y en los bajos se agitaban los empleados del comercio y los domésticos que servían la casa, y tenían allí sus cuartos. Con su aire de grande entre los caserones que lo envolvían, el inmueble fue ajustándose al tiempo y a principios del XX, el propietario hizo trabajos de rehabilitación. El uso habitacional quedó solamente en la tercera planta, todo un mirador que permitía disfrutar de las colinas ondulantes que abrazan Santa Clara. Finalizando la década del 10’, fue instalado en el edificio la oficina de telégrafos de la ciudad. Desde los primeros años de la República, la calle había sido rebautizada con el nombre de la noble patricia villaclareña, fallecida en Paris en 1909. La oficina de telégrafos deja los locales de la calle Marta Abreu N° 52 en 1924, cuando la capital provincial se erguía como ciudad y cambiaba su paisaje urbano y sus infraestructuras. Inmediatamente son ocupados los locales por otros comercios, una sala de baile, una asociación a vocación espiritual (Rajayoga) y una sala de billar. Y fue esta sala de billar quien le imprimió el carácter y dio nombre al inmueble, que desde entonces y hasta nuestros días ha sido llamado el “Billarista”. La sala de billar fue cerrada en 1959, al ser instituido el INAV por la ley N° 86, promulgada en enero 26. El edificio cerró los locales comerciales, igualmente intervenidos, y fue acogiendo familias que se fueron instalando en los mismos. Otros locales nunca más reabrieron sus puertas. La degradación comenzó a roer el vetusto inmueble, medio abandonado y falto de conservación. Los años fueron pasando y haciendo mella. La inhabitabilidad ganó terreno y ante la posibilidad de derrumbe, las familias fueron reubicadas por las autoridades de Vivienda en la década de 1980. El grado de deterioro fue calando muros y techos, balcones y carpintería. De igual forma el vandalismo hizo de las suyas, y poco a poco la esquina en ruinas se convirtió en un antro revestido de toda la sordidez que pueda imaginarse. Su centralidad en la ciudad lo convirtió en foco de todos los rumores, y de todos los miedos: NO PASE PELIGRO Derrumbe. Y los transeúntes cruzaban a la acera del frente al llegar a Juan Bruno Zayas. Ingentes esfuerzos se realizaron en la misma década del 80’, por parte del Centro provincial de Patrimonio, apoyado por la facultad de Construcciones de la UCLV y las autoridades de Cultura. Para entonces lograron consolidar su estructura y evitar la pérdida de su segunda planta. De nuevo la incertidumbre, el deterioro, la espera. La espera de los villaclareños temerosos de perder un símbolo del paisaje urbano, en pleno centro de la ciudad. El valor patrimonial y de suelo no fue desdeñado por un grupo de hotelería y recreación, que amasó la idea de convertirlo en hostal. Alguna negativa hubo, que la idea no cuajó y mientras tanto, la sombra de la ruina seguía ganando terreno en los casi 400m² de inmueble. El Billarista entró al nuevo milenio, enfermo y acongojado, pero con deseos de seguir viviendo, y en ese trance horrible que es la espera, se mantuvo otro lustro. En el 2005 el derrumbe se revelaba inminente. Cuando me acerqué a su viejo casco de ciento cincuenta y cuatro años, en el 2007, una valla metálica anunciaba la protección del área ante el desplome. Les presento los años ruinosos del Billarista. La memoria, toda, tiene un lugar en la historia urbana de los pueblos, y por qué vamos a olvidar su lado triste? ©cAc.


