dimanche 21 décembre 2008

La Virgen del Camino de Sta Clara


Fue durante la estación de lluvias o acababa de pasar una tormenta tropical. No lo recuerdo bien. Todos los arroyos y cañadas crecieron y vertieron sus aguas en los escuálidos y sucios Bélico y Cubanicay. Un arroyuelo que alimenta al Cubanicay y apenas visible la mayor parte del año, se salió de su cauce y fue lavando piedras y sacando a flote y arrastrando todo lo que a su paso se interponía. Pero la corriente no le permitió arrastrar una mole blanca de velos y curvas. La crecida obligó a muchos a desviarse de su trayecto cotidiano. El cielo comenzaba a despejarse después de un temporal sostenido. La lluvia cesó de golpe, como es habitual, y la vida continuó su ritmo de antes. El paso sobre la cañada, que utilizaban los que iban a correr a la pista del Campo Sport, había desaparecido. Pero eso no fue obstáculo para los muchachos que saltando de piedra en piedra, no recularon ante el « desastre » y abrieron otro paso. Uno de ellos gritó que había descubierto una piedra de mármol y otro aseguró que habían otras piedras blancas. Hasta que uno comprendió que no eran piedras ni cantos sino trozos de una estatua. Corrían los años 80. Los muchachos hicieron saber lo que habían descubierto y el rumor se expandió por toda Santa Clara. La crecida habia desenterrado la estatua de la Virgen del Camino, « depositada » allí luego de haber sido quitada de su sitio original, en los meses que siguieron a la toma del poder por la caravana revolucionaria. No tengo idea del papeleo eclesiástico ni de la burocracia administrativa que hubo de llevar a cabo la estatua troceada para enmendarse y ocupar el sitio quer ocupa en la Catedral de Santa Clara. En todo caso, no logró volver a la pequeña rotonda desde donde daba la bienvenida a todos los que entraban a Santa Clara viniendo por la carretera Central desde el occidente de la Isla. ©cAc

samedi 20 décembre 2008

El puente de la Cruz / puente del Minero


Llamóse puente del Minero el que daba paso al camino de Remedios. La entrada a Gloriosa fue nombrada calle de la Soledad. El paso sobre el Monte iba evolucionando sin llegar a ser un verdadero puente. El paraje aledaño, puro monte, que la humedad del río convertía en lujuriosa vegetación. Y en el paraje, los vecinos que se instalaban, descubrieron una rústica cruz de madera enterrada en la tierra. Alrededor de la cruz, la imaginación popular tejió una leyenda matizada de amor, celos familiares y crimen pasional. Se esfumaba el siglo dieciocho. La religiosidad de la villa alimentaba la leyenda y la cruz fue colocada a la izquierda del río en la dirección de su corriente. El puente del Minero siguió llamándose como tal y los años comenzaron a pasar vertiginosamente. El puente que daba acceso a la villa, y que era la salida para Remedios comenzó a necesitar trabajos y mejoras. No fue hasta 1861 que se planteó la construcción de un puente mucho más sólido. Y también fue el momento para darle importancia a la cruz de madera, origen de una leyenda que ya estaba escrita en los anales de Gloriosa. Junto con el puente fue autorizada la colocación de una cruz, costeada por un comerciante de origen catalán, nombrado Martin Camps. Un año más tarde fue inaugurado el puente que las autoridades coloniales bautizaron como “Isabel II”. La cruz fue colocada a la derecha antes de cruzar el puente, en dirección al Cayo. En efecto, con la fundación de Caibarién en 1841, el camino de Remedios fue cayendo en desuso y suplantado por el camino del Cayo, en referencia a Cayo Barién. La calle de la Soledad, que comenzaba en el puente, fue nombrada entonces calle de Santa Elena.
El monumento de la cruz, fue más resistente a las crecidas que el puente “Isabel II” al que todos llamaban puente de la Cruz. Temporales y crecidas fueron obrando la fundación del puente y una de ellas, en la década de 1890, lo deterioró con fuerza.

