mercredi 29 juillet 2009

Calles adoquinadas de Santa Clara


Gerardo Machado y Morales ocupó la primera magistratura de la isla cuando Santa Clara daba los últimos toques al reordenamiento de su parque, denominado “parque republicano”. Dos años después, en 1927, la ciudad de Marta vio sanear sus calles, como concretización del programa electoral con el cual Machado había ganado la silla presidencial, y cuyo slogan era “agua, caminos y escuelas”. No pretendo enjuiciar los actos políticos de Machado, ni alabarlo por el hecho de que bajo su gobierno Santa Clara cambiara su aspecto urbano y se dotara de nuevas edificaciones. Gerardo Machado era camajuanense, nacido en 1871, pero su familia se había radicado en la capital provincial, lo que hace suponer que haya sido esto lo que lo aproximó y llevó a privilegiar a la ciudad en sus planes de saneamiento.
Decía que las calles quedaron pavimentadas, y eso era un paso en el progreso. Una vez alguien con quien hablaba quiso minimizar el alcance de esos trabajos públicos y me dijo, -pero Machado no pavimentó todas las calles de Santa Clara!, y por supuesto entramos en un callejón sin salida. No era posible pavimentar, por chica que fuera, una ciudad entera, y tampoco era la única a pavimentar en la isla. El adoquín, importado de Noruega, a dieciocho centavos de dólar la pieza, se colocó sobre una base de hormigón en aquellas calles propensas a una mayor circulación. En el resto de las calles pavimentadas, primero se rellenaron de piedra picada para atenuar las imperfecciones y evitar futuras depresiones, y luego fueron cubiertas de macadam tipo “Telford”. Estas obras viales en la ciudad, -cuyo costo ascendió a 743 000 pesos, ayudaron a mejorar no solo el aspecto urbano sino también la calidad de vida de sus pobladores, pues conjuntamente con la pavimentación, se incorporó la red de alcantarillado y acueducto. ©cAc

lundi 27 juillet 2009

El Parque Vidal (segundo cuarto del siglo XX)


No hemos terminado con el parque Vidal, pero tomaremos un receso, y nos sentaremos a beber algo fresco bajo la marquesina que tuvo el café del teatro La Caridad. Desde nuestra mesa les presento dos vistas del parque. A mi izquierda, la calle norte del cuadrilátero, con una veintena de automóviles (de estos modelos todavía ruedan por las calles de Santa Clara!) estacionados (el estacionamiento dejó de existir al cerrarse las calles del parque a la circulación) y el consabido parqueador oficial (los parqueadores desaparecieron hace diez lustros y aparecieron los “cuidadores” de los carros de turistas que se parquean en las calles aledañas). Al fondo, dos edificios. A la derecha reconocerá el Gobierno Provincial (Biblioteca Martí) y el de la izquierda es aquel que fue sede de una emisora radial y sala de teatro, hoy compartido entre un Salón de Exposiciones (Salón del DOR) y la sede provincial de la CTC, cuya entrada está por Buenviaje.



Puedo  abrazar con mis ojos la anchura de la calle que va desde Máximo Gómez hasta el comienzo de la calle Cuba. Al no haber carros parqueados disfruto de ese ángulo del parque en cuya esquina mueve pencas una palma real. A primera vista, tres policías (como puede haber en cualquier ciudad ordenada cívicamente!), un viajante de Sarrá vestido de blanco y otra persona. Santa Clara también tiene sus columnas, y soportales tan necesarios en la calidez del trópico. Los inmuebles, en este orden son, la Cámara de Comercio (creo que todavía el Banco Menéndez funcionaba abajo), luego el hotel Central, el Ayuntamiento, el Liceo de Villaclara, el edificio que precedió al Gran Hotel y al final, en parque y Tristá, el Royal Bank of Canada. En la esquina opuesta, el hotel Florida y en los bajos, el Café-Teatro Villaclara. A unas cuadras del parque, al este, al sur, se trabaja en obras de talla. El polvo que se levanta en torbellinos, más al oeste, es la carretera Central que se construye… ©cAc-2009

dimanche 26 juillet 2009

La plaza parque...(el monumento de la farola)