  

samedi 9 janvier 2010

Santa Clara y sus blasones

Los cubanos todos, vivamos en la isla o vivamos allende los mares, tenemos un himno, un escudo y una bandera, como el resto de los mortales de la constelación de países. Y hasta tenemos, -por filiación y otras especificidades-, un segundo himno, y otra bandera. Los tres símbolos principales representan la isla en que nacimos, ya sea en una Exposición Universal, en un Mundial de pelota o en los Juegos Olímpicos. Himno y bandera ocupan la supremacía en estos eventos. El escudo, tiene otra magia, otras funciones, es un sello de identidad nacional, no de nacionalismo. Igual sucede con los símbolos de una provincia o de una ciudad, caracterizadores de la identidad regional, y no por puro regionalismo. Y precisamente, quiero referirme en este primer post del 2010, a la heráldica villaclareña. 
No sería este post comprensible, si no dejáramos establecido, -para aquellos que no los conocieran-, ciertos datos que nos proporcionarían un soporte histórico social. De ahí que recordemos que Santa Clara fue fundada en 1689, por un grupo de familias, de profundas convicciones religiosas, que buscaban un lugar donde radicarse en paz, en pos de cierta prosperidad. Que esa fundación fue llevada a cabo en una isla descubierta 197 años antes, conquistada, colonizada, y poblada por europeos, que poco a poco fueron haciendo “patria” en ella. Patrias chicas, porque la grande todavía no había sido puesta en el corazón de los que -sin preguntárselo seguramente, la construían. Un grupo de vecinos remedianos se encomendó a Santa Clara, y fundaron a la gloria de la patrona, el villorrio que indistintamente se llamó Gloriosa Santa Clara, Cayo Nuevo, Villa Nueva de Santa Clara del Cayo, Pueblo Nuevo de Antón Díaz y tal como se llama en la actualidad, simplemente Santa Clara. Sin embargo, la región indígena denominada Cubanacán, que era un vasto espacio geográfico en el centro de la isla, fue dividiéndose en jurisdicciones, y aquella que fuera Remedios se convirtió en la jurisdicción de Santa Clara, también conocida como Villa Clara. Provincia, Tenencia, Gobernación, siempre del lado de Occidente aunque manteniendo su centralidad. En la región central de la isla estaban asentadas dos (Trinidad y Sancti Spíritus) de las siete primeras villas fundadas entre 1511 y 1515. Luego nació San Juan de los Remedios, que dio lugar a Santa Clara, y así sucesivamente, durante los siglos XVIII y XIX. La región central, abundante en poblaciones, comenzó a ser nombrada la región de las villas, sin embargo, la provincia se denominaba “de Santa Clara”, nombre que mantuvo hasta 1940, y desde entonces fue oficializada como Provincia de Las Villas, una de las seis provincias del país. Con el cursar del tiempo y la historia más reciente, Las Villas fue perdiendo parte de su territorio. Primeramente perdería toda la península de Zapata, -anexada a Matanzas, que ganaría salida hacia los mares del sur-, y luego en 1976, con una nueva división político-administrativa, se desgajaría en tres provincias (Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara). Con la división, Villa Clara se conformó de trece municipios, siendo Santa Clara, cabeza de municipio y capital provincial. Con esta división, Sancti Spíritus ganó salida hacia el Atlántico por la costa norte, y Villa Clara fue decapitada del territorio que la avecinaba con Camagüey, y cuya frontera natural era el río Jatibonico. 
La heráldica de Santa Clara
El primer escudo de la ya titulada ciudad, aparece hacia 1887, cuando José Machado, conocido por sus correligionarios como “Pepe”, dona al Ayuntamiento de Santa Clara un blasón esculpido en mármol de Carrara (izq.). Este escudo fue colocado en el Despacho de la Alcaldía, en el palacio municipal construido como ayuntamiento en 1922. El blasón lleva en su parte superior una corona compuesta por cuatro torres, en alusión evidentemente a la dependencia de la isla a la corona española. El cuerpo del escudo está dividido en dos partes, una superior alusiva a la patria (tierra y árboles) y a la religión (la cruz); y la parte inferior, infiere la familia como tercera divisa (bohío, árbol y sembrados). Las tres divisas están inscritas en una cinta que envuelve al blasón. Ahora bien, cabe señalar, que este primer escudo de la ciudad tiene como origen, aquel que fuera diseñado para la jurisdicción, y que fue conocido como escudo de Villa Clara, en el cual aparecen representadas las tres divisas y la subordinación a la corona de los reyes católicos (der.).

