vendredi 28 octobre 2011

Esquinas de SC (Colón & Síndico)

 



Homenaje a un pasado trigal? Es lo que pudiera sugerirnos el mosaico incrustado en uno de los dos muros de ángulo del espacio público situado en la esquina de las calles Colón y Síndico. Un canto pictórico al trigo, que fuera un renglón agrícola importante en los campos villaclareños, un canto al pan, que se elaboraba en las innumerables tahonas de la villa. Es lo que me sugiere personalmente el conjunto pictórico del mosaico elaborado en el 2000 por Artill, el artista encargado de la obra. La esquina no me trae ningún recuerdo. Nunca me he sentado en sus bancos. Y está situada además en una de las vías principales de la ciudad, porque la calle Colón, desde el sur, allá donde comienza la avenida Marta, o viniendo del este o del oeste por la carretera Central, es uno de los principales accesos al Parque Vidal. El parquecito en cuestión, como llamamos los pilongos a esos espacios públicos nacidos del deterioro y de calamidades, puede ser una pausa en el ajetreo cotidiano de los pasantes. Da sombra una majagua, dan luz dos o tres lámparas y dan reposo los bancos verdes hechos de aleaciones y cuyos brazos se fracturan con un golpe. La majagua como sólido árbol, sobrevive a los periodos de seca y se nutre de las lluvias tiernas o violentas que caen sobre los adoquines de la ciudad. Sin embargo, no puedo retenerme y preguntarme (a manera de crítica, obviamente!) por qué a esos minúsculos oasis de esquina les cuesta tanto trabajo revestirse de verde, de flores, de colorido? No bastan los colores del mosaico, digo yo. Los canteros con tierra reseca, las arecas escuálidas, el polvo y el cisquillo volátil del estiércol de caballo omnipresentes… ©cAc

mercredi 26 octobre 2011

Baldosas & Mosaicos

Cuántas veces hemos escuchado que “el piso de mi casa es de baldosas” o que “los mosaicos del zaguán han ido perdiendo el color”. Indistintamente vivimos y caminamos sobre pisos tapizados. En Cuba, el común de los comunes conoce de baldosas y conoce de mosaicos. La producción de mosaicos decorativos revolucionó a mediados del siglo XIX cuando la industria desarrolló la técnica productiva de los mosaicos usando moldes para los diseños y prensas para solidificarlos. Las prensas manuales dieron paso a las prensas hidráulicas, y la fabricación de baldosas, mosaicos y losetas se desarrolló rápidamente. Para entonces, Cuba decoraba los pisos de sus casas con baldosas y losetas hidráulicas importadas de España mayoritariamente, pero también de Francia, Italia e incluso de Turquía. Cuando México se dotó de la novedosa técnica, muchos de los mosaicos comenzaron a importarse del país azteca. Pero no había finalizado el siglo XIX cuando Cuba introdujo la técnica. En 1886 comenzó la experimentación para fabricar las baldosas o losetas hidráulicas y ya durante la primera década del siglo XX, la industria manufacturera del mosaico estaba afianzada en La Habana. La capital contaba con cuatro grandes fábricas y una docena de pequeñas y medianas industrias. En el interior del país, pequeños propietarios elaboraban mosaicos y baldosas para colmar la demanda en las ciudades más importantes. Las familias solventes de Santa Clara no escaparon al arte de tapizar sus pisos, y desde que decidían importantes renovaciones de sus casas, el pedido de mosaicos no tardaba. Las casas que sufrieron transformaciones en el XIX, renovaron sus pisos, pisos que ya tienen más de cien años y que son aún hermosos. Estos mosaicos pueden apreciarse en muchas casas de las calles viejas del centro de la ciudad de Marta. Aunque también podemos encontrarlos en casas aisladas en barrios aledaños al centro, y también en la periferia de la ciudad. En lo adelante, y mientras me alcancen las baldosas y los mosaicos, iré tapizando los pisos de este blog con aquellas que han resistido mi paso, que me han visto vivir durante años, o que he descubierto en la ciudad del Bélico y en otros pueblos villaclareños…[los mosaicos y baldosas aparecerán en la página www.casanovacarlos.blogspot.com ] ©cAc
Imagen de la izquierda, detalles del piso de una sala en una casa de la calle Alemán, SC.