Apenas trece meses más tarde, el 20 de mayo de 1930, el parque se dotaría de otro sitio conmemorativo, en recordación a la trágica noche del 23 de marzo de 1896, cuando durante la toma de la ciudad por las tropas mambisas, cayeran mortalmente heridos el coronel Leoncio Vidal y su ayudante, el cabo Ramón Brito.
El monumento en cuestión se compone de dos elementos, -el pedestal y la farola, y podemos hablar de un tercer elemento, si consideramos como parte del mismo, la estela conmemorativa que existía desde 1904 (La plaza parque…(la estela de 1904).

La base o pedestal, que se levanta detrás de la estela, tiene tres niveles, siendo el superior en mármol blanco, y en su cara principal está tallada la recordación al hecho histórico (Recordando una gesta y a un mambí ) Sobre la base se yergue, tal columna trajana, una farola, de las que existían en el parque en 1896. La dicha farola, está atravesada por una bala, y en su concepción como parte del monumento, le fue remplazado el gorro por una llama de cristal rojo, que diera la idea de llama eterna. No recuerdo cuando fue la última vez que vi encendida la farola con la llama, pero no fue hace tanto. En la foto más reciente que les presento, la farola es huérfana de su llama eterna, y en su lugar, fue colocado un globo de cristal ordinario, para el cual los “restauradores” del monumento no tuvieron en cuenta el simbolismo de aquella llama ficticia. Qué le sucedió a la llama roja de la farola? ©cAc-2009

samedi 25 juillet 2009

La plaza parque...(busto a Leoncio Vidal y Caro)



Coincidiendo con el treinta y tres aniversario de la caída mortal del patriota Leoncio Vidal durante el sitio y toma de la ciudad en 1896, la municipalidad develó un busto mandado a esculpir en Italia. En el acto, el 23 de marzo de 1929, además de las autoridades de Gobernación y del Ayuntamiento, estuvo presente la viuda del coronel mambí. La pieza escultórica, trabajada en mármol de Carrara, debe haber sido obra del mismo maestro que esculpió la del presbítero Chao, si observamos que ambos elementos tienen dos años de diferencia, y los dos pedestales tienen la misma línea. Este busto fue colocado en el lugar aproximado en que cayera el mambí aquella noche del asalto, delante del Café La Diana, que estaba adosado a los muros de la parroquial, y cuyas puertas daban al parque, fue desplazado del lugar treinta años después, durante la remodelación practicada en 1959. Para que puedan ubicar el busto, en la foto, al fondo a la izquierda, donde están los toldos, es el café El Artesano, en la esquina de Gloria y término de la calle Colón. Si observamos la foto de la época en que el busto de Leoncio Vidal estaba en su sitio original, notaremos que a su izquierda hay un hito sobre el que está escrito “Ruta Serafín Sánchez”. Más adelante, comentaremos al respecto. ©cAc-2009

vendredi 24 juillet 2009

La plaza parque...(un busto casi olvidado)