 

Para la Feria-Exposición de 1889, la ciudad utilizó un escudo diseñado por Francisco Hernández, “Pancho”. El escudo, de líneas austeras, está dividido en cuatro partes. En la parte superior izquierda, Una torre castellana advierte nuevamente la dependencia a la corona española y hasta me permitiría decir que el autor del escudo, nos remite con la torre a una prisión fortificada. La divisa Patria, Religión y Familia está sugerida en los dos paños de la derecha, y aparece escoltando al bohío, una palma real. En la parte inferior izquierda del escudo, el autor trae a la memoria, en una figura de leyenda, los tres animales que por ordenanza no debían faltar en las viviendas, en los tiempos de la fundación: gallo, perro y gato. En 1892, visitaron la Isla los infantes Doña Eulalia de Borbón y Don Antonio de Orléans, coincidiendo con el cuarto centenario del descubrimiento de la isla. El escudo de Santa Clara, exhibido en La Habana(izq.), fue autoría de Camilo Valdés, y siguió la misma línea austera del diseñado por Francisco Hernández. Al interior del escudo, y sin divisiones, pueden interpretarse las tres divisas. La Patria es un cañaveral; la cruz, aunque no fue diseñada como tal, está claramente representada debajo de la corona, y la noción de Familia lo representa el bohío, la propiedad determinada por una cerca, y como riqueza para la familia, el árbol. El último escudo de la ciudad(der.), también finalizando el siglo XIX, es obra de Catalá. Este escudo es muy similar al diseñado por José Machado. El cuerpo del escudo es menos trabajado, a diferencia de la corona, cuyas cuatro torres son bien laboradas. Patria, Religión y Familia, son legibles sobre la cinta que envuelve al blasón. La ciudad lo adoptó como heraldo en la Sesión del Concejo celebrada el 26 de julio de 1894, después de una propuesta presentada por Alejandro J. Ruíz y Miguel A. Torrens, concejales del Ayuntamiento. Veinticuatro años más tarde, el 9 de marzo de 1918, en sesión edilicia, el escudo de Catalá fue ratificado como símbolo heráldico de Santa Clara.
 



El escudo actual oficial de la ciudad de Santa Clara, tiene mucho que veren su forma, con aquel de 1887, y también en su contenido. M antiene por ejemplo, la corona, aunque nada nos ligue actualmente a los designios de sus majestades, los Reyes de España. Si bien puede leerse Patria, Prosperidad en lugar de Religión, y Familia, los dibujos interiores del blasón nos remiten a la divisa original. Saltan a la vista la Patria y la Familia, y si observamos la llave, que es la isla en el golfo, notaremos que el mango de la misma representa una cruz, que por tanto nos remite a la divisa Religión. Dos ramas se entrecruzan y bordean al escudo, una de olivo, la otra de laurel, dos árboles que antaño abundaron en el territorio villaclareño. Este escudo forma parte de la bandera de Villa Clara. De líneas depuradas, y continuador de la historia heráldica de Santa Clara, es aquel escudo diseñado para representar al municipio de Santa Clara en el exilio(abajo izq.). Al interior de una esfera, el escudo muestra las divisas ancestrales: la Patria, la Religión y la Familia. Existe un escudo, poco conocido, y que representara a la Provincia de Las Villas(abajo der.). No tengo datos referentes a su autor y época de realización, pero nos lleva a pensar que fue diseñado en los inicios de la década del 1960. Escudo de líneas simples sobre un mazo de varas, coronado por un gorro frigio rojo, alegoría a la libertad, y tocado de una estrella, la de nuestra bandera, y entrecruzado de dos ramas de olivo. Las divisas Religión y Familia están ausentes de este escudo, y la Patria abarca todo el simbolismo: las franjas de la bandera como rayos que irradia la estrella, un arado, noción de la riqueza agrícola, un central, alusión a la industria azucarera, árbol, río, cielo y prados…

