jeudi 17 février 2011

Esquina en rehabilitación (Luis Estévez & Céspedes)

En noviembre del 2009, quedó publicado en este blog el artículo Tres esquinas de Santa Clara…[http://casanovacarlos2.blogspot.com/2009/11/tres-esquinas-de-santa-clara.html ] en el cual aludíamos a tres esquinas muy vinculadas al parque Vidal, siendo una de ellas la de Céspedes y Luis Estévez. Hoy les propongo remontarnos, no a los orígenes de esa esquina, sino a un pasado reciente ya la renovación que se ejecuta actualmente, o ya terminada,no puedo asegurarlo, pues cuando eché el último vistazo a esa esquina en los albores de este año, estaba en el estado que les muestro más abajo. Parte de la historia está contada en Céspedes y Luis Estévez (BCC),[ http://casanovacarlos2.blogspot.com/2009/11/cespedes-y-luis-estevez-bcc.html ] y me permito volver atrás para corregir y agregar detalles a esta esquina.
La primera casa construida en esa esquina, fue obra de Marcos Gaspar Rodríguez en 1689. La vivienda fue rehabilitada por Marcos Gaspar hijo, tiempo después de fallecer su madre, Juana Márquez. Al término del s.XVIII, la casa ya era de mampostería y tejas, con grandes puertas ventanas, y hasta se le agregaron trabajos de forja, y se le mejoraron los pisos. En ella siguieron viviendo los herederos de una de las familias fundadoras, que no cejan en usar el progreso para darle toques de modernidad a la morada, y de convertirla a mediados de la segunda mitad del siglo XIX en un próspero hotel de viajeros, el Hotel Santa Clara, probablemente, uno de los primeros sitios que tuvo la ciudad para alojar forasteros. Entre los huéspedes que vio desfilar el apacible hotel, no fue un simple forastero de paso por la ciudad de Marta, sino el fecundador e intérprete del tramo ferroviario que enlazaría el centro de la isla con el oriente cubano, Sir William Van Horne, canadiense y noble caballero. Van Horne, durante la construcción del camino férreo, plantó cuartel en el hotel, y desde allí seguía el curso de la obra[1].

El hotel, del cual queda en pie una parte de su fachada lateral y del fondo, se componía de una planta con frente por la calle San Juan Bautista (Luis Estévez), muro lateral izquierdo por Santa Rosa (Céspedes), y el fondo dando a la calle Los Vizcaínos (Plácido). De factura neoclásica, el inmueble lucía por su frontón y sus puertas-ventanas, algunas tocadas de balcones dignos del arte herreriano, otras manteniendo la forja anterior a su habilitación como hotel. Sendos faroles en hierro sobresalían a cada lado de la puerta principal. El pretil, en lugar de balaustres incorporados, fue construido como un conjunto en el que se destacan notablemente las aberturas a manera de celosía del mismo. Un detalle a tener en cuenta, es el nivel del piso de todo el inmueble, que está a la altura de la acera por Luis Estévez y mucho más alto por la fachada posterior, en Plácido, y aquí me asalta la duda, observando ese tramo de fachada y trazas del otrora hotel, y me pregunto si por el fondo, hubo una puerta cochera que abriera hacia un patio no visible desde la calle.
Desde hace unos cincuenta años, la esquina de Luis Estévez y Céspedes pertenece al giro bancario de la isla, en función de sede administrativa, durante mucho tiempo como delegación provincial del Banco Nacional de Cuba (BNC), y más recientemente, como sede de la dirección del Banco de Crédito y Comercio (BCC) del grupo financiero Bandec. No tengo fotos de la esquina, anteriores al 2005, pero recuerdo su fachada enteramente enchapada de losas de granito pulido color rosado, la puerta de cristal y aluminio, que traspasé muchas veces cuando siendo adolescente nos encontrábamos con Roberto Pérez Leal en su oficina, numismático y presidente de la asociación villaclareña del hobby. Ya desde entonces, aquella esquina me parecía “una mosca en la leche”, con su marquesina volada, y aquellas partes de la fachada, medio tapiadas, medio acristaladas, encabilladas, en fin, un inmueble que no me llamaba nada la atención. 
En el 2005, -entonces ya había sido quitado el reloj digital incorporado encima de la entrada principal, noté el enchape con losas de cerámica roja en la franja superior de la fachada, en dos paños de pared imitando columnas a cada lado de la puerta y en todo el reborde de la marquesina. Cinco años más tarde, de nuevo en Santa Clara, pude ver ajetreo de obreros albañiles, despedazando a golpes de martillo la marquesina -ouf, qué buena idea, van a remodelar la esquina, pensé en voz alta, y apreté el obturador, y seguí apretándolo cada vez que me encontraba en el camino, salvo cuando cerraron el paso por Luis Estévez. Ni rastro de la marquesina, justo un pedazo por Céspedes que ya debe haber sido demolido.
  

No sé si el fantasma de Van Horne se desplaza entre los muros del que fuera Hotel Santa Clara, pero yo lo imagino sentado en el patio interior o en alguna galería sombreada por trabajos de marquetería ideales para soportar el bochorno del mediodía isleño, consultando su reloj de bolsillo o escribiendo notas para la historia del ferrocarril cubano. No habrá cochero esperando al matrimonio que pidió una carrera hasta el Paradero, ni toldos en la esquina vecina, ni las campanas de la Mayor tocando a repique. Abro los ojos, descubro que no existe, que le hicieron un mal terrible a esa esquina, y escucho más de cien veces a los choferes y a sus intermediarios apostados en la esquina decir a los pasantes, taxi, amigo, taxi; taxi amigo, taxi…. ©cAc
 
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[1] Los detalles que me permiten redactar este artículo, fueron posibles gracias a Wilder Méndez, un curioso y acérrimo investigador santaclareño residente en Canadá, que tuvo la cortesía de enviarme imágenes del hotel en cuestión y de motivarme en la búsqueda de documentación.

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