jeudi 2 juin 2011

Otro parque desconocido... (Sta Clara)

…desconocido para mucha gente, pero no tanto para los residentes en sus alrededores. Digo parque, y se me antoja, más bien un paseo de talla modesta y no un parque, si consideramos que tiene una planta longitudinal y no el tradicional cuadrilátero. Había yo reparado en él desde la década del 70’. Siempre me llamaba la atención su ubicación en la curva de la carretera y a lo largo de esta. Nunca se me ocurrió preguntar por los orígenes del parque. Un espacio abandonado que revelaba trazas de un pasado, quizás las lámparas, o los bancos que quedaban…, incluso las casonas campestres de la primera mitad del siglo XX, diseminadas por los alrededores.



 


Hace par de años, estando de visita cerca de allí, me di un salto y descubrí el sitio completamente reordenado. Los ejecutores del rescate mantuvieron su estructura tipo paseo central y los árboles a uno y otro lado del mismo, que dan una sensación de túnel umbroso. El mobiliario, renovado. Una docena de bancos con diseño moderno, hechos en granito y las luminarias, mucho más presentables que las que comúnmente incorporan en los “parquecitos” esquinados de la ciudad del Bélico. En mi opinión, faltó un poco de acabado en el trabajo de pavimentación de la explanada. Pero me alegró mucho ver ese viejo espacio público renovado. Se preguntarán, bueno, y de qué “parque” se trata? Les diré que el sitio está ubicado en el sector peri-urbano de Santa Clara, en la carretera de Camajuaní, a la altura del kilómetro 4, aproximadamente, en lo que fue un germen de urbanización temprana fuera de la trama tradicional. El Reparto Moro, un kilómetro antes, se gestó en los años 40. Le sigue, en dirección a la universidad, El Gigante, a escasos 300 metros, un caserío devenido barrio rural, que comienza a ensanchar su trama a inicios del 80’. En esa época, frente al parque, del otro lado de la carretera, una empresa de la construcción (la ECOA 5 o algo por el estilo?) comenzó a levantar su sede administrativa, y que nunca terminara. Los años pasaron, creo que la empresa no existe en la actualidad, y el conjunto de edificios fue rediseñado como edificio de apartamentos. Se construyeron módulos de viviendas y todo parece indicar que el reordenamiento del parque cobró vida con la reurbanización de la zona. A mi parecer, una reurbanización incompleta, pues no existen todas las infraestructuras necesarias.

Pero volvamos al parque. No sé cómo se llama en la actualidad, y la vieja foto que me motivó escribir estas líneas, solo menciona “parque construido frente a la Granja-Escuela Juan Bautista Jiménez, Santa Clara”. Estoy convencido que se trata del mismo parque que les presento renovado. Observen las luminarias, muy parecidas a las usadas durante el reordenamiento urbano de Santa Clara en la década del 1920. Es posible que esté soñando, pero creo que a principios del 70’ quedaban los pedestales de alguna que otra lámpara. Cerca del parque, la casona del doctor Rosell (Interior de casa (II)), contiguo a la casa, un restaurant campestre familiar, el Picking-chicken (ahora Los Cocos) y frente al restaurant, la escuela de natación “Héctor Ruíz”, antiguo pensionado para niños, de los 50’. A ambos lados de la carretera, la parada de la ruta 3 (Terminal-Universidad), que se acompañaría más tarde de otras rutas: la 15, que entraba a la Textilera, como la 7 que fue prolongada hasta allí, y la 28 (Parque-Camilitos). Ya se ubican dónde está el parque? Lo reconocen o nunca habían reparado en su existencia? Ya me dirán… ©cAc


mardi 31 mai 2011

Esquinas de SC (San Miguel & Central)

  