Para el aniversario 238 de la ciudad de Santa Clara, el 15 de julio de 1927 fue develado un busto para honrar la memoria de Alberto Chao, un sacerdote español enraizado en Cuba desde mediados del XIX. El Padre Chao, como se le conocía al presbítero, ejercía el sacerdocio cuando los cubanos libraban la segunda guerra de independencia contra la dominación española. Y precisamente, su labor humanista de hombre y religioso lo situó en ángel de los desamparados, durante la escalofriante reconcentración de Weyler, cuyos bandos tuvieron consecuencias, que pudiéramos catalogar de genocidio, en la población cubana, sobre todo, aquella que durante el conflicto bélico, residía en los campos. Los “bandos” dictados tenían como objetivo aniquilar a las fuerzas insurrectas cuyas acciones golpeaban duramente al ejército español. La región central de Cuba, sufrió la reconcentración de Weyler y su población se vio mermada de un 35%. Remedios, en tanto que partido jurisdiccional, fue de los más castigados. Fue en ese periodo que la figura del Padre Chao, se vio recorriendo las poblaciones rurales de la provincia, dando aliento, vituallas y alimentos a las familias reconcentradas.
Me pregunto si el efímero y desaparecido Parque Chao, que ocupó un lugar en el parque Vidal cuando comenzaba el siglo XX, justo frente a la calle estrecha que lleva su nombre, fue proyectado para rendir homenaje a la obra del presbítero. El busto del Padre Chao esculpido en Italia, reposa sobre un pedestal clásico, en mármol blanco, y lleva una sencilla inscripción. Cuando escribí “un busto casi olvidado”, lo hice con toda intención, olvidado, porque nunca se le menciona como elemento del parque ( Tampoco se le menciona en las clases de historia como figura local, al explicar lo referente a la reconcentración de Weyler, y cuando se me ocurrió hacerlo, no fue bien visto por mi “jefa de cátedra”, que no soportaba que yo me “desviara” del programa!). ©cAc-2009

jeudi 23 juillet 2009

La plaza parque...(la estela de 1904)

Hemos recorrido un buen trecho desde el marcado de la Plaza de Armas, en 1689 hasta su reordenamiento  concluido en 1925, y se me ha escapado (es posible que haya pasado por alto otras cosas por falta de conocimiento de ellas o por descuido!) una estela conmemorativa que fue colocada el 20 de mayo de 1904 por el Liceo de Villaclara. La estela, -una suerte de lápida- fue el segundo acto de recordación al patriota Leoncio Vidal, cuyo nombre había sido instituido al parque en 1899.


Por el “aquí” escrito sobre el mármol, podemos pensar que la estela fue colocada en el lugar donde cayera el coronel mambí. Pero me referiré a la cuarta línea del relieve que dice “en defensa de la” y continua abajo “independencia de la patria”, y sólo por el hecho de que puede malentenderse por quienes no conozcan nuestra historia. El coronel Leoncio Vidal, no defendía, sino, “luchaba por” la independencia, que en aquel 1896, todavía no se había logrado. ©cAc-2009

mercredi 22 juillet 2009

La plaza parque...(el parque republicano)

Méndez Peñate, que gobernaba la provincia desde 1923, estaba de plácemes aquel día en que quedó terminado el reordenamiento del parque  como “parque republicano”. Por supuesto que llamar así a aquel proyecto modernizador, no significaba cambiar el nombre de la plaza, que bien merecido llevaba. Tampoco voy a cuestionar lo que pensaba el gobernador provincial acerca del por qué aquella reorganización urbana optaron por llamarla así. La independencia databa de 1898. La Constitución vigente era aquella aprobada en 1901. El advenimiento de la República era más reciente, lo que implicaba una relación más próxima a lo novedoso. Lo de “parque republicano” era eso, una alabanza a la República.
Autoridades y pueblo, inauguraron el 15 de julio de 1925, la nueva imagen verde gris del cuadrilátero, tocada de bronces, hierros, mármoles y granitos, maderas y de las opalinas blancas de sus lámparas. Dos elementos van a incorporarse al parque en su reestreno: la pérgola, y una fuente.
La pérgola fue construida en el espacio dejado por la parroquial, parte este, y la otra mitad en la parcela oeste. Este elemento arquitectónico semicircular armonizaba con los canteros situados entre el primer anillo y la alameda circular central. Había sido concebida como corredor con aires intimistas, una vez que las buganvilias sembradas en sus jardineras, crecieran y treparan en su estructura de cuarenta vigas, dando sombra a quienes se sentaran en los bancos instalados. Las vigas reposaban en dos horcones longitudinales que a su vez reposaban en las dieciséis columnas que formaban el abanico.