El ayuntamiento de la ciudad acometió trabajos y planteó un presupuesto para la construcción de un nuevo puente sobre el Monte, rebautizado Cubanicay. Y la mitad del costo del mismo fue donada por Marta Abreu. Casi olvidada la reina, la Cruz no cedió paso a otro nombre, y cuando el nuevo puente fue inaugurado en 1895, no hubo espacio para otro apelativo que aquel por el que lo conocía la población. Fue en esta ocasión que desapareció Santa Elena y la calle fue nombrada Maura. Del mismo lado del monumento, y entrando a la ciudad, nace hacia la izquierda una calle que también fue bautizada “de la Cruz”. En 1864 fue fundado el pueblo de Camajuaní. El camino del Cayo fue ganando en pavimento y al convertirse en una vía mucho más segura lo llamaron carretera de Camajuaní.

La Cruz fue dañada en 1921 y un año más tarde fue repuesta. La nueva cruz fue costeada por el doctor Pedro Camps y Camps, hijo de Martín Camps, que hubiera hecho traer de Barcelona la primera cruz instalada. La solidez del puente vio pasar no pocas crecidas y durante setenta y cuatro años, la cruz no tembló en su pedestal.

Tarjeta del Puente de la Cruz de principios de 1930. Nótese que la balaustrada sobre tierra firme continuaba hasta la primera vivienda de la acera izquierda de la calle de la Cruz. La torre pertenece al aserrío de madera construido en la margen del Cubanicay
El puente inaugurado en 1895 fue construido como una sólida obra de ingeniería. El paso superior, de poca altura, descansa sobre dos pedestales de ladrillos que forman tres arcadas, una situada en el centro del río y las dos otras abrazan las márgenes. A uno y otro lado del puente, una baranda de balaustres y sobre la baranda, a intervalos, columnas estriadas cuyo pedestal fue concebido para la colocar lámparas conectadas al alumbrado público.
Del lado urbano, las casas de la calle Independencia llegan casi a la orilla del Cubanicay, pero el espacio verde entre el río y los vecinos de la calle de la Cruz es mucho más importante y pudiera reordenarse para aprovecharlo como un espacio público más atractivo, antes que el vecindario siga extendiéndose con el objetivo de ganar terreno. Las instalaciones del aserradero ya no existen.
En la primera mitad del siglo XX, al final del puente buscando la salida de la ciudad, fue contruido un inmueble de tres niveles y detrás, lindando con la margen derecha del Cubanicay, fue construida una colchonería, que sigue funcionando actualmente, pero de manera muy primitiva y sólo como reparadora de colchones. El edificio fue construido para comercio en su planta baja (creo que existe una carnicería en uno de sus locales) y como viviendas, en los dos pisos superiores.

La cólera y los vientos que provocó el huracán Lily a su paso por Santa Clara en 1996, deterioraron la cruz. Una vez restaurada, la cruz fue reinstalada en 1997.©cAc
    
Dos fotos tomadas en 2005. Apenas se ve la diferencia, sin embargo en el lapso de nueve meses, las farolas situadas sobre las columnas usadas como soporte, fueron remplazadas.

Vista del puente desde el edificio. La flecha indica el sentido obligatorio de la calle Independencia. Del otro lado, un espacio verde a manera de “parque” separado por un muro de celocías de las viviendas colindantes. Al fondo, la torre campanario de la iglesia del Buenviaje.