Fue una esquina evidentemente construida, lo demuestran los viejos muros de las viviendas vecinas. Hasta donde mi memoria llega, llega como una esquina, de parquecito ordinario remplazando un inmueble que se convirtió en ruina. Fue durante años, muro mural con propaganda revolucionaria. En el 2004 todavía podía verse sobre los muros descacarañados, el logo de la organización cederista y aquella consigna que decía “en cada barrio revolución”, bis de una canción de afirmación revolucionaria de los años 70’. Habían dos bancos para sentarse, el césped verdeaba y crecían cuatro arbustos deseosos de crecer, y en el cantero de muro alto que servía de parachoques a los eventuales accidentes que se sucedían en el cruce, crecía el césped y paradójicamente, en lugar de plantas con flores, se erguía una luminaria. Cinco años más tarde, menos césped, seco el del cantero, la luminaria siempre erguida, y dos tristes bancos con factura de “comunales”, reemplazantes de los anteriores, que no tenían respaldar pero eran sólidos, de dos pies y una losa de granito. Los arbolitos, que no se metían con nadie, desaparecieron y en su lugar pusieron losas. Sobre el muro de la consigna, y el muro vecino, dos reproducciones de pinturas. Dos escuálidas palmeras o dos arecas, el toque verde. En noviembre pasado (2010) vi ajetreo de albañiles y pintores encaramados en un andamio. El cantero de muro alto había sido demolido, y trabajaban en el replanteo del suelo. La esquina va a resucitar, me dije. Un mes después, los trabajos habían avanzado, y de la esquina anterior solo quedaban las pinturas murales. Toque criollo, la incorporación de elementos de madera y tejas sobre las ventanas de una casa contigua y sobre la puerta y ventana, frente de otra casa. Tres pérgolas con estructuras de hierro y seis bancos, azules. Como nuevas, las mismas farolas, en verde botella. Buscando armonía con la balaustrada de la carretera sobre el río Bélico, los proyectistas diseñaron panes de baranda alrededor del renovado espacio público. Blancos con remate en naranja, que deviene el color símbolo de los puentes sobre los ríos de la ciudad. Pero ni pizca de césped, ni toque verde. En qué están pensando los proyectistas cuando les dan la tarea de reordenar una esquina a vocación de ocio y descanso vecinal, o de los paseantes? La renovación de San Miguel y Central era de esperarse, entonces, por qué no le dieron espacio a un framboyán, por qué no insertaron jardineras en las que pudieran plantarse plantas trepadoras que cubrirían las pérgolas y dieran sombra sobre los bancos? Mis fotos le ayudarán a darme razón, o ninguna. O quizás comentar si conoce del pasado de esa esquina, que fuera la puerta de la trocha de San Miguel en época de carnavales y que es la principal entrada al barrio Condado. La esquina de San Miguel & Central, vecina frontal del servicentro de la cadena Oro Negro, ambos sitios, insertados en uno de los cruces más peligroso de la carretera al interior de la ciudad y que clama a voces por un semáforo. ©cAc



dimanche 29 mai 2011

Las casas Jabón Candado de Santa Clara




En los barrios de La Habana existen casas que fueron parte del marketing publicitario de diversas firmas comerciales. Recuerdo haber visto en La Lisa, una casa Café Pilón y si mal no recuerdo, he visto una Casa Rina, pero no sé dónde! En casi todas las ciudades cubanas la firma Crusellas construyó las casas conocidas como Villas Jabón Candado, y que entregaba amuebladas a los ganadores del sorteo. Las ganadoras eran siempre amas de casa, y lavanderas que usaban las gruesas pastillas amarillas y que podían estar premiadas con una balita o un gallo de oro, llevando en el interior el cupón con el número ganador.En Santa Clara, Crusellas eligió la carretera Central para construir dos casas a premiar. Una al este, banda Placetas, con frente a la carretera y fondo hacia La Vigía, por calle 2da. La otra casa fue levantada al oeste, en un sitio que fuera la entrada a la ciudad, y que hoy está insertado en la trama urbana, a dos pasos de la Terminal de Ómnibus. Cuál de las dos fue la primera en construirse? No lo sé, pero imagino que la que fue levantada al oeste, y ambas, en la década del 40’.

  


La mejor conservada es la casa de La Vigía, que aún mantiene el candado y la inscripción frontal y lateral VILLA JABÓN CANDADO, inscripción que le fue borrada a la de la carretera Central y calle Jesús Menéndez. A esta última le fue agregada una entrada para garaje y como puede verse, si comparamos las imágenes, originalmente el espacio de jardín era mucho más abierto y menos protegido. Las dos casas, con cubierta de tejas, siguen la misma estructura constructiva y están compuestas de portal, sala, comedor, y cocina a la derecha, y tres dormitorios y un cuarto de baño en el ala izquierda. A lo ancho de la casa, un patio al fondo y jardín frontal y lateral. Les presento algunas fotos de ambas casas, un plano en planta, de su distribución espacial, la ubicación en la ciudad y una publicidad del jabón y del sorteo, de la época. ©cAc

mardi 17 mai 2011

Ave. San Juan de los Remedios N° 1 (Sta Clara)