La fuente, fue instalada en la parte norte del parque, en línea recta con los elementos antes incorporados. En su centro, fue colocada una pieza esculpida representando un niño, (yo siempre le encontré un parecido enorme al Oliver Twist de Charles Dickens), que contempla extasiado su bota derecha levantada a la altura de su pecho, mientras el agua sale por los huecos de la suela. La escultura fue comprada en una tienda de antigüedades neoyorkina, con el propósito de instalársele en la proyectada fuente y fue una idea manifestada por Francisco López Leiva, que había sido coronel del ejército mambí durante la segunda guerra de independencia. Costo de instalación, 731.83 pesos

La fuente, que de niño siempre conocí como “del niño de la bota”,( Esta figurilla representa a los niños tamborileros que acompañaban a los soldados estadounidenses en la Guerra de Secesión.) ahora cada vez que me tropiezo un artículo escrito en estos tiempos, se le menciona como “la Fuente del Niño de la Bota Infortunada”, con mayúsculas y todo, lo de infortunada no me parece que sea por la ahuecada suela de la bota, más bien por los infortunios del niño y de la fuente, en los meses en que el parque republicano se vestía de parque revolucionario, pero todavía queda camino por andar en el tiempo y entre los jardines del que se convirtió en 1925 en uno de los más bellos parques de las ciudades del interior de la república. ©cAc-2009

mardi 21 juillet 2009

La plaza parque...(proyecto de parque republicano)


El estatuto de República adquirido por la Isla, le dio brío a todos los actos ciudadanos. Constitución, bandera cubana izada en las astas de los edificios oficiales, elecciones presidenciales y hombres afanosos en escalar posiciones, intervención militar, enmiendas y contradicciones partidarias, hombres honestos, otros menos honestos, morenos, pardos y blancos, blancos, pardos y morenos, todos cubanos. Todo el engranaje necesario para echar andar el tren republicano sobre viejos raíles. Así pues, apoyados en la (bienaventurada?) república, presidida desde el 20 de mayo de 1925 por un villaclareño, Gerardo Machado y Morales, los miembros del equipo municipal de la ciudad, ya huérfana de Marta, se hicieron una sola voz para aprobar el reordenamiento llamado “parque republicano”. A la derecha del Ayuntamiento, que heredó el reloj que estaba situado en la torre campanario de la parroquial, el Hotel Central, con sus vistosas vidrieras y marquetería. Del otro lado el Banco Menéndez, de una planta, que se convertiría en la Cámara de Comercio, al agregársele un nivel y renovar su fachada cuya balconería era un derroche de molduras y estilos. El café Villaclara, y el teatro del mismo nombre, tronando en los soportales mirando hacia el parque, en la esquina de Cuba. Desaparecida la iglesia, el Instituto se hizo ver mostrando su frontón cuadrado sostenido por dos columnas centrales.

El espacio dejado por la parroquial quedó unido por el recuerdo al parque y los trabajos dieron inicio bajo la gobernación de Roberto Méndez Peñate. La glorieta por derecho propio se convirtió en el eje central del parque y principal elemento arquitectónico del mismo, y a partir de ella, se movieron todas las fichas en aquel espacio convertido además de nervio, en pulmón abierto del cual se desprendían seis arterias principales ( Máximo Gómez, Marta Abreu, Rafael Tristá, Cuba, Colón y Luis Estévez) y cinco venas, capilares en la trama de entradas y salidas a la calle que ahora anilla completamente al parque (Padre Chao, Gloria, Buenviaje, Céspedes y Lorda). Mientras las obras se llevaban a cabo, un monumento fue incorporado en la plaza: el monumento a la hija pródiga de Santa Clara, Marta Abreu de Estévez. La estatua, que fue develada el 24 de febrero de 1924, fue colocada donde antes se levantaba la torre campanario de la parroquial, de manera que daba la espalda al Instituto, y creaba una perspectiva uniforme con la glorieta y con el obelisco.