vendredi 19 décembre 2008

El puente del Minero



Hay que remontarse al siglo XVII, cuando fue fundada Gloriosa Santa Clara. Los vecinos que abandonaron la ya centenaria villa de San Juan de los Remedios, buscando seguridad y mejores tierras que las que circundan el pueblo, hicieron el camino al oeste y sin necesidad de conquistar mucho decidieron poner fin a la epopeya cuando fatigados descubrieron un paraje fértil.
Ahora bien, y por qué sitio de la ciudad de Santa Clara entraron los remedianos exhaustos? Todo parece indicar que el camino que fueron abriendo es casi el mismo que une Remedios con la Santa Clara actual. Indudablemente, poco antes de instalarse en el claro de Los Orejanos, encontraron un río (en el camino ya habían cruzado otros), el cual bordearon siguiendo la corriente, y apresurados por levantar campamento, lo atravesaron como pudieron, y al andar un poco más, se tropezaron de nuevo con el río, que no era el mismo, sino otro, que luego descubrieron era de caudal más importante.
Sin embargo, lo que nos interesa es el puente del Minero. Y es justamente el sitio a donde llegaron los remedianos antes de fundar Santa Clara. Era la parte donde el río haciendo una curva, atravesaba una sabana, más fácil de cruzar que por el monte donde lo habían hecho. La decisión de fundar un asiento ya estaba tomada, pero eso no impedía que volvieran y que mantuvieran el contacto con los que habían quedado en la villa. Los primeros en volver a Remedios, hicieron el mismo camino de vuelta, tomando como punto de partida, allí, donde el río atravesaba un claro.
A medida que aumentaron las idas y venidas entre Gloriosa Santa Clara y Remedios, el paso del río por el claro fue en aumento y el lugar se convirtió en puente. Los recién llegados y los que se fueron uniendo a los fundadores, comenzaron a llamar Monte al río que se les interpuso antes de fundar Gloriosa.
El paso del Monte se convirtió poco a poco en el puente del Minero (el hecho de llamársele así tiene también su historia), y el camino que en él comenzaba, el camino de Remedios. ©cAc

mercredi 10 décembre 2008

Escuela "La Trinidad", otra obra de Marta Abreu


La esclavitud se mantuvo en Cuba hasta casi al final del siglo XIX, y por la época en que Marta Abreu se empeñaba en hacer llegar la instrucción a la infancia humilde de su ciudad, las diferencias raciales estaban bien enraizadas. Marta no podía ella sola cambiar un sistema de desigualdad racial, y por los apuntes y conocimientos que tenemos de su vida personal, sabemos que para ella, la raza no existía, y consagraba sus obras a los pobres todos sin distinción de color. Pero la sociedad estaba profundamente dividida. Los colegios abiertos por el legado de sus padres, San Pedro Nolasco y Santa Rosalía, admitían solamente a los niños pobres de piel blanca. Para sobrepasar este fenómeno social, Marta abrió un colegio en un inmueble de su propiedad en la calle San Agustín, en la cuadra marcada entre la calle de Santa Clara y la de San Cristóbal. El colegio, nombrado “La Trinidad”, acogía a los niños de piel negra. La mantención de esta escuela, se hacía con los ingresos personales de Marta, obtenidos del alquiler que rendían dos casas de su propiedad, situadas no lejos, en la calle de Sancti Spíritus. ©cAc

dimanche 7 décembre 2008

S G M

Las tres letras del título son casi desconocidas para los santaclareños más jóvenes. SGM, inscritas en relieve en la chapa que une el cuadrante de los tragaluces de las ventanas del inmueble que se levanta en la esquina de San Cristóbal y Juan Bruno Zayas, en la ciudad del Bélico, son las siglas de la Sociedad Gran Maceo. La sociedad acogía en su recinto a los hombres y mujeres de color, más preciso aún, a los mulatos de la sociedad santaclareña. Y se llamaba así, Gran Maceo, porque mulato era el más intrépido de nuestros caudillos independentistas.