Un lector anónimo se interesa al inmueble que se levanta en la orilla derecha del río Cubanicay, construido donde nace la carretera de Camajuaní, en su lado izquierdo, y que para aligerar la búsqueda podemos llamarlo “el edificio que está en el Puente de La Cruz”. El comentario del lector me empujó a volver la memoria atrás, y a curiosear yo mismo para colmar su curiosidad. Partamos del punto geográfico para hacer un poco de historia. Antaño, el lugar fue el más rico sitio boscoso del lado este de la actual Santa Clara, atravesado por un arroyo en cuyas márgenes existieron dos o tres bateyes de indios aborígenes. Y fue precisamente por ese tramo del arroyo que las familias remedianas venidas del cayo, entraron en el sitio conocido como Sabana Larga, en el cual se detendrían para dar lugar al asentamiento. Los regresos, las idas y vueltas de los involucrados en aquella empresa fundadora, hicieron de aquel tramo de río y bosque un pasaje obligado que devendría primero camino de Remedios, y más tarde camino del Cayo. Sobre el arroyo, un paso, maderos y troncos, sacados del propio bosque. Paso que fue travesía y después puente, el “puente del minero”, sobre el arroyo no mal llamado “del Monte” ( El puente del Minero). Lluvias y tempestades. Crecidas, y con ellas, el viaje sin vuelta de maderos y travesaños. El arroyo del Monte, que en ese tramo ya era un claro del bosque, se hizo paisaje y pasaje cotidiano de los poblanos, unos se dirigían a sus campos de labores, otros a las minas de cobre, por San Gil, por San Antonio, a Remedios, un poco más lejos, a Caibarién (1841), o más acá, cuando fuera fundado Camajuaní (1864), la localidad que le dio nombre una vez más al camino. El sitio del que hablamos no escapa a la leyenda. Vale recordar que los vecinos del paraje habían descubierto una cruz de madera enterrada en la tierra. Alrededor de la cruz, la imaginación popular tejió una leyenda matizada de amor, celos familiares y crimen pasional. Se esfumaba el siglo dieciocho. La religiosidad de la villa alimentaba la leyenda y la cruz fue colocada a la izquierda del río en la dirección de su corriente. El puente del Minero siguió llamándose como tal y los años comenzaron a pasar vertiginosamente. El puente que daba acceso a la villa, y que era la salida para Remedios comenzó a necesitar trabajos y mejoras. No fue hasta 1861 que se planteó la construcción de un puente mucho más sólido. Y también fue el momento para darle importancia a la cruz de madera, origen de una leyenda que ya estaba escrita en los anales de Gloriosa. Junto con el puente fue autorizada la colocación de una cruz, costeada por un comerciante de origen catalán, nombrado Martin Camps. Un año más tarde fue inaugurado el puente que las autoridades coloniales bautizaron como “Isabel II”. La cruz fue colocada a la derecha antes de cruzar el puente, en dirección al Cayo. El monumento de la cruz, fue más resistente a las crecidas que el puente “Isabel II” al que todos llamaban puente de la Cruz. Temporales y crecidas fueron obrando la fundación del puente y una de ellas, en la década de 1890, lo deterioró con fuerza. El ayuntamiento de la ciudad acometió trabajos y planteó un presupuesto para la construcción de un nuevo puente sobre el arroyo del Monte, rebautizado Cubanicay. Y la mitad del costo del mismo fue donada por Marta Abreu, que ya había costeado el equipamiento técnico del Observatorio Astronómico Municipal, construido a finales de la década del 1880, a escasos seiscientos metros del puente, a la derecha, en la propia carretera. El nuevo puente fue inaugurado en 1895. El sitio no era más que un hito que marcaba el comienzo de un camino hacia el nordeste y una puerta invisible que daba acceso a la recién titulada ciudad de Santa Clara.