La estatua fundida en bronce, es obra del escultor francés Auguste Maillard, que la realizó en 1918, a pedido de Rosalía Abreu, hermana de Marta. El monumento fue costeado por el pueblo de Santa Clara y el aporte donado por Rosalía. La patricia villaclareña, sentada sobre una poltrona con reposa brazos, tiene en su manos el libro que escribiera su esposo, Luis Estévez, “Desde Yara hasta Baire”. El pedestal donde reposa la estatua, hecho de granito verde oscuro, está protegido en su base por guardacantos. Otras cuatro piezas en bronce, protegen la base superior del pedestal. En el frente del monumento, trona el escudo de la ciudad y debajo puede leerse:

1845 1909
A LA AUGUSTA MEMORIA DE
MARTA ABREU DE ESTEVEZ

ENCARNACION SUBLIME DE LA
CARIDAD Y DEL PATRIOTISMO
ERIGE ESTE MONUMENTO
EL CARIÑO DE SU PUEBLO
VILLACLARA
1924

Los otros tres lados tienen sendas placas de bronce representando a la insigne villaclareña.


Al monumento se le incorporó en derredor una verja de hierro con una puerta de dos alas más alta que el enrejado, coronada con las iniciales MA. Esta reja no data de la fecha en que fue colocado el monumento, pero no puedo precisar en qué momento fue incorporada.

Por espacio de un año continuaron las obras de remodelación. Colocación de nuevos sardineles, movimiento de tierra, paños pavimentados, otros ya encofrados. Vaivén de albañiles y maestros carpinteros. La pérgola comienza a delinearse en el espacio que se le ha otorgado. Fuera del parque, el hormigueo constructivo no cesa… ©cAc-2009

lundi 20 juillet 2009

La plaza parque…(demolición de la iglesia parroquial)

Todo parece indicar que hubo un momento de quietud en los proyectos de remodelación del parque Vidal. La quietud tenía un motivo de fuerza mayor, y Mayor era la iglesia parroquial, vetusta y mal emplazada para aquellos que la veían como una traba en sus afanes por agrandar y modernizar el parque. Un obelisco, una glorieta y un nombre, era todo lo que poseía la explanada denominada parque en los últimos años de la década del diez, si nos abstraemos del espacio verde violentado por el pavimento.
Alrededor del parque, las viejas casonas coloniales de las primeras familias habían sido remplazadas por inmuebles de carácter oficial, y todavía quedaban muros con la impronta colonial que daban la impresión que la ciudad de cierta manera estaba detenida en el tiempo, y eso le daba un encanto especial.
Al teatro casi majestuoso, al palacio de gobierno provincial rico en mármoles y con una sala de consejos impresionante y al banco (The Royal Bank of Canada) levantado en la mismísima esquina que diera comienzo a la calle Paso Real de los Oficios, al apenas visible Instituto de Segunda Enseñanza, se unió otro inmueble en 1922, palacio también, más modesto en talla y ornamentaciones, que abrigaría el gobierno municipal. Desde el nuevo ayuntamiento, los proyectos de urbanización de la ciudad y de modernización del parque no se hicieron esperar. Tocó su turno a la iglesia parroquial que ocupaba la parcela sureste de la que había sido de Armas y luego Plaza Mayor.