La sociedad cerró sus puertas después de 1959 y el edificio pertenece actualmente a la dirección de deportes de Villaclara.

jeudi 4 décembre 2008

Barbara, Santa, calle y callejon

Desde que amanece diciembre cuatro, el rojo se distingue como color de la jornada. Un color ausente de distinción partidista, simplemente una elección hecha por devoción a Santa Bárbara, Changó o Shangó en el panteón yoruba de la Isla. En efecto, el rojo es el color de éste orisha mayor que es Dios del fuego, del rayo y de los truenos, y se le reconoce como Dios de la guerra y de los tambores, y por ello, patrón de los guerreros y también de las tempestades. Es un santo alegre, al que le gusta el baile, la música, y aunque representa buena cantidad de virtudes e imperfecciones humanas, se le atribuye virilidad y hermosura. Shangó disfruta al mentir, se jacta de ser quien es, ama la pelea y adora el juego. Tiene diversos atributos, el hacha de doble filo, el caballo, los cuernos del toro, el tambor batá, pero se le conoce sobretodo por la espada y la copa. En los sacrificios se le ofrecen gallos colorados y claros, pavos, carneros, toros y tortugas. Shangó es venerado en África, en Brasil y por una buena cantidad de cubanos.

Les muestro un altar y una pintura mural de Santa Bárbara, pertenecientes a la difunta Zoila Rosa Oliva, una de las más respetadas sacerdotisas que tuvo Santa Clara y cuya casa y capilla personal se mantienen en el barrio Condado de la ciudad del Bélico.

Shangó. Ilustración de Lawrence Zúñiga.


Benitero o pila para agua bendita en madera, trabajada en oro viejo con una imagen de Santa Bárbara (19cms de alto x 8 de ancho). Colección de beniteros del autor.


La calle de Santa Bárbara, que es callejón para los santaclareños, nace en la de Villuendas (antigua San José) y desciende suavemente al oeste hasta morir en la margen derecha del Bélico.

La esquina de Juan Bruno Zayas y Santa Bárbara, hace parte del pequeñísimo “barrio chino” de Santa Clara. Vean ustedes las cuatro esquinas en las siguientes dos fotos. A la izquierda, la casa de la familia De la Torre, cuya construcción data de la colonia. A pesar de sucesivas remodelaciones interiores, los muros exteriores no han sufrido transformaciones, aunque es evidente el deterioro de las ventanas y puertas-ventanas. Cruzando la calle, también a la izquierda, nos encontramos un vetusto inmueble colonial, que bien valdría una profunda transformación antes que desapareciera. El edificio, convertido en cuartería, está ocupado por diferentes familias cuyos intereses individuales priman ante el interés de recuperar un pedazo del patrimonio urbano. Frente al edificio colonial, un inmueble Art déco, que por ser más reciente y por su solidez constructiva, el tiempo y los caníbales del patrimonio no han podido ensañarse totalmente con él. Cierto, la humedad, la falta de mantenimiento, y la utilización de pinturas de mala calidad no han ayudado a sus muros. No obstante, las transformaciones son evidentes. Enrejados de cabillas en las ventanas de la planta alta, así como la transformación de las puertas de la planta baja, agreden su arquitectura. Un edificio superpoblado. La necesidad de solucionar problemas de espacio es una de las causas que provocan esas tristes transformaciones, cuando las familias que lo habitan, construyen entrepisos y barbacoas que no pasan inadvertidas para los que transitan por el lugar.
La otra esquina, fue un inmueble colonial que el tiempo y el abandono se encargaron de convertirlo en un célebre vertedero de los vecinos y de los pasantes. Triste final para lo que fue un típico edificio que pudiera testimoniar del pasado arquitectural de la ciudad.
De estas cuatro esquinas, y de su entorno, volveremos a comentar. Ahora, a ustedes de hacer el vuestro.  ©cAc