La urbanización del eje vial que se inicia en el Puente de La Cruz comenzó a tomar forma en los inicios de la República. En algunos tramos de la carretera, se habían construidos quintas, como residencias permanentes y como quintas de recreo. Aún quedan trazas de estas casonas. La virginidad de esos terrenos no urbanos pero próximos al centro administrativo y comercial de la ciudad, hizo pensar a las autoridades en la posibilidad de extender la trama urbana. Así nació la idea de construir, pasando el puente, a la derecha, el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara. Corría el año 1913, y comenzaba el mandato de Mario García Menocal. Después de haber comenzado las obras del Instituto, la construcción de ese inmueble para la enseñanza se detuvo. La estructura constructiva ya comenzada se repensó entonces como pabellón hospitalario, obra que tampoco vio término, ni en el gobierno de García Menocal, ni en el periodo presidencial de Alfredo Zayas. Por esa época, también a la derecha, se establece en un recodo del río, una compañía maderera y un taller de carpintería perteneciente a los propietarios del almacén “La Campana”, dotado de una chimenea, que emergía entre los árboles y era fácilmente visible. Durante . Bajo el empuje de Méndez Peñate, gobernador provincial, y el apoyo del presidente de la República, Gerardo Machado, que trataba de llevar a bien su programa de bienestar social, educación, sanidad y viales, el proyecto de hospital cobró fuerza y cuerpo, y vio la luz como Hospital de Maternidad e Infancia “Lutgarda Morales”, el 30 de diciembre de 1928. La institución de salud abrió la brecha urbana que aunque tímidamente, transformaría la carretera de Camajuaní, oficialmente llamada avenida de San Juan de los Remedios. En la década delalgunos años, la obra, abandonada, dio paso a la ruina e incluso al asentamiento informal de personas 1930, en el tramo de carretera que va desde el puente hasta frente a los terrenos deportivos del Instituto de Segunda Enseñanza, las casas de madera existentes fueron reconstruidas y otras vieron la luz, adoptando el estilo que adoptaba la imagen urbana de la ciudad. Es precisamente cuando emerge en el paisaje, el inmueble de estilo ecléctico, y que por su altura, ofrece una vista panorámica de la ciudad, los confines de Malezas, de la Loma del Capiro y del área que la envuelve.

La planta baja, que fuera concebida para alojar uno o más locales destinados a comercio, es de puntal alto, tiene en su frente tres anchas puertas con lucetas en arcada y a cada lado sendas ventanas que descienden hasta el piso, con luceta superior rectangular y reja en hierro forjado. Se accede a los niveles superiores por una escalera exterior con descanso intermedio. El primer nivel, de uso doméstico, tiene incorporado un balcón a balaustres, al que puede salirse por cualquiera de las seis puertas-ventanas, dos laterales y cuatro frontales, en armonía con el trazado de las de la planta baja, llevan lucetas superiores, y la carpintería conjuga madera y vidrio, y las típicas persianas de tabletas fijas que van a permitir una ventilación permanente. Las ventanas restantes, de carpintería ordinaria, son de talla mediana y llevan lucetas de vidrio. La segunda planta, de bajo puntal, tiene un balcón frontal en su eje central, a balaustres, con una sola puerta de acceso. Los paños de muro llevan ventanas pequeñas, salvo la pared en cuyo interior está adosada una escalera estrecha que lleva a una pieza techada, situada en el fondo derecho de la última planta, y que es la azotea del edificio. Además de los balcones, relevantes en el inmueble, sostenidos por ménsulas, se destacan elementos y molduras, incluso, la incorporación de arcadas decorativas en las paredes del segundo nivel, revelan rasgos del art-nouveau. Es de destacar el uso de la teja criolla sobre la marquesina que bordea la pared superior de la segunda planta y como en lugar del acostumbrado balaustre en el pretil, el constructor reproduce la decoración incorporada en la parte inferior de los muros de esta planta. El observador curioso descubrirá en el piso frente al edificio cuatro mosaicos decorativos, hechos en granito, y en la fachada, una placa ilegible a fuerza de pinturas y cales que evoca la vieja señalización de las vías villaclareñas. Igualmente descubrirán tres guardavecinos que no lo son como tal, pero que ponen cierta distancia entre las piezas del primer nivel que dan al extendido balcón. En la planta baja, en el extremo izquierdo, el local está ocupado por una carnicería, “La oveja”. Del otro lado, el espacio fue reconvertido en vivienda, observen las ventanas “Miami” protegidas con cabillas. Sobre la cubierta de tejas decorativas, la mala hierba crece a gusto. La ropa tendida en los balcones evoca las miserias del “quart-monde”. Yo he imaginado el edificio como nuevo en la década del treinta. El lector anónimo y muchos otros, no pasarán por alto que el inmueble vive un cierto abandono, que se traduce en falta de mantenimiento, de interés por parte de sus ocupantes y quizás también de parte de las autoridades que deben velar por la conservación de los inmuebles urbanos. Atención, no critico a nadie en particular, que nadie se sienta agredido, y tampoco vayan a comentar en voz baja lo que no hacen en público. A fin de cuentas, la culpa de todo la tiene el totí!. Un edificio singular en el comienzo de una arteria vital en lo cotidiano y en lo urbano de la ciudad de Marta. ©cAc