El 22 de agosto de 1923 dio comienzo la demolición de la parroquial. El polvo cubrió el parque y la fachada del Instituto, la tristeza cubrió los rostros de los pilongos que veían desaparecer la más antigua construcción de la ciudad. A golpe de mandarria fueron desmoronándose sus muros y el polvo que no cubrió el pavimento se expandió por la ciudad portando en sus partículas el recuerdo de Conyedo, del maestro Bentham, de los muertos alumbrados entre sus muros, y de las almas, buenas malas o piadosas que desde entonces velan por todo aquello que ocurre en el espacio rectangular que llamamos parque.©cAc-2009

dimanche 19 juillet 2009

La plaza parque...(la Glorieta)


La primera glorieta que tuvo el parque, construida de madera durante el ordenamiento llevado a cabo entre 1848 y 1849, fue desmontada en 1881, para en su lugar colocar la lámpara principal de la plaza, que sería remplazada en 1886 por el obelisco. La actual Glorieta que ocupa el centro del parque fue incorporada en 1911. Su construcción al final de la alameda central que salía del obelisco en dirección al sur y entre los dos canteros, no incidió en el trazado de 1881. La glorieta quedó en línea recta entre el monumento a los padres Conyedo y Hurtado de Mendoza, y la torre-campanario de la iglesia Mayor. Para entonces, el nuevo edificio de Gobernación ya estaba casi terminado.
Como es habitual, la nueva glorieta no escapó a la tradición de quiosco de música, acogiendo la retreta municipal que amenizaba el ambiente pueblerino cada domingo.

Hacia 1915 fueron ejecutadas nuevas reformas a la plaza de Recreo, que si bien no alteraron el emplazamiento de la joven glorieta de apenas cuatro años, su entorno varió notablemente. Los cuatro jardines centrales fueron suprimidos, así como las cuatro fuentes y las farolas. En su lugar, una capa de pavimento se adueñó del espacio antes verde. Al oeste, el palacio de gobierno se levantaba flamante.
A mitad oculto por la iglesia parroquial, sólo un pedazo del Instituto de Segunda Enseñanza, terminado en 1915, era visible.



En los años que siguieron, salvo acomodamientos del mobiliario, donde alternaban los bancos de la época del primer reordenamiento con las sillas metálicas, la consolidación de los antiguos sardineles y por supuesto, el mantenimiento de la jardinería, nada perturbó el nervio central de la ciudad de Santa Clara cuyos niños bautizados antes de agosto de 1923 fueron los últimos a recibir la bendición de hijos pilongos en la mismísima pila de la parroquial.©cAc-2009

samedi 18 juillet 2009

La plaza parque...(comienzos del siglo XX)

La primera gran manifestación pública realizada en el recién estrenado parque Leoncio Vidal fue el 20 de mayo de 1902, cuando el pueblo de Santa Clara se dio cita frente al Ayuntamiento para izar la bandera cubana como reafirmación del nacimiento de la República.
El parque, más arbolado, florecidos sus canteros, alumbrado por una buena cantidad de farolas, ahora eléctricas, porque Marta dotó a la ciudad de una planta de electricidad, rodeado de construcciones marcadas por el estilo colonial y tocado con la esbelta iglesia Parroquial, comenzó a ganar en hermosura y a seccionarse, primero al abrirse en 1900 el espacio denominado Parque Chao y luego el Paseo Monteagudo, en 1904. Sin embargo, tanto el micro-parque como el Paseo no resultaron del gusto de la población, ni propios a la estructura dominadora del gran parque con su trazado de canteros y jardines.

José Berenguer y Sed, que fuera alcalde de la ciudad, propuso al Consejo en sesión que data de 1907, tramitar la compra de la iglesia Parroquial Mayor con el objetivo de demolerla y utilizar el espacio que se ganara para la ampliación del central espacio urbano. La idea del alcalde Berenguer no causó aprobación en el equipo municipal y la proyectada compra y demolición no se llevó a cabo. Al menos, durante los 16 años que corrieron hasta el aciago 1923 en que la ciudad vio perder lo que hoy fuera la joya de su patrimonio urbano.©cAc-2009

vendredi 17 juillet 2009

La plaza parque...(reordenamiento y mobiliario)