lundi 1 décembre 2008

El tercer edificio religioso de Gloriosa Santa Clara

Estando el obispo Gerónimo Valdés de visita en Gloriosa Santa Clara, a mitad de junio de 1707, concedió la licencia que permitiría la construcción de la ermita del Buenviaje. La ermita que promovieron Antonio Salgado, Domingo Quila, Francisco Moya, Manuel Antunes y Francisco Hurtado, fue el tercer edificio religioso levantado en Gloriosa, y bendecido en su apertura cuando comenzaba 1719. El edificio original se construyó con pesados horcones cortados en las inmediaciones del villorrío, cubiertos de tablas de palma y como techo, pencas de guano. Así se mantuvo durante cuarenta y tres años, al cabo de los cuales fue reconstruido con mampostería y tejas. La reconstrucción que duró desde 1762 hasta 1765 contó con el vigor del Padre Conyedo que veló hasta que fue colocado el techo del templo.
Pasó más de una centuria, y durante ese tiempo, la ermita fue arruinándose casi hasta desaparecer. Templo y camposanto se mezclaron y ante la aparición de restos humanos antiguamente enterrados, religiosos y pueblo se preguntaron qué hacer sin mucha respuesta de las autoridades. La ermita pasó a cargo de los Pasionistas y con el entusiasmo y aporte de Marta Abreu, se abrió una puerta a la no destrucción del edificio. La ermita fue reconstruida y se edificó además, en el terreno anexo, el Convento de la Comunidad, obra que beneficiaba al barrio con un colegio y que mantenía un lugar de culto.
La ermita volvió a sufrir transformaciones para su mejoramiento y se convirtió en Nuestra Señora del Buenviaje.
La iglesia, que ocupa la esquina de la calle del Buenviaje y de la calle Unión, tiene su entrada por ésta última. Colindante a la iglesia, el Arzobispado de Santa Clara. ©cAc

Dispensario "El Amparo"

Tiempo hacía que en el pensamiento de Marta Abreu rondaba la idea de crear un dispensario. Una noche decembrina de 1894, se encontraba reunido el “Cuerpo Médico” de la ciudad de Santa Clara y entre otros temas, surgió el de la necesidad de crear un dispensario donde pudiera tratarse a los enfermos sin recursos. Los doctores Rafael Tristá y Eugenio cuesta, personalidades familiares a Marta, se contaban entre los presentes, y lo hicieron saber a la benefactora. Marta, deseosa de llevar adelante el proyecto, no vaciló ante la oportunidad y aprovechando una visita de Tristá a La Habana, le hizo saber que ella se encargaría de costear cuanto fuera necesario. El dispensario vio la luz y el cuerpo médico acordó honorablemente darle el nombre de la patricia, que enterada se negó a dicho honor, y propuso el nombre con el cual fue bautizado, “El Amparo”. El dispensario, dotado de equipamiento quirúrgico y la infraestructura necesaria, abrió sus puertas en la calle San José actual Villuendas. Una tarja fue desvelada en su inauguración, y decía:
“El Amparo, Dispensario para niños pobres instalado por la Sra. Doña Marta Abreu de Estévez: fundado y dirigido por el Cuerpo-Médico-Farmacéutico de esta Ciudad y sostenido por el I. Ayuntamiento y la Caridad pública. 1895”.
Si la fuerza ejecutora de Marta Abreu era como un torbellino que protegía a los pobres de su ciudad, no puede olvidarse a una figura que fue aliento y sostén en cada obra de Marta: el doctor Rafael Tristá, virtuoso santaclareño que fue el alma del quehacer cotidiano del dispensario. Tanto Marta como él tenían como divisa para su obra “todo por el desvalido”.

El dispensario se pierde en el recuerdo de las personas más ancianas que he contactado y que hubieran podido contarme historias desconocidas para mi. Desgraciadamente la memoria colectiva a veces flaquea y se pierde en los meandros del olvido. Me gustaría saber si todavía existe el mármol que recuerda al Dr.Tristá y su retrato, y que estaban colocados en el zócalo del edificio. El dispensario desapareció, mucho antes de lo que ustedes puedan pensar, en su lugar, se levanta hoy un edificio que alberga a la empresa telefónica, conocida como ETECSA (Empresa Telefónica de Cuba S. A.).©cAc