mercredi 23 mars 2011

La silla de Artes Escénicas (CAE)

   
Resiste el tórrido sol, lloviznas y temporales. Soporta la mirada con sorpresa de todo aquel que le pasa por delante. Es alta y férrea. Sobre un pedestal no menos duro. Esquelética. Algo inclinado hacia atrás su respaldar. Parece estar hecha de güines entretejidos. Tiene el color de la ferralla, con fina soldadura. Es silla o butaca? No es taburete. Tampoco una poltrona. Asiento de espectador? Señal de cambios? De Renovación? No habla, no se mueve, pero escucha el aleteo de la danza, el parpadeo de las artes. Escultura firmada Leonardo Montiel, artista local. En los jardines del Centro de Artes Escénicas[1] de Santa Clara. ©cAc


[1] Centro de las Artes Escénicas. Ant. Hosp de Maternidad e Infancia, luego Hosp Psiquiátrico. Carretera de Camajuaní y Linea del FFCC. Santa Clara, Cuba

mardi 22 mars 2011

Brochazos color naranja o la folie orange

  
De una manera u otra, todos aquellos que han tenido en sus manos las riendas de la política, la economía y la sociedad en la ciudad del Bélico han dejado su traza para bien o para mal. Y cuando digo todos, me remonto al nacimiento de la República en 1902. Aplaudir o criticar, buen ejercicio que me encantaría profundizar en esta bitácora, y eso en función del tema y de la óptica desde la cual se observe el sujeto a discutir. El sujeto de hoy tiene que ver con el color naranja. Es el color del equipo de pelota villaclareño, “los naranjas”, que antes eran “azucareros”, que han sido campeones cuatro veces, aunque perdieran contra “industriales” en la temporada 2009-2010, y quedaran en segundo lugar. Pero repito, el sujeto no es la pelota, ni “los naranjas”, es simplemente el color anaranjado. Quienes han gobernado o dirigido la municipalidad y el gobierno provincial, en todas las épocas, algo han hecho, y de ese algo nos horrorizaremos más tarde. Los hubo impulsores de la demolición de la parroquial Mayor, que consintieran la construcción de un edificio “moderno” en el centro con un patrimonio urbano consolidado, que se encapricharan en hacer desaparecer el edificio del mercado, que cerraran el parque Vidal a la circulación, (se han cometido otros descalabros!), y ahora, la idea (capricho?, empecinamiento?, folie de grandeur?) ha sido de darle pintura naranja a todo lo que aguante pintura y brochazos. Me sorprendió ver Santa Clara maquillada con ese color, y me dio por preguntar, porque lo encontré chocante. Hubo en las respuestas, de todo, desde la reflexión seria hasta la broma y el chiste. Y hasta me dijeron que hubo que ponerle freno a la pintadera, porque la idea tenía como blanco ( y no de blanco, sino de naranja!) hasta la fachada del hotel Santa Clara. Idolatrar un equipo, nuestro equipo villaclareño, adorarlo, aplaudirlo, levantarlo en hombros si queda campeón, todo eso y más, me parece bien si no pasa los límites del fanatismo. Lo de pintar muros, fachadas, pórticos y otros lugares susceptibles de asimilar la preparación química me parece puro fanatismo. Ah, las torres del estadio?, très bien, tienen una cosa en común, incluso alguna que otra pared del recinto beisbolero, pero más allá, es otro descalabro, que por suerte, puede remediarse volviendo a pintar sobre lo pintado. Les dejo una muestra de “la explosión naranja” en la ciudad del Bélico. ©cAc.