El hato de Antonio Díaz convertido en tierra de acogida y lugar de asentamiento de las familias que abandonaron Remedios en el siglo XVII fue progresando y ensanchando sus aires de caserío, villa y pueblo hasta obtener de la corona española su condición de ciudad. El título fue otorgado por la reina Isabel II en 1867.
La “joven” ciudad cuyo trazado partía del cuadrilátero polvoriento marcado a estacas en 1689 se había dotado de modestas plazuelas adosadas a sus edificios religiosos pero sólo tenía ojos para su nervio central, la Plaza de Recreo. El sitio de todos los encuentros fue objeto de un tercer acondicionamiento en 1881, cuando se agregaron cuatro nuevos canteros en las esquinas de la plaza, y novedosa fue la incorporación en cada uno de ellos, de una escultura que representaba una estación del año. La glorieta de madera fue desmontada y su lugar lo ocupó una lámpara central de gas que como las otras treinta farolas eran encendidas cada noche por un celador. Como parte del mobiliario urbano 40 bancos fueron situados bordeando los canteros, 16 mirando al exterior de la plaza y 24 dando la espalda a los edificios del entorno. También fueron remplazados los cuatro guardacantones que impedían el paso de carretas y carretones a la plaza. Se pensó entonces en cadenas desmontables para facilitar el acceso obligado de algún carretón de carga.



Así se mantuvo durante un lustro, hasta que un elemento de peso vino a enseñorear la plaza. En 1886, durante el aniversario 197 de Santa Clara, fue desvelado al público el obelisco erigido a la memoria del Padre Conyedo y de D. Hurtado de Mendoza ( El segundo benefactor de Santa Clara: Hurtado de Mendoza ) El monumento en cuestión fue levantado en el lugar que ocupaba la farola central de la plaza.©cAc-2009


La plaza parque…(La pavimentación y jardinería)


El teniente coronel Don Manuel Héctor, que gobernó a la villa al final de la primera mitad del siglo XIX, se ocupó con celo de la fachada urbana y propulsó las obras de mejoramiento de la Plaza Mayor en agosto de 1848. El reordenamiento que duró nueve meses y veintiséis días, a un costo de 2506 pesos, situó a la plaza, bautizada Plaza de Recreo entre las más hermosas de la isla. Las obras incluyeron la construcción de una glorieta de madera, de tamaño regular, al centro de la plaza, desde donde salían cuatro calles o alamedas que separaban los canteros sembrados de flores y protegidos por enrejados de hierro forjado. En cada extremo de los canteros surgían nuevas alamedas que se extendían por todo el frente.
Y aunque ciertamente era un recreo bien entretenido el pasearse por la plaza las señoras del brazo de sus maridos, los niños jugando en las alamedas o a escondidas entre los jardines y la Parroquial tocando campanas su nave llena de feligreses, el lugar siguió siendo para los poblanos, la Plaza Mayor. Un segundo reordenamiento fue emprendido durante la gobernación de Matías Gallego, en 1856, que le agregó nuevas alamedas de árboles que aumentaron el toque verde a la plaza.




Parada militar en la plaza, en el año 1856. Al fondo, hacia la derecha, el edificio que fue la ermita de la Candelaria, en sus últimos días de existencia. Nótese el ancho espacio entre los inmuebles de la izquierda y el terreno de la plaza, espacio que sería habilitado en una futura remodelación. ©cAc-2009

jeudi 16 juillet 2009

La plaza parque (de Armas, Mayor, de la Constitución, del Recreo, Vidal…)


Las familias remedianas que hicieron las doce leguas desde el Cayo Viejo hasta la hacienda de Antonio Díaz para asentarse a partir del 15 de julio de 1689, una vez que hubo terminado el oficio religioso, bajo el crecido tamarindo situado en la loma de Francisco Alejo, se encaminaron al sitio que en lo adelante sería el punto de partida de la evolución urbana de la villa.
Siguiendo la estructura castellana del urbanismo colonial, la Plaza de Armas quedó marcada y hubo de ser durante algún tiempo un cuadrilátero polvoriento durante la seca y fangoso e intransitable en primavera. En la Plaza de Armas, se desarrollaba toda la vida social, oficial y religiosa de los casi trescientos vecinos de la villa, censados a principios de 1691.