De manera que, tanto la ciudad, como posteriormente la provincia, se dotaron cada una de un blasón identificativo en consonancia con sus instancias representativas, pero que evidentemente coinciden en sus principios de identidad regional. Ambos han sido utilizados por escultores, pintores y maestros del vitral, para decorar monumentos de figuras relevantes de la historia, para identificar instituciones, o simplemente para dar testimonio de la fuerza de nuestras divisas ancestrales. Los dos escudos están estrechamente relacionados, y los artistas los han trabajado imprimiéndole sellos particulares, que para observadores no atentos, todos son el mismo escudo, y no siempre es así. El escudo esculpido más antiguo fue el donado por José Machado al Ayuntamiento de la ciudad en 1887, y fue trabajado en mármol de Carrara. En 1922 fue colocado en el Despacho de la Alcaldía. Al desaparecer el ayuntamiento como institución municipal a raíz de los cambios operados en 1959, no se tiene noticias del blasón de marras. En la fachada principal del antiguo Palacio Provincial, actual Biblioteca Provincial José Martí, puede apreciarse un escudo (1) compuesto de dos cuarteles, que hacen alusión a la entidad provincial. El escudo está sostenido por un mazo de varas, y guarnecido de dos ramas de laurel. En la que fuera la Cámara de Sesiones, -hoy Sala Caturla, el escudo local (2) aparece junto al de todos los municipios que conformaban la provincia de Santa Clara, en el friso que anilla el recinto entre las molduras superiores que decoran los muros y las molduras del techo. Esculpido en bronce por el escultor francés Auguste Maillard, en 1918, el escudo (3) está situado en el paño frontal de la base del monumento erigido a la ilustre benefactora de la ciudad, Marta Abreu de Estévez, en el Parque Leoncio Vidal (La plaza parque…(proyecto de “parque republicano”)). El cuarto escudo (4) realizado data de 1919, está situado en el Parque de la Pastora, en la parte derecha de la pirámide del monumento al patriota villaclareño Miguel Gerónimo Gutiérrez, y es obra del escultor italiano Ugo Luisi. Nuestro blasón (5) también hace parte del monumento erigido en el Parque del Carmen (El Tamarindo de la Loma del Carmen), a la memoria de las familias fundadoras de la villa, en el lugar que se ofició la primera misa. La obra es del escultor Boabdil Ross, y data de 1951. Un año más tarde, vería la luz el escudo (6) que realizara sobre piedra el maestro I. Córdova, para el monumento construido a la memoria del patriota Ramón Leocadio Bonachea, situado en la esquina de la calle Independencia y Virtudes. También en bronce, obra de Mario Santí, el escudo provincial (7) acompaña aquellos de las otras provincias cubanas, incorporados al interior del monumento que guarda los restos mortales del apóstol José Martí, situado en el cementerio Santa Efigenia de la ciudad de Santiago de Cuba, concebido por el arquitecto Jaime Benavent, en 1951. El hermoso vitral situado en el Palacio de Justicia (la Audiencia de Santa Clara) construido en el primer cuarto del siglo XX, lleva incorporado el escudo provincial (8). El acceso a esta espléndida obra de cristalería se revela un poco tortuoso, no siendo así aquel situado en la catedral de Santa Clara. En efecto, el escudo (9) ocupa el centro del vitral incorporado sobre la puerta principal del edificio religioso. La pintura mural representando los monumentos patrimoniales de Santa Clara, y que adorna la pared de fondo d El Salón de Exposiciones (Parque y Buenviaje) de la ciudad, -que yo diría anónima porque no está firmada, tiene incorporada en su parte superior derecha el blasón (10), con las transformaciones actuales. Fuera del territorio cubano, encontramos el escudo (11) de la ciudad de Santa Clara en la Cité Universitaire de Paris, situado en uno de los muros laterales de La Casa de Cuba en la Ciudad Universitaria de Paris, construida en 1932 a expensas de la Fundación Grancher, y cuyo arquitecto fue Albert Laprade. ©cAc
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