mercredi 9 mars 2011

El espacio público como zona de estacionamiento


Desde la desaparición de los pilares con cadenas en las esquinas del parque Vidal, el nervio central de la ciudad se vio invadido por los automóviles, que circulaban en armonía con los coches tirados por caballos que se dedicaban a hacer carreras, es decir, viajes a pedido de una o más personas y los carretones que abastecían los comercios y almacenes del centro. Al ser demolida la parroquial Mayor en 1923 y ejecutado el reordenamiento del espacio público totalmente convertido en parque, la atmósfera citadina ganó largamente y los villaclareños asistieron a una renovación urbana que los llevó a convertir el parque Vidal en su lugar de reuniones, paseos, de esparcimiento y en sitio obligado para pasar a uno y otro lado de la ciudad…, y aún más, en zona de estacionamiento, sin parquímetros pero a buen recaudo de los “parqueadores” municipales, uno por cada lado del cuadrilátero.
Los “parqueadores” desaparecieron en 1959, pero los cuatro lados del parque siguieron acogiendo los carros americanos y más tarde acogieron Skodas, Ladas y Moskvich. Hasta que en 1997 fue cerrada la circulación alrededor del parque y por consiguiente el estacionamiento, lo que trajo como consecuencia la muerte súbita de la plaza central santaclareña y la vuelta al sopor provinciano propio de los pueblos malqueridos.
Con el reordenamiento en la década del 1980, de la calle Independencia y su conversión en vía peatonal, -denominada “boulevard”, pero sin nada que ver con la práctica del bulevar en urbanismo-, la circulación del oeste al este y al norte de la ciudad fue cortada. La calle Martí emergió como vía reemplazante de la arteria mutilada, y si bien a través de ella pudo orientarse el tráfico hacia la carretera de Sagua, no logró evacuar el tránsito de vehículos en dirección a la carretera de Camajuaní. Los conductores buscaron alternativas, pasando por el parque Vidal, evidentemente. Pero las alternativas se vieron truncadas cuando el dirigente local de turno, se empecinó en el cierre del legendario parque santaclareño, y su testarudez e incapacidad de debate, tanto con las instituciones como con los ciudadanos, ambos merecedores de hacerse escuchar, no lo hizo entrar en razonamientos justos para encontrar una solución ciudadana y urbana para un espacio público respetable. Durante trece años el primer gran espacio público creado en los días del asentamiento y fundación, estuvo cerrado a la circulación. Los pro-cierre y los contra el cierre del parque a la circulación han deshojado la margarita del querer. Como para no contrariar ni tampoco dar su brazo a torcer, las autoridades han reabierto dos secciones del eje vial que lo circunda, norte-sur (los vehículos viniendo por Máximo Gómez pueden acceder a la calle Cuba), y sur-norte para los que circulando por la calle Colón puedan acceder a la calle Luis Estévez. Y por qué a medias estas reaperturas? En otros post continuaremos tocando el tema, porque, en materia de parque como espacio público, hay mucha tela por donde cortar. ©cAc

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