La primera y más importante construcción que se erigió en la Plaza de Armas, según el trazado colonial, fue la Iglesia Mayor o Parroquial en 1692 (La Parroquial Mayor de Santa Clara), lo que trajo consigo que la plaza de marras se rebautizara como Plaza Mayor. La Plaza mantendría su título de Mayor durante 128 años. En 1820, en un alarde de respaldo a la metrópolis colonial, el Cabildo hizo levantar una pirámide para saludar el régimen constitucional que Fernando VII venía de reponer. Este hecho político sucedido en la península hizo que la Plaza Mayor quedara bautizada como Plaza de la Constitución. Restablecido el absolutismo por el rey Fernando VII, que desaprueba la ordenanza de Aranjuez, a los cabilderos de la villa no les quedó más remedio que demoler la pirámide y volver a llamar Mayor a la plaza a partir de 1823. ©cAc-2009

mercredi 15 juillet 2009

Remedio para salvar un Cayo: trasladarlo!

En el siglo XVI fueron fundadas las primeras villas de la isla. La octava villa fundada, San Juan de los Remedios, cuyo emplazamiento original y futuros desplazamientos fue pan de cada día entre curas y autoridades del Cabildo, se convirtió en el embrión de la actual ciudad de Santa Clara.
Hacía más de un siglo que Cuba había sido descubierta, más tarde conquistada y la colonización ya estaba enraizada, cuando los remedianos comenzaron a buscar un sitio para trasladar Asiento Viejo del Cayo hacia una zona más segura, o más fértil, y mejor situada, o todo en su conjunto inspirado en muy personales intereses.
Entre los remedianos dispuestos a asentarse en otros parajes, los había nacidos y bautizados en su iglesia parroquial, porque ya el pueblo había sido testigo de la renovación generacional en el espacio de 174 años, y los había llegados de puntos perdidos o conocidos de la península. Es decir, el Cayo Nuevo, como se le conoció en sus orígenes al asentamiento levantado en la hacienda Ciego de Santa Clara conocida también como de Antonio Díaz, no fue fundado ni por conquistadores ávidos de aventuras, ni por colonizadores desembarcados frescamente de sus navíos, ni por designios reales interesados en un lugar que podría llenarle arcas y sostén a sus coronas. No. La indistintamente llamada Cayo Nuevo de Santa Clara, y otras veces Pueblo Nuevo de Antonio Díaz, fue la idea preconcebida por hombres dominadores que habían sembrado la zozobra y la intranquilidad entre sus parroquianos.
La total desaparición de San Juan de los Remedios, o su abandono a medias, la fundación de un nuevo pueblo, el empuje de uno y la subsistencia del otro, que hizo que la vida continuara en los dos Cayos, -el centenario Asiento Viejo, y el Cayo-Nuevo- fue obra de la sed de avaricias y protagonismos del hombre, en busca de nuevos horizontes. Eso es, Santa Clara es el resultado de los nuevos horizontes que se perfilaban en los genes colonizadores y evangelizadores de los curas Cristóbal Bejerano y José González de la Cruz, y del capitán Manuel Rodríguez y sus correligionarios.
Felizmente, la raíz madre de Santa Clara, encanecida y bastante descuidada hoy, no murió en aquel arranque frenético de sus pobladores. A la villa de San Juan de los Remedios, le debemos hoy que haya nacido Santa Clara en aquellos parajes de Sabana Larga. ©cAc
Les propongo un viaje en imágenes por las calles de Remedios.