mercredi 23 décembre 2009

Los mercados de Sta Clara (libreta y forrajeo)

Pero, no voy a tratar de todas las mercaderías, que ya habrá tiempo para ello, sino solamente del abastecimiento agropecuario: lo que la tierra y el mar, -en un país rico en tierras y mares-, nos proporcionaba. Aquel capricho de dirigente empecinado en demoler el edificio de la plaza, tenía como objetivo la descentralización del mercado en diversas áreas y barrios de la ciudad (descentralizar la miseria?, la escasez?, porque en 1965, la plaza era ya un fantasma de plaza!). Dónde fueron situados esos nuevos mercados al desaparecer la plaza? Hay una palabra que se ancló en la oralidad de los santaclareños en ese periodo: forrajear. Forrajear según el Diccionario de la lengua española ©2005 Espasa-Calpe, significa “segar y recoger el forraje”, y forraje es la “hierba o pasto seco que se da al ganado”. Se iba a tal y mas cual lugar, o tal pueblo, para forrajear lo que se encontrara, ya fueran viandas, frutas, ajos cebollas, café en granos en las lomas de Jibacoa, arroz llegando a Sancti Spíritus y frijoles en la escambraica zona de Barajagua, tomates en el valle de San Diego, y así iba la vida, de forrajeo en forrajeo. Fue de cierta manera, el inicio de la pérdida de valores culinarios, y el desconocimiento de muchos platos en sucesivas generaciones. Con el nacimiento de “la libreta” no hubo necesidad de abrir mercados en los barrios. Ya estaban. Las bodegas, que había en todas las esquinas, asumieron la tarea. Cada familia con su libreta debía ajustarse a la distribución equitativa, semanal, quincenal o mensual, de acuerdo al producto que se tratara, o anual, como la venta de carne de cerdo cuando se aproximaba el día de Santa Ana. El pescado era distribuido en las carnicerías[1]. Fresco unas veces, otras congelado, en proveniencia de los buques-fábricas de la flota cubana de pesca.
  
Tres carnicerías de Santa Clara, elegidas al azar. "El tigre" (izq.) está situada en la esquina de Tristá y Alemán, en lo que fuera un comercio cuya construcción data de la segunda mitad del sXVIII. El comercio fue intervenido en los 60’, y convertido en vivienda y carnicería. La parte utilizada como vivienda por Alemán perdió todo el carácter colonial, al ser bajada la altura del techo, a través de una placa y ventanas pequeñas. También por Alemán, la puerta casi en la esquina fue convertida en ventana y se le agregó una reja de cabilla. De las tres puertas por calle Tristá, solamente la de la carnicería guarda relación con la arquitectura colonial, habiendo desaparecido las otras dos al convertirse esa parte del inmueble en vivienda. Nótese el alero original por la calle Tristá, completamente decaído por el lateral que da a Alemán. "La Toreta" (centro), está situada en una esquina que fuera un gran caserón colonial construido a finales del sXVIII, cuando la villa se extendía hacia el suroeste, y convertida en bodega en el XIX, momento en que renovaron techos y aleros. Por San Miguel, una parte del otrora caserón sirve como vivienda, y por Alemán, parte de las piezas de la casa, fueron convertidas en la administración de un taller automotor al que se entra por San Miguel. En la reconversión de comercios, como es el caso, se observa frecuentemente la clausura de puertas, su conversión en ventanas y la deterioración del patrimonio de trabajos en hierro de la ciudad. La bodega fue destinada a carnicería, y en la actualidad, como el oficio de carnicero casi ha desaparecido, sirve además como “placita” (venta de viandas y frutas por la libreta), lo que convierte al carnicero en placero. La tercera carnicería, "La Paz" (der), ocupa un local comercial construido en los 50’ y expropiado unos diez años más tarde. La denominación “unidad” remplaza la de “carnicería”. ©cAc

[1] La plaza del mercado vendía la mayor parte de la carne y pescados que se consumía en Santa Clara, y era el centro de abastos de los restaurantes y fondas, así como hoteles y casas de huéspedes. No obstante, en la ciudad existía un matadero municipal, y algunas carnicerías. Con la instauración de la “libreta” de consumidores, el Estado creó una red de carnicerías administradas por el Poder Local, en todos los barrios de la ciudad. Esas carnicerías fueron ubicadas en garajes de viviendas confiscadas, locales comerciales destinados a otro uso y que habían sido intervenidos, incluso en modestas cafeterías, y en habitaciones utilizadas para arrendar por sus propietarios y que daban a la calle. No fue lo mismo con las bodegas, que desde tiempos coloniales, existían en todas las esquinas de la ciudad, y llevadas en su mayoría por peninsulares y también por chinos residentes en Cuba desde mediados del sXIX.

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